El budismo zen es considerado como un estado de contemplación, es decir, como el camino de la experiencia personal y subjetiva para alcanzar la visión completa de la vida. Los caminos para conseguir esa experiencia íntima se realizan a través de la meditación, la iluminación y la realización de las actividades cotidianas.

A pesar de que ya llegaron a Japón monjes budistas procedentes de China en los siglos VII y VIII, lo cierto es que su influencia no se hizo notar hasta el siglo XIII. Las escuelas zen han estado y continúan estando muy presentes en la vida cotidiana de la vida japonesa. No en vano, la cultura zen ha originado no sólo la ceremonia del té o la caligrafía, sino también distintas artes basadas en la lucha como el esgrima o el tiro con arco.

Respecto a los samuráis, y a pesar de que el budismo es de hecho una religión pacífica, lo cierto es que el zen tuvo una gran influencia en la casta de los guerreros, aunque parezca una paradoja.

Afinidad religiosa

Son cuatro los aspectos que determinan una semejanza o afinidad entre los samuráis y el budismo zen.

En primer lugar, no se trata de una religión complicada o que dispone de textos escritos, sino que es una filosofía práctica que se aproxima mucho a la mentalidad militar. En ambos casos, las reglas o las normas que se siguen –en el zen y en el estamento militar- son simples y nada complejas, lo que puede llegar a generar, como así sucedió, una retroalimentación entre ambas.

La orden no se discute

En la casta guerrera es fundamental que se mantenga el poder establecido y la jerarquía en torno al esquema de ordenes a ejecutar desntro del cuerpo de luchadores. En este sentido, el budismo proporciona la determinación constante de no reconsiderar las decisiones tomadas, es decir, una vez que ha tomado un determinación y se ha dado la orden pertinente, no se discute la decisión, tan solo se ejecuta.

Igualmente, existe una destacad similitud entre religión y ejército repecto al orden establecido o jerárquica existente. Así, en el caso del zen, hay diferentes grados entre el maestro y el discípulo, lo mismo sucede en el supuesto militar entre el señor y el samurai.

La meditación zen exige una postura ascética y en cierta forma estoica, lo que origina discípulos o guerreros con voluntad de hierro. Además, dicha postura mueve a los samuráis hacia una posición positiva hacia la lucha y hacia una indeferencia hacia la muerte. El hecho de mantener una postura poco ortodoxa para el ejercicio de la meditacion, aunque ésta sea finalmente cómoda debido a la práctica de la misma, proporciona al guerrero un aliciente más para acercarse a la filosofia zen.

La relación entre los guerreros samuráis del Japón y la religión budista zen está más que comprobada, desde su relación filosófica hasta su asunción de ciertas prácticas, como la orden emanada, la postura rígida o la jerarquía entre ambas sociedades. Los samuráis abrazaron con grado y entusiasmo la filosofía zen.