El alcornoque es un árbol de la familia de los robles y las encinas que produce un recurso renovable de gran valor económico como es el corcho, que hoy día sigue explotándose con técnicas casi artesanales. Además, los alcornocales forman parte del paisaje mediterráneo y proporcionan un hábitat rico y diverso a multitud de especies de fauna y flora.

El alcornoque, un árbol típicamente mediterráneo

El alcornoque es un árbol nativo del contorno mediterráneo del sur de Europa y norte de África que se ha visto muy extendido por parte del ser humano. Perteneciente a la familia de las fagáceas, responde al nombre científico de Quercus suber. Al género Quercus pertenecen diferentes especies productoras de bellotas, como encinas y robles, y el nombre específico suber significa “corcho” en latín y es una referencia directa a la singular corteza que posee este árbol.

El corcho es la corteza del alcornoque

El corcho es la corteza del alcornoque, la capa externa y gruesa que cubre el tronco y las ramas del árbol. El corcho está formado por una masa elástica y homogénea de células muertas aplanadas e impregnadas de una sustancia grasa que lo hace casi impermeable al agua y los gases. De hecho, se presenta como una adaptación de la especie al fuego, característico de los ecosistemas mediterráneos. Esta corteza tan especial permite que el árbol sobreviva a los fuegos de superficie que consumen el corcho pero no afectan a los tejidos vivos del árbol.

Los usos del corcho

El corcho es un material con excelentes propiedades aislantes, por lo que desde antiguo es aprovechado para diferentes usos, entre los que destaca la fabricación de tapones para botellas. Fue en la segunda mitad del siglo XVII cuando un monje francés llamado Perignon descubrió las cualidades especiales del corcho para cerrar botellas de vino, empezando así una nueva era para el alcornoque y su particular corteza. Gracias a los tapones de corcho, los vinos pudieron almacenarse con seguridad durante períodos prolongados y transportarse a largas distancias. El desarrollo de la industria vinícola ha sido posible, en gran medida, gracias al corcho.

Saca del corcho: proceso tradicional del descorche del alcornoque

La obtención del corcho se hace a día de hoy de forma tradicional, con técnicas y herramientas muy similares a las usadas en el pasado. El proceso de extracción, denominado comúnmente “saca del corcho” se lleva a cabo durante los meses veraniegos de junio y julio, cuando el árbol está en su periodo de máxima actividad vegetativa y es menos probable que se le causen heridas. En este trabajo se emplean unas hachas curvas con las que los trabajadores cortan la corteza sin dañar el tejido vivo. Después, introducen unas maderas que, a modo de cuñas, permiten levantar el corcho. El trabajo del descorchado es duro, por lo que se necesita cierta fortaleza física, maestría con el hacha y destreza en el árbol.

El corcho mejora en calidad con las sacas sucesivas

Los alcornoques se descorchan por primera vez cuando el árbol ha alcanzado un tamaño adecuado, lo cual ocurre aproximadamente a los 25 o 30 años de edad. El corcho que se obtiene de la primera extracción no es de buena calidad, y se suele emplear para triturar y formar aglomerados. Unos nueve años después, se puede realizar una segunda extracción, obteniéndose un corcho segundero de mejor calidad, pero aún surcado por profundas grietas. A partir de la tercera pela, cuando el árbol ha cumplido los 40 o 50 años de vida, es cuando se obtiene el corcho de mejor calidad o corcho fábrica.

El descorchado no produce daños al alcornoque

La recolección del corcho no daña en absoluto al árbol, que es capaz de regenerar una nueva capa de corcho. Este hecho convierte al corcho en un recurso totalmente renovable, siempre que se respeten los tiempos mínimos para el primer descorchado y entre sacas sucesivas (9 o 10 años dependiendo del clima de la zona).

Los alcornocales producen importantes beneficios económicos

España es, tras Portugal, el segundo productor mundial de corcho y ambos países, junto con Argelia, son responsables del 80% de la producción mundial de este producto.

Se calcula que en Europa se producen unas 340.000 toneladas anuales de corcho, que suponen unos 2,5 millones de euros y están detrás de uno 30.000 puestos de trabajo.

El corcho proporciona grandes beneficios a los propietarios de las explotaciones de alcornocal, en las que, con una gestión adecuada, se pueden obtener importantes rentas complementarias de la ganadería, especialmente en las formaciones adehesadas. Aunque la bellota del alcornoque es áspera y amarga, sirve para practicar la montanera, con la ventaja adicional frente a la encina de que las bellotas se producen en varias cosechas al año.

Los alcornocales son ecosistemas de gran diversidad biológica

Los alcornocales, incluidos aquellos que se encuentran adehesados y manejados, son ecosistemas de gran diversidad biológica. En un alcornocal con una extensión similar a la quinta parte de un campo de fútbol se han llegado a encontrar hasta 135 especies distintas de plantas. Además, estos grandes árboles son elegidos como lugar de nidificación por algunas de las aves más emblemáticas de la geografía ibérica, como el águila imperial o el buitre negro; y sus frutos ofrecen una importante fuente de alimento para numerosos animales, como las viajeras grullas.

La importancia de conservar los alcornocales

El interés económico que ha presentado el corcho hasta ahora ha permitido la conservación de extensas zonas de alcornocal, así como el desarrollo de una industria sostenible. Sin embargo, el uso creciente de tapones de otros materiales, como plástico o aluminio, las políticas de gestión mal orientadas o los cambios en las estructuras sociales del mundo rural han supuesto una degradación y pérdida de los bosques de alcornoques.

Conservar los alcornocales es una misión fundamental, pues forman parte de la cultura y de los paisajes mediterráneos, son fuente de recursos económicos renovables y sostenibles y proporcionan un hábitat de gran valor ecológico y elevada biodiversidad.