“Ni contigo, ni sin ti, / Tienen mis males remedios / Contigo porque me matas / Sin ti porque yo me muero / Ni contigo, ni sin ti”, dice la canción de Emilio José, y expresa un problema cada vez más serio, el de los afectos patológicos.

Una cosa es amar libremente y otra que el amor nos prive de libertad. Lo primero da espacios de acción libres, sin coerción ni maltrato, lo segundo propicia una relación patológica que genera violencia y estrés emocional.

El apego patológico

Todo ser humano necesita amar y sentirse amado, sin embargo, cuando se convierte en un vínculo incondicional, sin límites y sin mediar responsabilidad y cuidado de sí mismo, entonces se llega a una patología denominada dependencia afectiva.

Es normal que en una relación afectiva ya sea con una pareja, con los padres o con amigos, las personas deseen lo mejor para el otro, y esperen lo mismo a cambio, sin embargo, cuando la relación se convierte en absorbente y tiende a paralizar la vida, se está ante un vínculo patológico.

Características del apego afectivo

La forma en que se manifiesta estas actitudes tiene diferentes características, dependiendo del individuo y sus condiciones particulares. En general se expresa en:

  • Compañía excluyente o aislamiento. Se torna en una relación absorbente donde no hay lugar para nadie más. Se tiende a romper con vínculos externos o alguno de la pareja, impide que el otro se vincule con personas fuera de su relación.
  • Miedo irracional a la pérdida lo que hace que las personas generen conductas como celos enfermizos que hacen que la persona no desee que nadie se acerque al objeto de su amor o que el individuo se relacione de manera normal con otras personas, eso incluye a su propia familia.
  • Anulación recíproca. Paulatinamente esta situación lleva a una vinculación asfixiante, donde terminan anulándose y desvinculándose de sus respectivos núcleos afectivos (amigos, familia, colegas, por poner algunos ejemplos).
  • Codependencia. En muchas parejas, especialmente cuando el apego patológico lo viven los dos, se tornan codependientes uno del otro, al grado que pierden la capacidad de interactuar con normalidad con otras personas.

Las incongruencias del apego afectivo

El apego lleva a las personas a depender emocionalmente de otro, eso implica que en muchos casos se cae en estados de tristeza, pesadumbre e incluso depresión si no se obtiene la aprobación de la persona hacia la cual se dirigen los afectos.

Además, cuando se da esta situación los cambios emocionales se ubican en el contexto de la conducta o estado anímico del otro. Si está feliz, también lo está el codependiente, si no está de humor, la otra persona, tiende a seguir en esa mismo patrón. Pierde la capacidad de reacción por sí misma, generando esclavitud afectiva.

En este cuadro la persona se despreocupa de sí misma y centra toda su atención en la persona de sus afectos, al grado de perder perspectiva del daño que aquello le ocasiona y del aislamiento emocional al que lo lleva.

En casos graves, la dependencia puede generar situaciones de violencia psicológica y/o física. Es común que se den situaciones donde las víctimas demandan a su agresor(a), pero al tiempo cambian la versión o solicitan retirar la demanda. Cuando se los conmina a abandonar la conducta codependiente y dejar a la persona que lo maltrata, dichas personas, no entendiendo la distorsión cognitiva que padecen manifiestan amor hacia su agresor, confundiendo a quienes se dan cuenta de la situación y cayendo en el autoengaño.

El vicio de querer o la cara macabra del apego emocional

Las personas codependientes con vínculos patológicos con las personas que aman o los aman, pierden noción del daño y aun cuando logran en algún momento captar la situación en la que están, no pueden abandonar dicha situación.

Melody Beattie en su libro Codependent No More: How to Stop Controlling (No más codependencia: cómo parar el ser controlado) señala que la codependencia se origina especialmente en un medio social que resalta la abnegación, el sacrificio personal, la entrega incondicional, y fomenta la idea que eso es ser “buen esposo(a)” o “buena madre/padre”, olvidándose de sí mismo en dicho acto de entrega. Por otro lado, muchos de quienes padecen esta condición patológica se les ha creado el mito de ser quienes han de ir en rescate de otros, entregándose al grado también de abandonarse a sí mismos. Mientras estas conductas desequilibradas sigan sobrevalorándose, señala Beattie, seguiremos teniendo afectos patológicos.

Los afectos patológicos hacen que los individuos pierdan la capacidad de valoración propia y fundan sus personalidades en la de otro. En el caso de las parejas, esta relación adictiva termina siendo foco de violencia y dependencia.

Solo con ayuda externa de algún profesional de la salud mental es posible salir de una relación de este tipo.