Desde hace unos años, la polémica está servida entre detractores y defensores del mal llamado “canon digital”. Unos, los detractores, porque esgrimen que es un impuesto que se aplica sin discriminación a todos los consumidores, independientemente del uso que se le dé al bien gravado con él.

Otros, los defensores, porque consideran que con su aplicación se está compensado, justa y legalmente, a los autores por el beneficio que dejan de percibir por el uso privado de su obra.

¿Qué es el canon digital o derecho de remuneración por copia privada?

El canon digital es la denominación popular que se ha dado al derecho de remuneración por copia privada aplicado a los soportes digitales. Recordemos que la propiedad intelectual es, en la práctica, un monopolio sobre el cual los únicos poderes los tiene el autor.

Él es el único que puede autorizar a un tercero a reproducir y distribuir su obra. Nadie más. Debe quedar claro que el autor no vende la obra al editor, sino que le da permiso para que haga copias y las venda, es decir, le concede una licencia de explotación.

La ley prevé excepciones a esa exclusividad, entre ellas el derecho de copia privada, es decir, el derecho que tiene el consumidor a hacer una copia ("para uso privado del copista" y sin que concurra uso colectivo ni lucrativo) del bien que ha comprado.

Ese derecho, lo dice la ley, debe ser compensado, y lo es mediante la remuneración por copia privada. Y si uno hace fotocopias de un libro, está copiando, lo mismo que si copia de un disco duro a un lápiz de memoria o a un reproductor de MP3 o a un móvil.

El derecho de remuneración por copia privada no es algo que haya aparecido en la última revisión de la ley de Propiedad Intelectual: lleva vigente desde 1987, cuando la vieja ley del siglo XIX se adaptó a los nuevos tiempos.

Tampoco es una figura establecida por el legislador español, sino que se ha incluido porque es lo que manda Europa. Los productores de fotocopiadoras, las empresas de copistería y los consumidores de estos productos, en definitiva, llevan veinte años pagando la remuneración por copia privada.

¿Cómo se paga la remuneración?

La ley establece que la obligación de pago recae sobre los productores o fabricantes de aparatos o soportes susceptibles de utilizarse para la copia privada. Es decir, fabricantes de equipos reprográficos (impresoras, escáneres) o soportes (discos compactos, reproductores de mp3).

La legislación establece que, dado que es imposible determinar previamente cuáles de esos equipos van a ser utililizados para la la copia privada, pagarán una tarifa por cada uno de los aparatos o soportes producidos.

El fabricante, finalmente, carga los costes de la producción en el precio del producto, y por ello es el consumidor final el que lo paga. La remuneración se destina a las entidades de gestión, que a su vez la reparten entre sus asociados.

¿Cuáles son los inconvenientes de este sistema?

El mayor inconveniente es que no distingue entre un aparato o un soporte que va a ser utilizado para copia privada y otro que no. Es decir, el consumidor paga igualmente tanto si usa el CD para grabar sus fotos de las vacaciones como si va copiar su CD con el último éxito del grupo de moda. Ahí radica la mayor queja de los detractores del canon.

No hay que confundir una cosa con otra

Como se ha dicho, la ley de propiedad intelectual reserva al autor el derecho de reproducir y distribuir su obra, con la excepción, entre otras, de la copia privada. El derecho de remuneración por copia privada busca compensar al autor por el beneficio que deja de percibir por esa excepción.

Otra cosa es el pirateo, es decir, la realización de copias ilegales (por ejemplo, las que se venden en el top manta). Ninguna excepción de la ley ampara esas copias, y el autor, por tanto, no ve compensada de ninguna manera la pérdida del beneficio por esas copias.

¿Cuál es la solución?

Mientras no se pueda establecer un sistema que grave sólo aquellos soportes que serán utilizados en la realización de copias privadas, no se podrá decir que el sistema es justo y equitativo. Hasta entonces el actual es, probablemente, el mejor.