
- Borrego cimarrón - Planeta azul
Cuenta la "gente de la arena", los indios Seris, que hace muchas lunas, demasiadas para poder recordarlas, el borrego dejó de ser dependiente de los humanos para convertirse en cimarrón y vivir libre en las montañas, desde donde sostiene la bóveda celeste con su fuerte cornamenta.
Hoy en día, los indios Seris viven en la costa central del estado de Sonora y son dueños de la Isla Tiburón, la principal zona de conservación del borrego cimarrón, Ovis canadensis, el amo de las montañas del norte de México que a mediados del siglo XX estuvo a punto de extinguirse por la caza desmedida de la que fue objeto.
El precio de la libertad
El cimarrón es la especie de borrego silvestre más grande que existe en el norte de América. Se le puede encontrar en los estados de Baja California Sur, Sonora, Chihuahua y Coahuila. No resulta fácil distinguirlo entre los matorrales y las áridas tierras que forman su hábitat natural, agreste, rocoso y con pronunciadas pendientes. Su pelaje café con manchas blancas en las ancas, patas y hocico le permiten confundirse con el paisaje. Los enormes cuernos curvos a los lados de las orejan semejan fósiles marinos.
Para sobrevivir debe migrar constantemente de acuerdo a la disponibilidad de alimento, durante la primavera y el verano, y debido a las bajas temperaturas el resto del año. Procura no alejarse mucho de los yacimientos naturales de sal y de las fuentes de agua, aunque es capaz de resistir hasta seis meses sin beber una sola gota pues extrae el agua de las plantas que come. Los nativos de la región cuentan que el cimarrón es muy hábil para partir las biznagas y tomar su pulpa líquida y deliciosa después de retirar la corteza espinosa con sus patas.
Los grupos de cimarrón no son muy grandes, nueve o diez borregos cuando mucho, en los que el macho con los cuernos más grandes o el mejor combatiente es el líder de la tropa. La experiencia les ha enseñado que es preferible pasar desapercibidos, sobre todo para su mayor depredador: el hombre.
Entre dos fuegos
La dificultad para encontrarlo y su enorme cornamenta lo convirtieron en un preciado trofeo de caza. Mientras más se alejaba el cimarrón de las rutas humanas, más preciado se volvía. Las temporadas de veda y las prohibiciones emitidas en México durante la primera mitad del siglo XX provocaron la proliferación de cazadores furtivos, principalmente extranjeros, que venían en busca de las preciadas cabezas.
La clasificación de cada ejemplar de borrego cimarrón se hace a partir del tamaño de su cornamenta. Aparece aproximadamente a los tres años y poco a poco va tomando una ligera curvatura. Sus bases se hacen gruesas y en la edad adulta ya han completado más de un giro y presentan descamaciones o "castigos" en la parte frontal, provocadas por los fuertes choques durante la disputa por el mando del grupo. Mientras mayor vuelta y castigos muestran, mayor valor tiene para los cazadores.
La extensión de las comunidades humanas en la zona también provocó el deterioro del hábitat del borrego cimarrón. La actividad ganadera llegó acompañada por una gran cantidad de parásitos y plagas controlables en el ámbito doméstico pero mortales para la vida silvestre. La muerte de los borregos se incrementó entonces debido a enfermedades como la sarna, la fiebre de pezuñas, la fiebre azul y la aftosa. A principios de los años 70 se calculó en 15.000 ejemplares la población de cimarrones en toda el área.
Hombre y naturaleza
Para revertir la situación, en 1975 funcionarios de los Estados Unidos y México pusieron en marcha un proyecto piloto para reintroducir el cimarrón en los estados de Nuevo México, Texas, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León. Capturaron 20 cimarrones en la sierra de Pico Johnson y los introdujeron en la Isla Tiburón, localizada a unos cuatro kilómetros de la costa sonorense, al norte de la bahía de Kino.
El proyecto involucró a los indios Seris, dueños de la isla, asesorados por los investigadores del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México. El reto era grande, ya que la orografía de la Isla Tiburón es semejante a la de tierra firme pero ahí no existían borregos cimarrones. Se comenzó por calcular la tasa de aprovechamiento de la flora y fauna en base al tamaño de la isla, se calculó la capacidad reproductiva de las hembras del cimarrón y su tasa de mortalidad.
Los 20 ejemplares introducidos dejaron descendientes. La población actual de cimarrones en la Isla Tiburón supera los mil ejemplares y otros tantos se han llevado tierra firme para "plantarlos" en reservas ubicadas en los estados participantes.
No obstante el éxito inicial, la vida del borrego cimarrón sigue amenazada. Los permisos para cazarlo se cotizan muy alto y la degradación de su hábitat no ha podido pararse. El proyecto de conservación encabezado por los indios Seris ha significado para "la gente de la arena" el retorno a sus raíces y a su vieja filosofía sobre la creación del mundo: "Sin plantas y animales para compartir la vida se inicia la decadencia, porque si ellos nos dan alimento y alegría, tenemos la responsabilidad de respetarlos y preservarlos".
