El próximo 20 de noviembre se celebran en España unas elecciones generales que darán paso a un nuevo Gobierno. El gran favorito en las encuestas para presidir el país es Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular. La grave crisis económica, con cerca de cinco millones de parados, y la falta de confianza en el exterior han forzado a Rodríguez Zapatero a adelantar los comicios en un intento por devolver al país la tranquilidad y el sosiego necesario para afrontar la delicada situación actual.

El movimiento de indignados y sus propuestas contra el sistema electoral

Al hilo de esta crisis y en paralelo a la campaña electoral se está produciendo un importante movimiento ciudadano que recoge la indignación existente hacia una situación económica asfixiante y un sistema, que según ellos, nos les representa. El problema de este movimiento, que aglutina a todo tipo de gente de pensamiento y condición social, es creer o considerar que sus opiniones políticas y de organización sí representan al resto del pueblo.

De los resultados de sus debates internos ha surgido, entre otras cosas, su rechazo al actual sistema electoral o, lo que es lo mismo, a la Ley Electoral aprobada en 1985. No dudan incluso en calificarla como “una estafa a la democracia”, al tiempo que critican el rechazo de los grandes partidos a modificarla, esgrimiendo argumentos que cuanto menos no parecen surgir de una reflexión profunda y pausada. Es cierto que dicha Ley Electoral es susceptible de grandes mejoras, pero no hay que olvidar que ha sido sustento de la democracia española en los últimos años.

La Ley D´Hont puesta en duda

Los más críticos y contrarios a este Ley no dudan en exhibir de forma parcial un informe del Consejo de Estado en el que “se analiza en profundidad el sistema electoral actual, plantea posibles alternativas y refleja claramente que se pueden realizar cambios sin modificar la Constitución Española que mejorarían la proporcionalidad y representatividad del actual sistema electoral”, según afirma Jesús Fernández Lorence en su artículo Cambiar la ley electoral española es posible.

Jesús señala que “de todos los elementos que conforman nuestro sistema electoral, solo requiere un cambio en la Constitución la modificación del tamaño de la circunscripción (actualmente fijado en la provincia). El resto de elementos puede modificarse simplemente con la redacción de una nueva ley electoral”. Algunas posibilidades que el informe del Consejo de Estado analiza son:

  • Cambio en la estructura del voto: se pueden desbloquear y abrir las listas electorales.
  • Variación en el número de diputados del Congreso: es posible aumentarlo hasta 400.
  • Modificación de la asignación mínima de diputados por provincia: reducible de 2 a 1.
  • Eliminación del umbral electoral; que anula los votos de una candidatura en una circunscripción si no ha alcanzado una cuota mínima del 3%.
  • Adopción de otra fórmula de escrutinio, ya que la utilizada actualmente, la Regla D´Hont, según dicho informe, “introduce desviaciones del principio de proporcionalidad a favor de las candidaturas más votadas, especialmente en las circunscripciones de escasa magnitud”.

Análisis de las alternativas al sistema electoral español

Propuestas, que a simple vista pueden resultar muy interesantes y tal vez algunos las consideren la panacea para salir de la crisis o lograr un modelo social mucho mejor, pero antes de darlas por buenas convendría realizar un análisis profundo de cada una de ellas.

El paso de una circunscripción por provincias a una circunscripción única. Así a primera vista se resolvería uno de los grandes problemas de España que es el poder bisagra de partidos nacionalistas gracias a una mayor representación de diputados superior a partidos nacionales pese a tener menos votos globales, como ocurre con CiU e IU, por ejemplo. Esta solución, sin embargo, reduciría considerablemente la representación de las minorías locales en el Parlamento, una de las cuestiones básicas surgidas de la transición española y un derecho que -no debe extrañar a nadie- los nacionalistas defienden a capa y espada.

Abrir las listas electorales. Esta es una idea muy manida por aquellos que reclaman una representación más cercana del ciudadano. Ya en principio, esta medida choca directamente con la anterior de circunscripción única, pues eso sería primar de nuevo a las mayorías, eso sin contar el caos electoral y los problemas de identificación de candidatos para los ciudadanos.

Aumentar el número de diputados. Una propuesta que va en contra de la necesidad de ahorro y de reducción del déficit. Tampoco más diputados debe entenderse como una mejor representación social.

Modificación de la asignación por diputados por provincias. En contra de lo que pudiera parecer esta solución supone un ataque directo contra las minorías mayoritarias, lo que a la larga podría suponer un mayor déficit democrático.

Eliminación del umbral electoral. La idea que podría suponer a la larga una mayor apertura democrática podría dar lugar a la entrada de una infinidad de partidos en el Parlamento sin apenas representación social. Eso a la larga también complicaría el trabajo parlamentario y aumentaría la inestabilidad política. Podría ocurrir lo mismo que en Italia, un cambio de Gobierno cada uno o dos años.

Eliminación de la ley D´Hont. Da la impresión de que muchos que proponen esta solución no conocen siquiera quién es D´Hont y por qué su sistema –con más o menos modificaciones- se utiliza en infinidad de países como sistema electoral. La idea de modificar la ley electoral con el fin de optar por una representación teóricamente más proporcional puede ser positiva, pero antes conviene estar seguro de que ese nuevo sistema cumpla la base principal de estabilidad y representación de las minorías mayoritarias. Algo que no parece fácil conseguir.

¿Evitar que la derecha alcance la mayoría en España?

El objetivo de todas estas medidas es acabar con el actual bipartidismo. Sin embargo, resulta un tanto sospechoso que la idea de acabar con el bipartidismo se acentúa tras la, cuanto menos, dudosa gestión del PSOE y la posible llegada del PP al Gobierno. Todas estas movilizaciones surgen, en la mayoría de los casos, con el temor de algunos a que la derecha se haga con el poder.

Con el fin de evitar "tamaño peligro" para España, no faltan quienes tratan de hacer la antipolítica. Da la impresión de que como la izquierda no supo afrontar la crisis, nadie, y menos si es de derechas, será capaz de ofrecer soluciones a no ser si no es estrangulando aún más a los ciudadanos. La solución, por tanto, pasa por cambiar el sistema electoral que evite que la derecha pueda tener mayoría parlamentaria.