En estos tiempos, en que las malas tendencias corrompen a diario a niños y jóvenes, es vital para ellos un tipo de esparcimiento sano, alguna actividad capaz de mantener sus mentes ocupadas en algo provechoso que no interfiera con las normas correctas de conducta, que de un modo ameno los instruya, los desarrolle intelectualmente y los estimule durante sus ratos libres.

Los niños, sobre todo, necesitan de un juego donde entretenimiento y didáctica se conjuguen. El ajedrez, es sin duda, el juego ideal que cumple a cabalidad con todos estos requisitos.

El ajedrez, algo más que un juego

Uno de los genios de la historia del ajedrez, el cubano José Raul Capablanca (1888 - 1942) expresó: "El ajedrez es algo más que un juego; es una diversión intelectual que tiene algo de arte y mucho de ciencia y es además, un medio de acercamiento social e intelectual"

Existen opiniones sobre si este milenario juego es una ciencia, es arte o es deporte. Sin embargo, varios ejemplos demuestran que es una combinación de los tres elementos.

Tigran Petrosian (1929 - 1984) ex campeón mundial de la ex Unión Soviética, afirmó: "El ajedrez es un juego por su forma, un arte por su contenido y una ciencia por la dificultad de ganar maestría en él".

¿Ciencia, arte o deporte?

Se considera una ciencia porque el juego requiere de constantes cálculos. Mientras más precisos sean los mismos por parte de un jugador, mayores serán sus posibilidades para obtener los mejores resultados en el futuro de una posición y por ende, en la definición de la partida. En el ajedrez existen leyes y postulados que se aplican a determinados esquemas y son como fórmulas matemáticas invariables.

Lo llaman arte porque sobre el tablero, pueden producirse los efectos del jugador - artista, quien es capaz de crear en un momento determinado, partidas dignas de ser registradas como bellas obras de arte. Grandes maestros del ajedrez como Bobby Fisher, Capablanca y Garri Kasparov entre muchos otros, han dejado patentadas varias de sus magníficas obras, cuya belleza pudiera ser comparable con la de un espléndido cuadro, una excelente obra literaria o una admirable pieza musical.

Por otra parte, desde el momento en que el juego adquiere un carácter competitivo, se le cataloga como deporte. Competencias en diferentes niveles, campeonatos nacionales, continentales y mundiales, olimpiadas por equipos en ambos sexos y otras modalidades de competencia posibilitan que el ajedrez sea considerado también como una disciplina deportiva.

Desarrollo del intelecto

El empleo durante el juego de tácticas y estrategias elaboradas mentalmente, combinadas con un imprescindible ejercicio memorístico, la aplicación de cálculos precisos y la valoración de posiciones tras los análisis conceptuales, desarrollarán paulatinamente la inteligencia del jugador.

Mientras se juega al ajedrez, la mente apenas descansa, por tanto, esto también contribuye al desarrollo del pensamiento y la imaginación. En la medida que se entrena y se practica el ajedrez, se fortalece el principio de precaución y el poder de previsión en la vida, ventajas adquiridas por la propia esencia del juego.

El ajedrez en edades tempranas

A pesar de la complejidad del juego, una curiosa particularidad que éste presenta es la posibilidad de ser comprendido en alto grado por niños de cortas edades, quienes alcanzan en ocasiones los más altos niveles. Ejemplos de ello son los niños prodigios que ha tenido el ajedrez.

Dos de los más renombrados han sido el cubano José Raul Capablanca y el estadounidense Robert James Fisher (1943 - 2008) El primero, ya desde los cuatro años medía fuerzas sobre el tablero con su padre. Años más tarde se convirtió en campeón mundial. Fisher, por su parte, a los catorce años se coronó campeón de Estados Unidos y obtuvo la norma de gran maestro a los quince. Tiempo después, también obtuvo el cetro mundial.

Los récords impuestos por niños prodigios ajedrecistas en los últimos años han sido asombrosos. El ucraniano Sergey Karjakin obtuvo la categoría de gran maestro de ajedrez ¡a los doce años! cosa que conmovió al mundo de los trebejos, y el noruego Magnus Carlsen quien con diecinueve años es el primero en la lista del 2010 de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) y obtuvo esa máxima categoría a los trece.

El surgimiento de otros prodigios ajedrecísticos a lo largo de la historia, demuestra la importancia de comenzar bien temprano, incluso desde edades preescolares.

Ajedrez escolar

Desde siglos pasados, varias celebridades se percataron de la importancia de incorporar el ajedrez a la educación. Una cita conocida es la del libertador Simón Bolívar (1783 - 1830) "El ajedrez es un juego útil y honesto, indispensable en la educación de la juventud".

Debido a las ventajas que el ajedrez aporta a la formación intelectual de los niños, en muchas escuelas del mundo se ha incorporado a los programas de enseñanza de un modo obligatorio. En Estados Unidos, marcha a la vanguardia la compañía Chess Emporium, que le ofrece neta prioridad al ajedrez en la ciudad de Phoenix, Arizona. Esta compañía se encarga de difundir la práctica de este juego en más de 250 escuelas y cuenta con un buen número de instructores con experiencia en las clases del ajedrez.

Una destacada integrante de la compañía, la cubana Liulia Cardona, quien ostenta la categoría de Maestra de la FIDE entre mujeres e imparte sus clases de ajedrez en varias escuelas, opina: "Como el ajedrez hace a la gente más inteligente, es bueno que un niño lo practique desde bien temprano. El ajedrez enseña a pensar con más lógica y a usar las matemáticas; permite analizar muchas jugadas adelante antes de dar un paso en la vida. Educa a los niños dentro de un medio sano. Además, creo que como decía Fisher ¡el ajedrez es vida!