Tapado por su primo más famoso, el bisonte americano, el bisonte europeo ha sobrvivido a las turbulencias de Europa casi milagrosamente.

Hasta hace unas décadas los ejemplares eran contados, pero hoy, gracias a la acción de varios gobiernos y a que fue declarado por la ONU especie protegida en 1966, ha logrado recuperarse en buena medida.

Zonas donde vive el bisonte europeo. Introducción de la especie en España.

A la fecha, el número de bisontes europeos ronda los 4.000 ejemplares, ubicados sobre todo en Polonia, Bielorrusia, Rumania, Lituania, Rusia y Kirguistán. También se han introducido recientemente (año 2010) en España - en la provincia de Palencia - una cantidad reducida, que aumenta lentamente; por su parte existen ejemplares en cautiverio en varios países europeos.

Diferencias con el bisonte americano

El bisonte europeo - bison bonasus - es más grande que el americano. Más estrecho de espalda, tiene más longitud y su cabeza es más pequeña y su pelo es menos denso. Respecto de su hábitat, el europeo prefiere los bosques a las praderas - como el americano - y vive en grupos de alrededor de 20 ejemplares, mientras que su primo americano deambula en grandes manadas.

Historia del bisonte europeo

Este animal existía en grandes cantidades desde la prehistoria, época en la que era cazado; re ampliamente reconocido en esta época, no solo por los huesos que suelen aparecer en los yacimientos prehistóricos, sino porque fue representado en varias pinturas rupestres, sobre todo en Francia y España.

Julio César los menciona en el siglo I a.C, junto con los toros salvajes que encontró en las zonas boscosas de Germania. En el siglo XVIII se vuelven a encontrar referencias del bisonte en Alemania y los Cárpatos. La fragilidad de su existencia la compartió con varios animales salvajes de Europa: se vio obligado a replegarse continuamente por los recurrentes ataques de los pobladores que avanzaban sobre sus hábitats, en los que se repoducía y alimentaba.

Pese a la turbulenta historia de guerras y sobrepoblación de Europa, el bisonte se las arregló para mantenerse en lugares suficientemente aislados del este y sudeste de Europa, en la espesura de los bosques, aunque siempre dependió de alguna protección de las autoridades.

Por caso, en el Cáucaso, una variedad del bisonte fue protegido por los rusos, pero todo fue en vano debido al estallido de la Gran Guerra de 1914, ya que pese a los esfuerzos, el último de estos animales murió en 1930.

El bisonte europeo antes de la Primera Guerra Mundial

Por su parte el propio bisonte europeo vivía básicamente en dos lugares de Europa: en el bosque de Bialowie en Lituania y en el bosque de Pless de la Alta Silesia, que correspondía a Prusia Oriental y que hoy ha quedado en buena parte en territorio polaco.

El rebaño lituano tenía en 1914 unos 600 ejemplares y el de Silesia era de unos modestos 70. Los rebaños desaparecieron durante esta guerra, totalmente diezmados, salvo un número contado que se preservó en cautiverio.

Recuperación del bisonte europeo en la década de 1920

El reducido número de ejemplares que quedaron en cautiverio se usó para repoblar las zonas mencionadas en las que vivía. Pese al esfuerzo, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial se habían recuperado solo unos treinta ejemplares en ese estado. Contra lo que se pudiera pensar sobre la terrible segunda conflagración mundial, los bisontes sobrevivieron y en 1947 se censaron unos 100 animales, entre los que se incluían ejemplares en cautiverio.

El bisonte vive en estado semisalvaje

Actualmente se puede afirmar que los bisontes europeos se han exitinguido en su versión salvaje y sobreviven como semisalvajes en las áreas mencionadas, que están protegidas por el hombre. Los pocos miles de animales que hoy existen no deben considerarse un respiro para la especie, que sigue categorizada como en peligro de extinción. Uno de los principales problemas que tienen los bisontes es la genética, que se ve alterada por la consanguinidad que suele aparecer y que los hace propensos a contraer enfermedades como la fiebre aftosa.

El proyecto de reimplantación en España es alentador y existe el proyecto de hacer lo mismo en Francia y otros países; en este sentido, además de la supervivencia que se promueve, se espera generar también curiosidad de los turistas amantes del turismo rural y de los que quieren recuperar esta parte importante de la fauna autóctona europea.