La radioactividad es la emisión de energía por la desintegración de núcleos de átomos inestables que liberan su carga electromagnética, y es un fenómeno que se puede observar continuamente en la naturaleza, muy especialmente en algunos materiales, como el uranio, el plutonio o el radio. Este fenómeno fue descubierto a finales del siglo XIX y los primeros que estudiaron sus aplicaciones fueron Pierre y Marie Curie, que descubrieron varios elementos radioactivos y descubrieron la posibilidad de que la radiación fuera utilizada para tratar tumores, ya que parecía inhibir el crecimiento de las células cancerosas.

Desde entonces, se ha convertido en un tratamiento eficaz contra cánceres y otras mutaciones celulares y también se ha aplicado al diagnóstico de enfermedades, siendo la base de pruebas médicas tan conocidas como las radiografías y otros medios de diagnóstico por la imagen menos habituales. Desde los años 30, además, se descubrió que la radiación podía provocarse, lo que dio lugar a la aparición de la energía atómica, la energía nuclear y las armas de destrucción masiva más terribles de la historia, las bombas atómicas, cuyos efectos también sufrieron los japoneses.

Pero, ¿cuáles son realmente los efectos de la radioactividad y cuánta radioactividad hace falta para padecer algún tipo de enfermedad? Es evidente que la radiación ambiental, combinación de la producida naturalmente por los elementos radioactivos y de la que se desprende de aparatos de uso cotidiano como los microondas, los teléfonos móviles o los televisores, no nos afecta tanto como para que lo notemos, pero ¿podría hacernos daño a largo plazo?

¿Cómo se mide el nivel de radiación?

La radiación se mide según dos escalas:

  • Gray: mide la cantidad de radiación que absorbe un organismo vivo, sin importar si esta absorción tiene efectos negativos o no.
  • Sievert: mide la cantidad de radiación que absorbe un organismo y su impacto en el mismo, y es la escala en la que se basan los estudios de peligrosidad de las radiaciones.
Por tanto, la radioactividad se medirá en Sieverts cuando haya que establecer zonas de seguridad, cuando se tengan que declarar alertas médicas o cuando haya fugas como la del reactor nuclear de Fukushima.

La escala Sievert y la salud

Por debajo de los 200 milisievert no se ha detectado ningún efecto patológico. De hecho, un TAC representa una radiación de entre 50 y 60 milisievert y muchas personas se hacen varios cada año. Y, aunque a partir de los 200 milisievert pueden producirse algunos cambios en el organismo, no es hasta llegar a 1 Sievert que empieza a ser médicamente negativo.

Entre 1 y 10 Sievert se dan desajustes en la composición de la sangre.

Entre los 10 y los 20 empiezan las dolencias estomacales. Muchos enfermos tienen diarreas y náuseas y les cuesta comer normalmente.

A partir de los 20 Sievert se produce un síndrome neurológico.

Dosis de entre 50 y 60 Sievert son mortales.

Enfermedades asociadas a la radiación

En general, los efectos de la radiación se pueden dividir entre las que se producen a corto plazo y las que lo hacen a largo plazo.

A corto plazo, en aquéllos que han estado sometidos a un alto nivel de radioactividad durante un plazo corto de tiempo y han sobrevivido (como los que vivían cerca de donde cayeron las bombas atómicas en 1945 o los trabajadores que siguen trabajando en la central nuclear de Fukushima) pueden darse síntomas bastante claros, entre ellos la caída del cabello, las náuseas, los vómitos, las quemaduras en la piel, los dolores de cabeza... , en cierto modo la sintomatología recordaría a la de un tratamiento terapéutico de radiación contra el cáncer.

No obstante, los peores efectos se dan a largo plazo en personas que no fueron expuestas a la radiación más elevada pero sí a un nivel medio-alto de radiación durante bastante tiempo, o que han aspirado las partículas radioactivas del aire. Estos efectos se manifiestan un tiempo después del momento de la exposición y van desde cánceres de todo tipo a malformaciones, mutaciones genéticas en hijos de mujeres expuestas o infertilidad. La primera persona de la que se sabe que murió por este tipo de intoxicación por radiación a largo plazo fue la propia Marie Curie.

El principal efecto de la radiación es la destrucción celular y, aunque aplicada de manera puntual y controlada puede ayudar a reducir el impacto del cáncer, también puede provocarlo, ya que las exposiciones prolongadas provocan mutaciones en las células.

¿Cómo se lucha contra la intoxicación por radiación?

Aunque es imposible, a día de hoy, eliminar al cien por cien los efectos de una radiación prolongada, estos pueden ser minimizados con un tratamiento inmediato de yodo, dirigido a saturar el organismo de este elemento y así evitar la entrada del yodo radioactivo. En Japón ya han sido repartidas miles de dosis de yodo.

En definitiva, está claro que la radioactividad es un riesgo importante para la salud humana, que debe ser eliminado o controlado en el futuro para evitar crisis humanas como la de Fukushima.