En el documental "Líbranos del mal", el sacerdote católico Oliver O ‘Grady reconoce abiertamente su predilección sexual hacia los niños. Actualmente y después de ser acusado en reiteradas ocasiones de abusar sexualmente de menores, hoy adultos, vive en libertad en Irlanda. En su infancia, O ‘Grady sufrió abusos sexuales por parte de su hermano mayor y de dos sacerdotes de la iglesia de Saint Michael. Aunque según dice ha pensado muchas veces que sus inclinaciones pederastas son consecuencia de aquéllos abusos, no logra a conectar los hechos.

Los gastos de defensa en juicio por denuncias de abuso sexual, han costado a la Iglesia Católica aproximadamente un millón de millones de dólares.

El abusador

El abusador suele ser un varón heterosexual, de entre treinta o cuarenta años que aparentemente lleva una vida normal. Solo alrededor de un 15% son del sexo femenino, normalmente mujeres maduras que mantienen relaciones sexuales consentidas con adolescentes. Entre un 20 y un 30% de los abusos son cometidos por otros menores. Un diez por cien de los abusadores han sido víctimas de abuso sexual en su infancia o adolescencia.

El pedófilo suele llevar aparentemente una vida tranquila y está completamente integrado en la sociedad, careciendo de historial delictivo. Es normalmente un familiar de la víctima, un amigo de la familia o una persona cercana como por ejemplo, el sacerdote de su parroquia, el entrenador de su equipo deportivo, un profesor o el padre de un amigo. La técnica del agresor es iniciar una relación de amistad y de confianza con la víctima, valiéndose de la seguridad en sí mismo que un adulto aparenta a los ojos de un niño, de esta manera consigue que esta relación de amistad se convierta poco a poco en una sensación de admiración. El niño llega a idolatrar al abusador y a transmitir esta sensación a su familia, que termina por mostrarse encantada de ver a su hijo tan feliz con su nueva amistad e incluso ven en el abusador una influencia positiva para la víctima.

El abusado

Los casos más populares de abuso sexual son los cometidos por sacerdotes hacia víctimas del sexo masculino, debido a que los abusos se cometen en instituciones religiosas en las que normalmente se segrega a los alumnos por sexos, pero las estadísticas demuestran que tan solo una de cada cuatro víctimas es un varón.

El abusado suele pertenecer al sexo femenino y su edad oscila entre los ocho y los doce años de edad. Normalmente padece una situación desestructurada en su hogar, es víctima de malos tratos o padece algún tipo de retraso mental o minusvalía psíquica, también suele presentar signos prematuros de desarrollo sexual.

El abuso sexual

El abuso puede producirse en cualquier ambiente donde haya niños o menores de edad, sin distinción de cultura, etnia o clase social. Mayoritariamente se lleva a cabo en el seno familiar, por parte de padres, hermanos, tíos, primos o abuelos, también es frecuente que produzca por parte de algún amigo de la familia.

Cuando los abusos son cometidos por familiares, las víctimas son casi en su totalidad niñas. Las estadísticas internacionales demuestran que en la mayoría de los casos los responsables de los abusos son los padres biológicos.

En cuanto al proceso del abuso, se inicia cuando el abusador comienza a ganarse la confianza del abusado. Después comienza la interacción sexual, hasta que es acusado por la víctima, fase tras la cual se intenta ocultar el abuso con el fin de mantener la unidad familiar. El ochenta por cien de las víctimas nunca llega a denunciar el delito.

Señales de un posible abuso

Tan solo un siete por cien de las acusaciones de niños son falsas. A simple vista, el abuso no es perceptible, pero el menor puede exteriorizarlo de diferentes maneras, como por ejemplo el autismo, la dificultad de manifestarse emocionalmente, la tendencia a autolesionarse, la depresión o el fracaso escolar.

Cuando un niño señala que está siendo víctima de abusos, la reacción más frecuente suele ser la de encubrir al abusador, que normalmente suele ser el padre, con la falsa creencia de que los actos abusivos no volverán a producirse y que de esta manera se solucionará el problema.

Ocultando el abuso solo se consigue arruinar la vida y la salud mental del menor que un día se convertirá en adulto. Las secuelas del abuso sexual infantil a largo plazo van desde la incapacidad de mantener una relación sentimental estable hasta la adicción a las drogas, el alcoholismo, el suicidio o el abuso de otros menores en la vida adulta. La ley ampara a las víctimas de abuso sexual infantil en todos los países del primer mundo, por lo que es imprescindible interponer una denuncia ante cualquier indicio de tal delito.