Del cielo: porque el amor es el motor y vida de todo lo creado y con él se puede fecundar y alumbrar a las demás virtudes que lo contienen. El amor se acopla con la tolerancia y la dedicación, con el cariño y la entrega ya que todo el potencial de valores con los que estamos fundamentados se despliega y brota del armario del alma, cuando se pone al servicio desinteresado de la condición de amar, porque el amor todo lo puede, todo lo logra y nada le resulta irrealizable.

Si hay que atravesar dunas o infiernos maléficos el amor te protege y agarra de las manos para elevarte por encima de las fauces de las penas o el dolor que esos caminos te causen, enredándote en hilos de esperanza para devolverte ileso a la vida.

Y de la tierra: porque no hay duda que en los tiempos en los que vivimos todo se banaliza y pierde valor excepto el oro, precisamente, hoy cotiza mejor que nunca en los mercados de valores materiales. Y aprovechando el "a río revuelto, ganancia de pescadores" la materia pasa a formar parte de la fiesta vistiendo de gala a un día tan especial, porque nada escapa al mercado prosaico que va adquiriendo el momento, tampoco el día de San Valentín, donde todo se compra y se vende para regalarle al amor.

San Valentín como negocio

Y siguiendo con este dislate de amoríos con fecha en el calendario, en el día de este santo que bien lo alumbra, todo se compra para celebrarlo. Convirtiéndose el hecho sublime del amor en sí en un negocio de comercios y entidades de lucro, donde el comprar y vender pasa a ser el objetivo primordial, sin otro fin que ser el día del enamorado precio.

Diferentes clases de amor

A pesar de ser único y reconocido siempre, el amor tiene acepciones fáciles de mostrar conforme a su escala o posición en la vida. Tenemos al primero: al amor de madre; al parecer es el más desinteresado de todos, un amor que debiera servir de ejemplo para comportamientos posteriores por su generosidad y entrega excelente, pero que sin embargo, el hombre mece y acuna, y luego, olvida.

El amor de la familia: padres, tíos, hermanos, sobrinos, abuelos…, son amores confeccionados con nomenclatura propia y con vértices enlazados a la propia médula, y por tanto, son cobijo y prolongación de uno mismo, debiendo ser encuentros o relaciones bien abrigadas.

El amor de pareja: es otra singularidad del amor con mayúsculas, por la que el ser humano siente en sus venas el mayor milagro de su existencia al “padecerlo”. Si ese amor florece, somos capaces de volar por encima del bien y del mal, incluso, sintiéndonos los reyes de mambo por tener en el corazón a la esencia viva y digna de tan glorioso sentimiento.

Ahora bien, si el amor con la pareja nos falla, somos capaces de sentirnos los más derrotados de cualquier batalla, los más desdichados del universo.

Pero el amor varía con el tiempo, y San Valentín ha cambiado bastante

Por ello, no está nada mal la elección de un día en el calendario para glorificar al amor en tiempos donde los ojos no ven más allá del propio ombligo. Donde admirar y celebrar juntos la unión con el otro nos pueda seguir pareciendo algo posible en una época convulsa donde todo el mundo busca la satisfacción momentánea, desplazando sencillamente al amor para mejor ocasión.

¿Por qué San Valentín?

¿Por qué se atribuye a San Valentín el patronazgo sobre el amor humano, atribución que es, evidentemente, el origen y la explicación de todas las restantes manifestaciones de la devoción o de la simpatía popular al Santo?

Nuestro San Valentín fue martirizado en la Vía Flaminia hacia el año 270, seguramente en los inicios de la primavera, cuando en la naturaleza se anticipa el júbilo expectativo de la fecundidad y de la pujanza. En los siglos antiguos y medievales, empiezan a venir a Roma numerosos peregrinos, entrando por la Puerta Flaminia, que se llamó Puerta de San Valentín, porque allí, en recuerdo de su martirio, el Papa Julio I, en el siglo IV, mandó construir en su honor una basílica.

El Santo gozaba de sumo prestigio como sacerdote. ¡En cuántas familias sería efectiva su influencia, cuántos enlaces matrimoniales habría bendecido! Positivamente, no faltan noticias biográficas tradicionales que así lo afirman. Por tanto, su celebración debería enmarcar a los valores que lo llevaron a los caminos de gloria, y no a los mercados puros y duros de un mercantilismo que nunca conoció el Santo.