En esta novela se instauran tres niveles discursivos:

  1. El discurso central del Estado y sus brazos de control como el Penal
  2. El discurso central científico - médico
  3. El discurso periférico
Los dos primeros discursos son centrales porque son los que poseen un consenso colectivo que está legitimado por las instituciones que los representan y porque además ocupan un lugar prescriptivo y normativo de autoridad.

Están encumbrados dentro de las redes de significados necesarios para la cohesión social y cultural y son encarnados en la novela, por el Director del Penal (y a través de él puede reconstruirse todo un sistema de valores pertenecientes al Estado y al gobierno de aquel momento) y posteriormente por espías de Servicios de Inteligencia que seguirán a Molina, una vez libre.

El discurso periférico

Por oposición, el discurso periférico, en la novela está representado por aquello que puede definirse como los márgenes con respecto al centro hegemónico al que referimos anteriormente: las instancias de lo sexual y de lo revolucionario, representadas por Molina y Valentín respectivamente.

Por contraposición, durante toda la novela este discurso periférico será el que pasará a ocupar un lugar central: insumirá mayor extensión gráfica visual en las páginas ya que llevará toda la atención narrativa; es el vínculo entre ambos presos lo que toma supremacía en el texto y no el decir regulador acerca del deber ser moral, sexual y político.

A pesar de esto, y tal vez como ironía del narrador, existen pasajes donde parecería que este introyecta esos discursos centrales a través de un recurso muy interesante: la introducción de los pies de página.

Este discurso periférico tiene otras características subyacentes y fundamentales: es dialógico y subjetivo, y encuentra su objeto en elmundo de la filosofía y la ficción.

Todo el relato está estructurado en base al diálogo permanente (registro oral) en la celda, entre Valentín (quien pasa sus horas leyendo a filósofos "malditos" y ciencias políticas) y Molina (quien no cesa de soñar con sus películas y actrices favoritas, además de la moda).

Lo insignificante como valor principalDentro de este encierro comparten pareceres sobre ideas políticas, miedos , amores y sueños personales. El relato se centra justamente en lo nimio, lo que es insignificante para el aspecto público, aquello que no "engrandece" una nación.

Por el contrario, el discurso del centro es monológico, monolítico, "objetivo". Sus registros se fijan en documentos burocráticos por medio de la escritura, a través de Informes Legales, de espionaje o teorías médicas biologicistas que con un sujeto de la enunciación borrado y despersonalizado, sin un Yo que lo exprese, construye su sistema normativo como natural y normal.

Si bien la mayor parte de la narración de "El beso de la mujer araña" se focaliza en el discurso periférico (oral, disgresivo, fragmentario, subjetivo, íntimo y confesional), existen gran cantidad de pasajes en los que a modo de pie de página, cada vez más extensos en espacio y número de hojas, se introducen los discursos del centro.

Por ejemplo, en el medio de una conversación entre ambos presidiarios, se inserta una llamada y al pie se transcriben diversas teorías explicativas de la homosexualidad, desde enfoques biologicistas, médicos, genéticos y psicoanalíticos, que además de desconcertar y "confundir" al lector, no son aseveradas por un alguien que los avale.

Discursos enfrentados

Los dos discursos están, pues, enfrentados además ahora por una operación gráfica: aunque paralelos en el espacio que ocupan sobre la página, por momentos uno predomina sobre el otro dando cuenta de otra cosa: la lucha de campos discursivos y simbólicos que se disputan la hegemonía en el texto.

La pregunta sería ¿qué es lo que el discurso del centro considera amenazante del discurso periférico?

Si la retícula de los entramados sociales vigentes se estructura en base a alianzas exogámicas heterosexuales (matrimonio) que aseguren la descendencia (reproductivo) y por medio del trabajo, consuman y produzcan (productivo a nivel económico), el discurso periférico (representado por Molina y Valentín) sería incorrecto.e propone sobre la base de un vínculo homoerótico, por ende estéril (no reproductivo) implicando un cuestionamiento a la identidad genérico - sexual normativizada; tampoco es productivo en términos económicos ya que sus integrantes, al estar presos, se encuentran en un encierro que los aísla del contacto con prácticas sociales, como es la posibilidad de convertirse en fuerza de trabajo útil.

Subversión, revolución e improductividad

Al mismo tiempo Valentín, con sus ideales y Molina con sus sueños no pueden pensarse como sujetos prácticos: ni la revolución ni la ficción cinematográfica poseen aplicación y rentabilidad alguna para el sistema social imperante en que están insertos; como una forma más de estallido a la cohesión colectiva, Valentín propone a nivel ideológico, la revolución: esto es, el quiebre mismo de las instituciones y del sistema capitalista. Por ende, la amenaza mayor del discurso periférico para el discurso central es la de subvertir los signos sobre los que se emplazan los postulados rectores del paradigma vigente.