El amor ya no es lo que era. El desarrollo económico que nos ha hecho más independientes, ha cambiado la naturaleza del amor en nuestra sociedad. Lo que se expresa en la abundancia de divorcios, familias monoparentales, personas que “eligen” vivir solas, parejas que no se casan, entre otras situaciones.

Aunque siempre habrá quien afirme que el amor ha sido siempre el mismo y que, ahora, gracias a la independencia económica de la mujer, muestra su verdadero rostro. Por nuestra parte, no vemos tan claro que todas las mujeres, desde la Prehistoria hasta el último tercio del siglo XX, estuvieran deseando divorciarse de sus maridos, y no lo hiciesen por imposibilidad económica.

Amor y economía, ¿sigue habiendo amor platónico?

Sea como fuere, y se valore como se valore, las circunstancias económicas han generado, o han hecho visible, una variedad de conceptos del amor. Pero, por mucho que estas concepciones sean un “reflejo” de la estructura económica, no pueden dejar de engranar con la tradición helénica en la que estamos inmersos.

La cuestión no reside en que el entorno económico-político, tecnológico y cultural, se traduzca en las diferentes ideas del amor, sino en que ya opera una tradición helenística occidental que ofrece un “sistema” de ideas del amor.

Es decir, un cuadro de las “opciones posibles” en las que se verá reflejado cualquier entorno económico. Opciones éstas, en las que, seamos conscientes o no, estamos envueltos a la hora de tomar decisiones, como la de buscar una pareja o no, o el tipo de relación que queremos con ella.

El Amor según Sócrates, en Platón

En este caso, como en casi todos, las filosofía nos proporciona un “mapa” de las Ideas determinadas por nuestro ámbito y de las que no podemos escapar (podemos “escapar” de una opción, pero no de todas; y es el conjunto de opciones el que está determinado). Vamos a tomar, como muestra, El Banquete, uno de los diálogos más bellos de Platón.

El diálogo versa sobre el amor, entendiendo que el Eros griego tiene un significado mucho más amplio que le “amor romántico” occidental. En él, seis personajes (Sócrates en último lugar), hacen un discurso sobre lo que ellos consideran que es el amor.

Fedro y el matrimonio

En primer lugar, Fedro esboza una interpretación política del amor, en la que resalta, sobre todo, una alta consideración moral. Para Fedro, el amor es una cuestión de honor, un pacto entre personas honorables. En fin, se trataría de un contrato y, como tal, habría que encuadrarlo en las leyes de la ciudad y en la altura moral de los contratantes para mantener sus pactos.

Pausanias y el amor a la excelencia: ¿realización personal en pareja?

En segundo lugar, Pausanias distingue entre Eros Pandemos, el amor válido para todos, y Eros Uranós, el amor a lo mejor del otro. Este último se expresa en un amor a la excelencia; no a lo que el otro es, sino a lo que puede llegar a ser. Por ello, este tipo de amor tiende a la “educación” del amado, a intentar extraer lo mejor de él.

Erixímaco y el amor como deseo: ¿sexo sin amor?

En tercer lugar, Erixímaco despliega una concepción naturalista, casi química, del amor, como un sentimiento orientado al placer. No obstante, como en todo proceso fisiológico, hay que hacer consideraciones médicas aquí; hay un amor que es saludable (simplemente, el que nos proporciona placer) y un amor que produce la armonía entre cuerpo y alma (es decir, una sucesión “armónica” de placeres y dolores).

Aristófanes: La búsqueda de la otra mitad, mito de la media naranja

Aristófanes, en cuarto lugar, cuenta el famoso mito del Hombre circular. Según éste, Zeus creó al ser humano “de una pieza”, es decir, el hombre y la mujer estaban unidos en la forma de un animal circular, con cuatro piernas, cuatro brazos, dos cabezas y dos órganos genitales. Pero, viendo la gran capacidad de este animal, Zeus temió que invadiera el Olimpo y lo dividió en dos.

Desde entonces, el hombre y la mujer se buscan, movidos por una nostalgia y una “pasión por la totalidad” de su ser. La esencia del amor consistiría, pues, en la búsqueda de la perfección de lo humano, en una rememoración de lo que lo humano debería ser. De este modo, todo ser busca su complementario (su “media naranja”, que diríamos hoy) y los que pasan la vida juntos no saben decir qué quieren el uno del otro en realidad.

Agatón: El bien y la virtud proceden del amor

Seguidamente, Agatón declama un discurso poético sobre el amor como “colorante universal”. Agatón incide, contra lo que han hecho sus predecesores, en los efectos del amor en el amante. Para él, todo lo bueno, y toda la virtud, proceden del amor.

Sócrates y el amor platónico: ¿lo reconocen?

Por último, habla Sócrates. El amor es un caso particular de la aspiración al bien, pasión fundamental y que constituye al ser humano como humano. El Eros socrático apunta al deseo de de perfeccionarse a uno mismo en el bien, es decir, según la “regla” de lo humano.

Este amor es la fuerza más poderosa (por eso merece ser divinizado) y se define, en su esencia, como el “anhelo de engendrar en lo bello”. Es decir, como el deseo de contemplar y producir eternamente en lo eterno que hay en el hombre. De ahí que el amor requiera de una pedagogía que nos enseñe qué es eso eterno que hay en el hombre. Por tanto, el amor también es eterno y, si se acaba, este final es fruto de la ignorancia.

Por esto, Alcibíades, finalmente, no puede ser el amante de Sócrates: porque no se ama a sí mismo

El Banquete es una obra de hace dos mil cuatrocientos años, en circunstancias que nada tienen que ver con las del mundo actual; quizá la lista de opciones no es exhaustiva. O sí: ¿hay alguna más? ¿Cuál es tu caso, amable lector?