La educación en la actualidad cuenta con un número ilimitado de estudios, interpretaciones y propuestas y los estudiantes, que son los principales destinatarios de ella, se hacen preguntas como ¿por qué debo de escuchar lo que me dice un señor (o señora) que fue joven hace mucho tiempo?, ¿para qué me sirve lo que me enseñan en la escuela? y otras cuestiones más.

No se trata de que el joven estudiante haga o deje de hacer lo que le dictan, tampoco se trata de dar gusto a las personas como si la vida académica se tratara de un capricho del gobierno, de los padres de familia o los tutores legales. La enseñanza escolar se traduce en dos cosas: el fortalecimiento de las bases humanas y morales que los jóvenes ya traen de la educación impartida por los padres y la construcción de los cimientos académico – intelectuales que ayudarán a los jóvenes a elegir una carrera u ocupación profesional, misma que se supone ejercerán el resto de sus vidas.

Ahora, la vida de los jóvenes el día de hoy está permeada por múltiples influencias, tales como el desarrollo acelerado de la ciencia y la tecnología, la transmisión de mensajes por medio de instrumentos masivos de comunicación como el radio o la televisión que invitan al superficial consumismo económico, la adopción de un rol social en sus diversos círculos (familia, vecinos, política, etc.). Aunado a lo anterior se integran los constantes cambios biológicos a los que están inevitablemente condenados, las hormonas ganan terreno sobre la razón, predominan los sentimientos y terminan tomando decisiones ocasionalmente equivocadas.

Por tal motivo se comparten algunos puntos clave para que los estudiantes puedan llevar una vida académica y humanamente sana en la institución educativa en la que se desenvuelvan, independientemente de que ésta sea pública o privada:

A) CUMPLIR CON EL MATERIAL DE LAS DIVERSAS ASIGNATURAS.

Este punto es muy importante porque es la entrada a la clase del día. Un estudiante sin material se distrae fácilmente y en el momento de las actividades individuales le quedará tiempo ocioso, por lo que no aprovechará el tema al máximo y tampoco logrará los objetivos de aprendizaje planteados por el profesor y enriquecidos por los estudiantes.

El estudiante que cuente con su material de trabajo en cada clase, descubrirá con mayor facilidad los objetivos del temario y adquirirá un sentido de la auténtica responsabilidad poniendo atención en los pequeños detalles.

B) SABER SEGUIR INDICACIONES.

Este es uno de los puntos débiles de los jóvenes, pues no escuchan lo que se les dice, simplemente oyen y critican la actividad antes de que se les termine de decir de qué se trata. Tampoco leen lo que se les propone, lo cual va desde una simple instrucción en el material de trabajo o el pizarrón, hasta un lineamiento en un examen. Así mismo, la mayoría de los estudiantes muestran problemas para fijar la atención, lo cual se refleja cuando preguntan lo que ya se ha dicho, repetido y explicado o también cuando preguntan un procedimiento aun teniéndolo por escrito en no más de dos renglones.

Si el joven aprende a seguir indicaciones desarrollará necesariamente hábitos de orden que lo llevarán a tener una vida organizada, por lo que distinguirá claramente metas y objetivos a corto mediano y largo plazo, así como los medios necesarios para conseguir lo que se proponga.

C) UN LUGAR PARA CADA COSA Y CADA COSA EN SU LUGAR.

En la actualidad es común que los estudiantes le presten mayor atención a los momentos recreativos que a los reflexivos, pues la información a la que están expuestos es tan vasta que es complicado que distingan metas a largo plazo, poniendo mucha atención en el presente y la experiencia del hoy y descuidando la conciencia de que se pueden generar consecuencias negativas si no se pone especial atención a lo que se hace a en cada momento de la vida (esto en la medida de lo posible).

El estudiante que aprenda a dedicar todo su esfuerzo a lo que le exija el momento será capaz, por consecuencia, de elaborar los proyectos necesarios para los diferentes contextos de la vida en los que se mueve cada ser humano, lo que llevará a lograr objetivos y experimentar la satisfacción de un trabajo bien hecho, el cual no se limita solo al ambiente académico, sino a todos los aspectos de la vida de una persona.

EN CONCLUSIÓN.

El hecho de que se sigan estas sugerencias no garantiza el éxito total de la vida académica, pues esta se enriquece también del toque personal de cada quien, es decir, ese estilo particular que nos hace únicos e irrepetibles como personas. En pocas palabras los logros se deberán, no al seguimiento de recetas, sino al esfuerzo y dedicación que se ponga a las circunstancias para obtener dichos logros, ya que solo así se obtiene el auténtico triunfo.