Hablar de causas de la II Guerra Mundial es hablar de la política de expansión del régimen nazi, a lo largo de la década de los años 30. Cuando se consideran cuestiones como el Tratado de Versalles tras la I Guerra Mundial, o la Gran Depresión como causas de la II Guerra Mundial, lo son, en cuanto que posibilitaron la llegada al poder de Adolf Hitler en Alemania.

Es la política exterior de Hitler, en un principio para deshacer el diktat del Tratado de Versalles, y posteriormente la búsqueda del espacio vital para Alemania en el Este lo que llevará la guerra a Europa.

La política interior

El Tratado de Versalles había sido muy duro con Alemania, y, desde un primer momento, la política de Adolf Hitler tenía como objetivo deshacer todos los elementos que impedían que Alemania fuera una potencia en Europa. Así, tras un plebiscito, se devolvió a Alemania la región del Sarre, se reintrodujo el servicio militar obligatorio, y se remilitarizó la Renania (estos últimos puntos prohibidos expresamente en el Tratado de Versalles).

La política de alianzas

Alemania buscó socios para su política expansiva. Así, firmó un Tratado de amistad con Italia creando lo que se llamó el eje Berlín-Roma. Posteriormente firmó con Japón el Pacto Anti-Comintern con Japón. Una vez iniciada ya la II Guerra Mundial, se refundaron ambos pactos a través del Pacto Tripartito entre Alemania, Japón e Italia, al que se añadirían posteriormente Bulgaria, Rumanía y Hungría.

La Guerra Civil española

Pese a la creación del Comité de No Intervención por parte de la Sociedad de Naciones para que la Guerra Civil Española no dejara de ser un conflicto local, tanto Alemania como Italia decidieron en 1936 ayudar a los sublevados contra el gobierno democrático de la II República (a la que ayudaría exclusivamente la URSS).

Alemania aprovechó este conflicto para probar armamento, como por ejemplo en el bombardeo de Guernica de 1937, en el que se ensayaron técnicas utilizadas posteriomente en la Batalla de Inglaterra.

El Anchluss y la Conferencia de Múnich

En 1938, Alemania invade Austria, creándose el Anchluss, es decir, la unificación del Reich Alemán y Austria. Adolf Hitler, al ser de origen austríaco, daba mucha importancia a esta unión. A finales de 1938, Hitler reivindica el territorio de los Sudetes (territorio checoslovaco con una importante minoría alemana). El apetito de Hitler parece no tener fin, y, las potencias europeas protestan.

Así, se celebra la Conferencia de Múnich a la que asisten los dirigentes políticos de Alemania, Italia, Reino Unido y Francia (Adolf Hitler, Benito Mussolini, Arthur Neville Chamberlain y Édouard Daladier, respectivamente). En esta conferencia, y para evitar la guerra, se da carta blanca a Adolf Hitler para anexionarse Checoslovaquia, que es invadida a principios de 1939, creándose los protectorados de Moravia y Bohemia, y el estado títere de Eslovaquia.

Polonia y el corredor de Danzig

En el Tratado de Versalles, el Reich alemán es dividido en dos regiones, Alemania, por una parte, y la Prusia Oriental por otra, para dejar un corredor para que Polonia tenga una salida al mar (corredor de Danzig). Adolf Hitler amenaza con incorporar al Reich el corredor de Danzig. Francia y el Reino Unido no están dispuestas a tolerar otra anexión militar como la de Checoslovaquia en Polonia.

En agosto de 1939, ante la sorpresa del mundo, Alemania y la URSS firman un tratado de no agresión, en el que existen unas cláusulas secretas sobre la partición de los Estados Bálticos y Polonia. El 1 de Septiembre de 1939, Alemania invade Polonia. Francia y el Reino Unido, pese a no hacer nada para defender a Polonia, declaran la guerra a Alemania. Comienza la II Guerra Mundial.