
- La familia y el abuso sexual - google images
El abuso sexual infantil es una de las circunstancias más terribles con las que se puede enfrentar el ser humano. Claudia Rubins cuenta con una dilatada trayectoria en este campo; con postgrados en psiquiatría forense, terapia familiar, mediación, salud integral del adolescente, psicología social, temáticas de violencia familiar, de género y contra la integridad infantil, magister en salud mental, especialista en psicodiagnóstico infantil y de adultos, en psicopatología de adultos y de niños y adolescentes. Claudia, desde su experiencia profesional, alerta sobre esta desconocida realidad.
Salud mental: el primer paso, la familia
¿Cómo reacciona la familia ante una situación de abuso?
En estos 30 años he conocido de todo: familias que resueltamente colaboran en la defensa de las/os niñas/os y familias que encubren groseramente al abusador, expulsando a la víctima del grupo y culpabilizándola por romper el secreto con el que todos “estaban bien” (menos la víctima, claro).
Entre estos extremos, conozco situaciones en que algunos miembros de la familia pueden acompañar a las víctimas mientras otros miran para el costado; y casos extremos en que, por ejemplo una madre que se entera de lo que ha ocurrido, no tiene escapatoria social más que quedarse al lado del victimario, si bien instrumentando medidas de cuidado hacia los hijos.
Aquí me gustaría introducir un tema del que poco se habla y es que “a los abusadores, les gustan los chicos”, y por tanto, cuando la niña/o víctima va creciendo y alejándose del “target” de su deseo, otro miembro del grupo empieza a correr peligro.
Estas madres, que socialmente se encuentran sometidas muchas veces al sujeto victimario, cuando extreman sus cuidados, quiero decir que protegen a sus otros hijos de padecer esta situación.
En cuanto a mis pacientes adultos, podría asegurar que casi nunca develaron lo que les ocurría. Y casi nunca recibieron cuidados al respecto.
La psicología del menor
¿Fabulan los niños cuando verbalizan los abusos sexuales?
En términos clínico forenses te diría que me resulta muy poco feliz la utilización del término “fabulación”, que usan casi todos los códigos que conozco.
Entre otras cosas, porque el uso corriente de la palabra fabulación desliza un sentido de mala intención, como homologándolo al concepto de mentira. Por eso elijo el término “fantasear” antes que fabular.
Todos los niños fantasean. Un niño que no fantasea no es normal. Es más, la mayoría de las víctimas de ASI tienen una reducida capacidad de fantasía.
Ahora bien: si se trata de diferenciar fantasías sexuales de experiencias sexuales, existen elementos forenses específicos de evaluación de credibilidad de testimonios (cuando los niños hablan y cuentan) y también de comprensión de sus conductas.
En general cuando los defensores de los abusadores quieren “embarrar la cancha” mencionan varios argumentos: que los chicos mienten, que alguien los induce, que vieron cosas en la televisión….
Pero, como ejemplo grosero, te diría: ¿es lo mismo lo que un niño puede relatar por haber visto una película que cuando da detalles por ejemplo del color, sabor y/o temperatura del semen? Es un ejemplo muy extremo, pero vale como ilustración de que existen modos de diferenciar la exposición a material pornográfico, la inducción y las fantasías de lo que ha sido experimentado por los niños.
Desgraciadamente, para la justicia cuando no hay un relato suficientemente contundente las acusaciones no prosperan.
Psicólogos y otros profesionales: un eslabón mejorable
¿Están, en general, los profesionales preparados para atender adecuadamente los casos de ASI?
Creo que algo te comentaba al principio: si bien es un tema cuyo interés ha ido in crescendo, aún queda mucho por hacer.
Cada día me encuentro con profesionales que desconocen lo elemental para comprender estas problemáticas y, por tanto, no las detectan ni las previenen, y mucho menos las abordan.
También existe un grupo cada vez mayor de personas que se capacitan específicamente, buscan información y se ponen en marcha, construyendo redes de prevención, detección y tratamiento. Lo que aún no advierto es que la capacitación sea sistemática y obligatoria, por ejemplo, en las formaciones de grado.
Detactar el abuso sexual
¿Lo están los organismos encargados de detectarlo?
Es complejo darte respuestas totalizadoras.
Hay organismos que cuentan con operadores eficientes, entrenados, comprometidos y con capacidad para detectar y asistir estas problemáticas.
También es cierto que casi siempre estas personas terminan sobrecargadas, excedidas en sus horarios y responsabilidades y, apenas consiguen otro tipo de destino laboral, dejan sus trabajos y la rueda de búsqueda de nuevos operadores (y su capacitación) se inicia nuevamente.
Durante estos años he visto este fenómeno repetirse muchísimas veces, el burn out de los operadores de los servicios de salud y protección de derechos de los niños es muy evidente, y el Estado siempre llega tarde para diseñar estrategias de cuidado para que las personas calificadas no dejen el sistema.
Abuso sexual y justicia
¿Y lo está la justicia?
Bueno. Este sí es un tema de cuidado.
En la justicia los funcionarios en general tienen garantizada su estabilidad, permanecen en sus cargos y su remuneración es mejor que la de los servicios de salud. Sin embargo, existe una enorme diferencia, en cuanto a la detección y castigo de las cuestiones de abuso infantil entre la primera y la segunda instancia.
Es decir, los jueces de familia, los defensores de menores, los jueces de menores, los fiscales en general tienen claro de qué se trata, y son permeables a las sugerencias y conclusiones de los expertos. En cambio, es muy escasa la cantidad de abusadores que resultan finalmente condenados, ya que muchos de los funcionarios juzgadores (tribunales orales) minimizan este delito, sus secuelas, etc.
Creo que esto ocurre tanto por desconocimiento y falta de capacitación específica como por resistencia personal –en el marco del fenómeno de backlash– por los marcados atravesamientos machistas que aún muestran nuestras sociedades del tercer mundo.
