"Los arrieros tienen algo de embusteros y mucho de refraneros". Este dicho resume en gran medida la figura del arriero, amo de los caminos de México durante cuatro siglos (entre el XVI y el XX). El término "embustero" no debe entenderse como sinónimo de mentiroso o tramposo, sino de jactancioso o fanfarrón, que es muy diferente.

En cuanto al calificativo "refranero", cabe decir que difícilmente hubo un arriero que no se expresara por medio de refranes, a través de los cuales resumía el dominio de su oficio y la sabiduría de su existencia.

El arriero y su conocimiento de los caminos

Los refranes de arrieros, que se cuentan por miles, pueden dividirse en varios capítulos: el primero, tema de este artículo, se refiere a los caminos, que fueron base y sustento de su oficio. Nadie conoció mejor los caminos que el arriero.

Otros capítulos pueden abordar temas como el trato con mujeres, en lo que presumían ser verdaderos expertos, igual que los marinos, pero destaca además su conocimiento sobre animales de carga, con los que trabajaban diariamente: burros, mulas y caballos estuvieron siempre ligados a sus tareas y nunca dejaron de relacionarlos con personas y cosas que les rodeaban.

Al mal paso darle prisa, pero con precaución

Ante una situación de riesgo, aquellos amos de caminos decían: "Al mal paso darle prisa", o sea, lo mejor es apresurar el paso, hacer frente al peligro de inmediato. Sin embargo, en otro refrán advertían: "Al peligro con tiento, y al remedio con tiempo".

Sobre la inseguridad en los viajes, sentenciaron: "No hay camino más seguro que el recién robado" y "No es siempre el mejor camino el más corto", pero "Es mejor volver atrás que perderse en el camino".

Su proverbial solidaridad la expresaron en "Arrieros somos y en el camino andamos" o lo que es lo mismo "Hoy por ti y mañana por mí".

Y para no angustiarse ante un mal paso ya dado, aconsejaron:: "Al mal tiempo buena cara" y "A lo hecho, pecho".

No por mucho madrugar amanece más temprano

Con toda su experiencia, los arrieros sabían que "No por mucho madrugar amanece más temprano", es decir, conocían y respetaban sus horas de trabajo y de descanso para cumplir en tiempo y forma con la recepción y entrega de las mercancías que transportaban, no antes ni después.

Solo quien carga el costal sabe lo que trae adentro

Si alguien sabía de costales y sus contenidos eran los arrieros; por ello acuñaron el refrán: "Solo quien carga el costal sabe lo que trae adentro", o sea, antes de opinar sobre alguna persona o sus actos, hay que preguntarse por qué lo hace.

Amor viejo y camino real nunca se dejan de andar

El arriero conocía los caminos de la vida. Así lo demuestra cuando dice: "Amor viejo y camino real nunca se dejan de andar".

Y sobre las dificultades del viaje: "Cayendo y levantando pero caminando", ya que después de todo "A caravana que pase no le hace que los perros ladren". Y no es menos cierto que "Al paso de la carreta se acomodan las calabazas"..

El que anda mucho y lee mucho, ve mucho y sabe mucho

"Quien viaja mucho y lee mucho, sabe mucho", pero "No todos los que chiflan son arrieros". Hay charlatanes por todos lados. Lo bueno es que "Donde se halla la hierba se encuentra la contrahierba" y "Pa´ los toros del Jaral los caballos de allá mesmo".

A fin de cuentas, lo mejor es "No meterse en camisa de once varas porque aunque la camisa es ancha, también se rompe a codazos".

Así hablaban los arrieros mexicanos, que no negaron la cruz de su parroquia: la herencia española.