Mientras se celebran con normalidad por toda España las elecciones municipales y autonómicas (a excepción de cuatro Comunidades Autónomas: Andalucía, País Vasco, Cataluña y Galicia, que celebran sólo municipales), prosiguen con igual normalidad, y en un ambiente no menos pacífico y democrático, las asambleas y concentraciones del llamado Movimiento del 15-M, en la mayoría de las principales capitales de provincia, amén de numerosos pueblos y ciudades, no sólo en el país sino también en el extranjero (en lugares tan distantes como Bruselas, Roma, Atenas, Berlín, Washington D.C., Buenos Aires, Montreal, Tokio o Sidney).

Naturaleza del 15-M, "¡por una Democracia Real YA!"

La increíble extensión del movimiento despierta sorpresa y admiración en los medios de comunicación y la opinión pública, a nivel internacional. El pasado 21 de mayo de 2011, por ejemplo, jornada de reflexión previa a las elecciones, la palabra más buscada en la web del periódico norteamericano The New York Times era “Spain”, y las búsquedas relacionadas con esta keyword iban principalmente relacionadas con noticias sobre el desarrollo de las asambleas y acampadas del 15-M por toda España.

Desde dentro del movimiento -que lleva, a día de hoy, una semana de lucha-, especialmente, desde su órgano principal de representación y creación de propuestas, las asambleas (en plural, pues no existe de momento una única central, sino tantas como ciudades hay en donde la población se ha movilizado y protestado), se hace hincapié a diario, en el carácter apartidario, asindical y arreligioso del movimiento, abierto a todos.

Un fenómeno que, en contra de lo que han dicho algunos medios de comunicación, se definió desde el principio a sí mismo de forma clara como un movimiento ciudadano y libre –¡que no libertino, no confundan!–, espontáneamente surgido de la voluntad popular, y a favor de la creación de una democracia real y participativa, y la búsqueda de espacios públicos que sirvan como vehículos de expresión y diálogo para la ciudadanía descontenta o indignada con la situación actual.

Una terrible situación social que, en España, viene caracterizada por la crisis económica enconada, el paro y la precariedad laboral crecientes, y la corrupción de gran parte de la clase política, cada vez más distanciada, además, del verdadero sentir del pueblo que gobierna.

Los indignados ¿quiénes son?

El descontento social generalizado en la actualidad, ante la política gubernamental de recortes sociales (el Pensionazo, congelaciones y recortes en pensiones y sueldos de funcionarios, medidas ineficaces contra el paro,…), la llamada “venta del país” por parte del gobierno a la banca internacional –un gobierno que parece más preocupado por rescatar financieramente a los bancos, causantes del problema, antes que a los ciudadanos arruinados por la crisis–, y el descrédito de unos políticos cada vez más corruptos y elitistas, entre otras cosas, explican tal indignación.

Un malestar colectivo sentidísimo, que es la raíz de este espontáneo brote de ira popular (ira paradójica pero admirablemente canalizada por vías de tolerancia y diálogo), dando uno de sus sobrenombres más característicos a los movilizados del 15-M: los “indignados”.

Seudónimo popularizado en principio por la prensa, pero que ha caído en terreno abonado, pues sintetiza a la perfección el sentimiento de gran parte de la sociedad española que, independientemente de su afiliación política, religión, sexo o edad, clama por un cambio efectivo, pidiendo una democracia participativa más directa.

Se definen, igualmente, como un movimiento de desobediencia civil pacífica, que cree que el poder se ha alejado demasiado del pueblo, exigiendo consecuentemente que este poder vuelva a recaer en los ciudadanos. Se quejan igualmente de la falta de respuesta del poder económico mundial, que además de empeorar la crisis, aumenta la brecha global entre ricos y pobres, y amenaza con destruir los logros sociales conquistados en Occidente durante el siglo XX.

Se basan en fuentes diversas, entre otras, en el manifiesto ético del libro Indignez Vous! (“¡Indignaos!”) del francés Stéphan Hessel, en el ejemplo de Islandia, y en las revueltas de la famosa Plaza Tahrir y los recientes movimientos pro-derechos humanos en numerosos países árabes.

Los “indignados” defienden su derecho a expresarse libremente, a despertar sus conciencias políticas en busca de un cambio real, por una democracia real. No piden el voto para ningún partido, aunque tampoco la abstención; tampoco quieren entorpecer el desarrollo normal de las elecciones, aunque se quejan del insano bipartidismo imperante. Pero buscan elaborar, entre todos, soluciones concretas a través de las asambleas ciudadanas, aparte del típico mecanismo electoral.

Ante las prohibiciones de concentración por parte de muchas Juntas Electorales, las asambleas responden con su persistencia por tiempo indefinido, y por su derecho legal de reunión (véase Artº. 21 de la Constitución).

Indignados, variopintos, pero cohesionados

Unas 56.000 personas, autodefinidas como "mileuristas, parados, precarios e indignados" continúan reunidas el 22 de mayo en la Puerta del Sol de Madrid, y su número crece. Con cifras sólo ligeramente menores (45.000-20.000) la siguen Barcelona, Bilbao y Valencia; luego Sevilla, Málaga, Granada, Palma, Santiago, (entre 15.000 y 4.000 asistentes); y un largo etcétera de concentraciones menores repartidas, en número de quinientas, por otros municipios y por el extranjero.

El movimiento 15-M, aun bajo la presión de una teórica prohibición, sigue reuniéndose por propia voluntad desde hace una semana, con un éxito que demuestra su cohesión y capacidad de organización. De hecho, cada asamblea cuenta con grupos propios de comunicación, difusión -principalmente a través de redes sociales como Facebook y Twitter-, logística, e incluso con abogados, guarderías, cocinas solidarias, servicios de limpieza...

Pese a toda prohibición, la revuelta está cosechando un imparable éxito, pues incluso en ciudades, como Granada, en donde se prohibió expresamente la concentración ante el Ayuntamiento desde el día 21 (jornada de reflexión), la policía no ha intervenido desalojando a los manifestantes –incluso algunos sindicatos policiales y jueces manifestaron en principio su simpatía por el movimiento–. Y todo prosigue con ejemplar normalidad en un ambiente de diálogo, mientras, desde Madrid, se acaba de decidir proseguir con las acampadas una semana más, en principio, decisión secundada por las demás asambleas.