El agua es uno de los elementos más importantes para el cuidado natural del organismo; su utilización correcta puede prevenir ciertas enfermedades y atenuar molestias. Esta cura con el agua, aplicada exteriormente, se denomina hidroterapia.

Ya la conocían los antiguos griegos, posteriormente los romanos con sus termas, y los árabes con sus albercas, le rindieron culto a los beneficios del agua.

Hay muchas formas de tomar contacto con el agua y varias actividades que, en vacaciones, se pueden aprovechar para mejorar la salud.

El agua; cuanto más fría, mejor

El agua fría produce una reacción completa en el cuerpo; esto significa que activa los resortes vitales de todos los órganos. Estimula la circulación de la sangre y produce un efecto calorífico. Además constituye uno de los elementos que más ayudan a obtener una nutrición perfecta: se producen corrientes nerviosas glandulares (principalmente en el hígado) que aumentan las oxidaciones de los elementos nutritivos que lleva la sangre y los desechos que arrastra, procedentes del funcionamiento de los órganos.

El sistema nervios es otro de los grandes beneficiarios de esta saludable costumbre, ya que sale estimulado y fortificado, al mismo tiempo que mejoran sus funciones.

También favorece el trabajo del corazón, porque disminuye la tensión de la sangre al llegar ésta a la piel, en el momento en que el organismo reacciona a la sensación del frío inicial.

Todos estos beneficios que reporta el agua fría, no son válidos en el caso de niños pequeños o ancianos. Por el contrario, el frío puede resultarles paralizante, por lo que sería más conveniente elegir piscinas de aguas termales o tibias.

El agua de mar

Además de todas las reacciones del agua fría, se deben agregar los particulares beneficios que reportan el clima y el aire marino. Sus factores determinantes son: máxima presión atmosférica y tensión del vapor de agua, temperatura media más alta que en las regiones altas, existencia en el aire de sales como yodo, bromo y silicio.

Este clima constituye un buen estimulante de todas las funciones del organismo: aumentan los glóbulos rojos, el consumo de oxígeno y la pigmentación de la piel, debido a la acción oxidante del aire de mar.

Caminar descalzo por la orilla del río o el mar

Esta práctica estimula la circulación de la sangre, logrando que los pies se conserven siempre calientes. La buena circulación en los pies repercute en todo el cuerpo, dado que evita la acumulación de sangre en otros órganos, impidiendo así el estancamiento de toxinas y desechos orgánicos.

Efectos del agua y el Sol

Las acciones combinadas del agua y el Sol, favorecen el rejuvenecimiento. Por un lado, el agua fría tonifica los órganos, devuelve el tono normal a los tejidos. La desintoxicación, junto con la acción específica del agua fría, logra el efecto especial de una tersura en la piel que también se ve beneficiada por una regulada exposición al sol.

El agua fría produce una contracción de las arterias, que inmediatamente después, se dilatan; existe un movimiento alternativo. Esto constituye una verdadera gimnasia para el cutis que favorece todas las funciones de la piel: eliminadora, termorreguladora, absorbente y protectora.

La práctica de “un ratito al sol, un ratito al mar” no es la más aconsejable. Los sistemas nervioso y circulatorio se ven obligados a reaccionar repetidas veces, produciéndose al cabo de las horas, un agotamiento de las fuerzas vitales.

El Sol y el mar pueden realizar verdaderos milagros sobre la salud, con la condición de que se sepa aprovecharlos.