Decía el estudioso José Domínguez Caparrós, en su libro Métrica y poética, que si es cierto que el ritmo estudia propiedades del lenguaje poético, es posible analizar, entonces, dichas propiedades desde la misma perspectiva que los estudios de lingüística, es decir, desde el análisis de los niveles del lenguaje: fónico, sintáctico, semántico. Este tipo de análisis permitiría acceder de manera científica al estudio del metro y del ritmo y a los conflictos que plantea el fenómeno poético en su construcción formal.

Nivel fonético

El primer escalón en nuestro análisis, el nivel fonético del estudio del ritmo, ha de interpretar todas las huellas que el tema de la composición deja en vocales, consonantes, rimas, etc. Un recurso retórico imprescindible para este apartado sería el estudio de las aliteraciones, siempre que éstas aportaran algún dato relevante a la composición, pues no todo fenómeno de repetición permite una lectura simbólica. Hay, sin embargo, ejemplos canónicos de usos de la aliteración, como los versos de Garcilaso de la Vega “En el silencio sólo se escuchaba / un susurro de abejas que sonaba”, en donde el poeta caracteriza el contraste entre el zumbido de las abejas y el silencio de fondo a través de la reiteración del fonema /s/.

Otro ejemplo más complejo sería la famosa descripción gongorina del murciélago como “Infame turba de nocturnas aves”, en donde las sílabas trabadas (/tur/) y la oscuridad de las vocales interiores acentuadas (turba, nocturna) describen simbólicamente aquello mismo que semánticamente comunican las palabras.

Nivel sintáctico

En el nivel sintáctico cabe señalar tres aspectos clave en todo análisis rítmico, y son el metro utilizado, el conflicto entre el metro (que sería la “sintaxis del verso) y la otra sintaxis (una “sintaxis semántica”), así como la importancia rítmica de los juegos de paralelismos y repeticiones.

Sobre el metro son muy interesantes los análisis de Tomás Navarro Tomás. El versólogo español hablaba de una relación entre troqueos (pies de dos sílabas, la primera tónica y la segunda átona) y dáctilos (tres sílabas, la primera tónica o acentuada). Todo verso tendría un período de anacrusis (las primeras sílabas antes del acento principal), un conjunto de dáctilos y troqueos, y un período final o período de enlace, que facilita, cuando corresponda, la rima entre versos. Analizar hasta qué punto la concurrencia de acentos o la separación de éstos se da en una composición es imprescindible a la hora de realizar un análisis rítmico.

En cuanto al encabalgamiento y a los paralelismos, es también útil analizar su frecuencia, la brusquedad de los encabalgamientos o el uso de versos esticomíticos, esto es, que hacen coincidir la pausa versal con la pausa sintáctica.

Nivel semántico

El más complejo de los niveles es sin duda el nivel semántico. Amado Alonso hablaba de un ritmo de pensamiento, de un movimiento más o menos reconocible en la reiteración de ideas, en su desarrollo y puesta en escena, que dificultan la lectura notablemente. Más viable es analizar los valores simbólicos del léxico, los movimientos de elevación, descenso, recogimiento o disolución que propone la composición en términos imaginarios. Los poemas de Jorge Guillén, por ejemplo, hablan principalmente de recogimiento. San Juan de la Cruz utiliza los movimientos de descenso desde una positividad simbólica. Un poeta como Antonin Artaud utiliza un ritmo semántico relacionado con la disolución (disolución del sujeto, del propio ritmo, del poema) y autores como Juan Ramón Jiménez utilizan a menudo ritmos de pensamiento relacionados con la elevación.

Además, es preciso señalar cómo todos los demás recursos rítmicos tienen unas implicaciones semánticas, tanto para destruir sus convencionalismos y dualismos, como propone el autor Henri Meschonnic, como para concertar mapas simbólicos, relaciones imaginarias y universos complejos que dan una visión más amplia del fenómeno poético.