El ajedrez es más que un juego, es un deporte y un arte. Con más de 1.000 años de historia, seguramente es el más antiguo de los juegos de tablero. Acerca de este, el escritor austríaco Stefan Zweig dijo que es “el único juego que pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas y del que nadie sabe qué dios lo legó a la tierra para matar el hastío, aguzar los sentidos y estimular el espíritu” (Novela de Ajedrez).

“Se aprende jugando”

Cuenta una leyenda que el rey Devasarma, el “Gran Rey de las Cinco Indias”, envió un embajador al palacio del rey persa Nushirwan con un presente en homenaje a su soberanía, un tablero de ajedrez con sus piezas confeccionados de marfil y ébano. Acompañando a aquel presente iba una carta en la que le proponía el reto de descubrir los principios del juego, su secreto. De esta manera se pretendía poner en lid quién de ambos poseía una más elevada sabiduría. Tras examinar con detenimiento el tablero y las piezas, el rey Nushirwan quiso indagar acerca de la naturaleza del juego y el uso de las piezas. En respuesta, el embajador indio le dijo: “Majestad, lo que deseáis saber solo se aprende jugando el juego”.

El nacimiento del Ajedrez, historia y leyenda

Todo apunta a que el nacimiento del ajedrez tuvo lugar en la zona conocida como Medio Oriente. Para la mayoría proviene de la India, y algunos opinan que nació en Persia. No obstante, los arqueólogos han desenterrado en Mesopotamia, en la cuna de la humanidad, varias figuras de ajedrez, de una antigüedad posiblemente anterior al patriarca Abrahán.

El juego llegó a España de la mano de los árabes, quienes para el s.VII ya tenían tratados escritos sobre el juego. Después se extendió a Europa por las rutas comerciales.

Aunque existen numerosas leyendas acerca del origen del ajedrez, seguramente la siguiente sea una de las más famosas: la leyenda de Sissa.

Esta leyenda, con múltiples variantes, sitúa el nacimiento del ajedrez en la India, más concretamente en el Valle del Indo, y data del siglo VI d. C. Cuenta que el inventor del ajedrez fue un joven llamado Sissa, que lo creó para devolverle la alegría al corazón del rey, cuyo hijo había muerto en combate. Tras mostrarle el juego y enseñarle las reglas del mismo, comenzó a jugar y fue tal el éxito que alcanzó entre los miembros de la corte, que el rey le concedió al inventor la posibilidad de elegir la recompensa que quisiera.

El joven Sissa no solicitó riquezas ni gloria, sino que le fuera concedido un grano de trigo por la primera casilla del tablero, dos por la segunda, cuatro por la tercera y seguir así doblando la cantidad hasta totalizar las 64 casillas del tablero.

El rey se sorprendió de la extraña petición, a la par que pobre y se apresuró a ordenar a sus tesoreros el pago del trigo requerido, considerando que le iba a salir barato. Pero pronto se vio obligado a cambiar de opinión, ya que sus consejeros le advirtieron de que lo que le había pedido el inventor no se lo podían conceder, pues no había granos suficientes en todo el reino, ya que la cifra ascendía a 18.446.744.073.709.551.615, lo que equivale a unos 200.000 millones de contenedores, los cuales tardarían en ser recogidos 1.173.055.797 siglos.

El ajedrez y las matemáticas

Desde sus inicios el ajedrez y las matemáticas han estado estrechamente relacionados. Para jugar al ajedrez y para resolver problemas matemáticos se utilizan las mismas capacidades: estrategia, lógica, táctica y pensamiento abstracto. Grandes matemáticos de todos los tiempos, como Gauss, Euler o Charles Lutwidge Dodgson, más conocido por su seudónimo Lewis Carroll, el autor de Alicia en el País de las Maravillas, han planteado, estudiado y resuelto muchos problemas matemáticos relacionados con el tablero de 8 x 8 y el movimiento de las piezas del ajedrez. Aunque el juego está limitado por el número de casillas y piezas, la cantidad de diferentes partidas que pueden ser jugadas se calcula en torno a 10120 un 1 seguido de 120 ceros. Esta es una cifra superior a la del número estimado de átomos en el universo.

El ajedrez ha sido llamado juego ciencia. Su práctica permite mejorar habilidades intelectuales como la concentración, la estrategia, la lógica, la planificación y el pensamiento lateral. Además de entretenido, el ajedrez es una estupenda herramienta educativa.