El efecto invernadero cada día está más presente en la conciencia colectiva. El problema del cambio climático está indisociablemente ligado a los gases de efecto invernadero. Estas emisiones contaminantes, fundamentalmente de CO2, están generadas en buena parte por los países desarrollados a través de la industria, los automóviles o el consumo energético de los hogares.

Efectos del cambio climático

El aumento de temperatura provocado por el efecto invernadero permitirá la reproducción insectos potencialmente peligrosos que causarán enfermedades en las plantas y afectarán los cultivos, lo que puede terminar generando escasez de alimentos para una población mundial en aumento. Asimismo, las elevadas temperaturas traerán consigo una mayor demanda de agua al tiempo que se reducirán los niveles de los embalses, ríos y lagos. La mayor evaporación se traducirá en fenómenos atmosféricos más devastadores.

El aumento de las temperaturas provocaría el deshielo de los polos que, en el peor de los casos, conllevaría la desaparición de zonas habitadas, afectando, según algunos cálculos, a más de 50 millones de personas. El aumento del nivel del mar, a su vez, podría inutilizar las aguas subterráneas destinadas al abastecimiento para el consumo humano u otras actividades productivas. El cambio en el ecosistema también provocaría la extinción de muchas especies, modificándose el paisaje con consecuencias difíciles de predecir. En muchas zonas los suelos se tornarían casi desérticos.

Estos cambios también supondrían un aumento de las enfermedades respiratorias e infecciosas, originadas por insectos, plagas tropicales u otros agentes patógenos.

Protocolo de Kioto y el calentamiento global

El protocolo de Kioto nació de la necesidad de reducir la emisión de gases contaminantes. Se oficializó en 1997 pero no entró en vigor hasta el 16 de febrero de 2005. Desde entonces son 187 los estados que han ratificado dicho protocolo, con la significativa excepción de los Estados Unidos, el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo.

Está claro que los principales responsables de las emisiones contaminantes que nos abocan al calentamiento global son los países desarrollados. Es a ellos a quienes se exige un mayor esfuerzo, tal y como se recoge en el Protocolo de Kioto.

Por lo que respecta a España, puede decirse que se encuentra bastante lejos de cumplir con las expectativas fijadas para el año 2012, aunque bien es cierto que han producido algunos avances. Los planes de Gobierno para alcanzar estos objetivos pretenden una reducción del 6% de las emisiones de CO2 en sectores como la industria, el transporte o la agricultura. Otro 2% recaerá en la captación de sumideros. El principal esfuerzo, no obstante, se basa en los proyectos de desarrollo sostenible en países en vías de desarrollo, lo que debería suponer el 20% restante y que, sin duda, requerirá una importante inversión exterior.

Iniciativas privadas y particulares

Ante la concienciación del problema que supone el cambio climático, han surgido iniciativas que pretenden involucrar tanto a las empresas como a los particulares. Diversas empresas privadas se han apuntado a la reducción de las emisiones de CO2, como por ejemplo algunas compañías aéreas –un sector especialmente contaminante–. Su propuesta se basa en ofrecer un sobre coste a los pasajeros con el objeto de financiar proyectos de reducción de emisiones contaminantes en países en vías de desarrollo.

Otra iniciativa que adquiriendo cada vez mayor auge es la que busca sustituir las energías fósiles por otras energías renovables como la eólica o la solar.

Otras iniciativas promueven la instalación de sistemas que optimicen el consumo de energía, tanto a nivel empresarial como particular. Desde la iniciativa particular se insta a los consumidores a proveerse de lámparas de bajo consumo, a comprar electrodomésticos de clase A, a instalar sistemas de energía renovable siempre que sea posible, a utilizar coches más pequeños y que contaminen menos o a utilizar el tren como medio de transporte alternativo al avión o al automóvil.

El reciclaje

El reciclaje ya no solo se observa como una necesidad más o menos acuciante, sino como un comportamiento cívico cada vez más arraigado en la sociedad. El vidrio y el papel hace ya tiempo que se reciclan en un alto porcentaje, lo que supone un importante ahorro. No sucede lo mismo con el plástico, que no reporta ahorro alguno, sin embargo se trata de un producto que cada vez se produce y se consume más, por lo que resulta imprescindible darle la mayor prioridad posible en cuanto a su reciclado.

El reciclaje de los equipos eléctricos y electrónicos es igualmente vital, a fin de evitar el vertido de sustancias tóxicas. En este sentido la normativa europea, de reciente aplicación en España, es tan estricta como necesaria. Otra cosa es que se cumplan escrupulosamente las leyes y normativas creadas para evitar que el planeta, en un futuro no demasiado lejano, se convierta en un lugar inhabitable.

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