La renuncia a la Presidencia de Egipto por parte de Hosni Mubarak ha desatado la alegría de los habitantes del país del Nilo. Ayer tarde, millones de egipcios se echaron a la calle para celebrar su victoria después de 18 días de protestas continuadas contra el Gobierno corrupto y dictatorial de Mubarak. La plaza de Tahrir se convirtió en el epicentro del júbilo de una nación que ve en la caída del presidente Mubarak un futuro lleno de esperanza.

Egipto en manos de una Junta Militar tras la caída de Mubarak

Mubarak ha abandonado el poder, pero lo ha dejado en manos del Ejército. Esta institución es la que tutela el país desde que, en 1952 diese un golpe de estado y acabase con la monarquía del rey Faruk I. Los presidentes Nasser, Sadat y el propio Mubarak provienen de las filas del Ejército. También Omar Suleiman, el delfín de Mubarak proviene de las filas del Ejército, ya que dirigió la inteligencia militar desde 1993 hasta que fue nombrado vicepresidente el pasado 29 de enero, ya con la ciudadanía protestando en las calles.

A pesar de que el papel del Ejército ha sido ambiguo durante las semanas que han durado las protestas y se ha negado a disparar contra el pueblo, es difícil que rompa con su tradición y de paso a un proceso realmente democrático. El egipcio es un Ejército muy vinculado a la influencia estadounidense en el país árabe y su equipación y entrenamiento provienen fundamentalmente de los militares estadounidenses.

La democracia en Egipto frente a los intereses económicos y estratégicos

A pesar de la petición de la Casa Blanca y de las cancillerías europeas de que en Egipto se instaure un régimen verdaderamente democrático, hay que destacar que los intereses económicos y estratégicos van a primar sobre las ansias de una población cansada de vivir durante décadas sometidas a un régimen semifeudal.

Y el Ejército egipcio ha sido el garante de esos intereses, que son básicamente la garantía de flujo del petróleo a través del canal de Suez, la contención de los movimientos islamistas radicales y el respeto al estatus de Israel en Oriente Medio.

El efecto dominó de la revolución en los países árabes

La pelota está ahora en el tejado del ministro de Defensa y líder de la Junta Militar, Mohamed Tantaui. De las decisiones que tome en los próximos días va a depender el futuro, no solo de Egipto, sino de varios países que están mirando hacia El Cairo con suma expectación. Los ciudadanos de países como Argelia, Túnez, Yemen o Jordania también se han echado a la calle durante estas últimas semanas, pero si no se da un vuelco realmente democrático en Egipto, es probable que desistan y vuelvan a sus casas.

El efecto dominó egipcio puede, por tanto, actuar en un sentido u otro en estos momentos. Si la revolución egipcia se salda con cambios superficiales y algunas concesiones a las demandas populares, el equilibrio de poder en Oriente Medio y el Norte de África seguirá intacto. Pero si realmente se convocan elecciones libres, se redacta una nueva constitución basada en principios democráticos claros, los vecinos de Egipto van a desear imitarles por encima de todo. Y ahí puede radicar el verdadero cambio: la desaparición de una forma de gobierno que viene funcionando en los países árabes desde la década de los 50 del siglo pasado.

La posición del Ejército será clave en el futuro de Egipto

La clave de futuro del mundo árabe está por tanto en manos del Ejército egipcio. La revolución aún no ha triunfado en El Cairo, a pesar del importante paso que ha supuesto conseguir que Hosni Mubarak renuncie a su cargo. Los 80 millones de habitantes del país del Nilo y las pirámides despiertan hoy con la resaca de haber vivido un día histórico, pero en sus manos está que sus esfuerzos no hayan sido en vano. Si los cambios no pasan de lo superficial, sus esperanzas de vivir en una sociedad más justa se desvanecerán en la noche de la Historia.