El modelo de Escuela que ha imperado en Chile por varios siglos ha negado una realidad tan evidente como es la diversidad. Si se observa dicho modelo que, porfiadamente, buscaba la uniformidad: desde la presentación personal, pasando por los aprendizajes (todos deben aprender lo mismo y en el mismo tiempo), hasta la igualdad de método para todos, inclusive la igualdad de tareas, acciones, objetos.

“Generalizar siempre es equivocarse”, Hermann von Keyserling.

Falta de identidad y creación

¿Quién no recuerda el primer árbol que tuvo que dibujar en la escuela? Había que hacerlo igualito al modelo presentado por la profesora (el profesor): las raíces, el tronco y el follaje. En toda mi vida, jamás he visto un árbol como ese, porque cualquier innovación o cambio, cualquier creatividad era visto como una deficiencia, o hasta incluso, como una desobediencia y una provocación a la autoridad. En Chile se creció en ese modelo y todavía, aunque sea tan lamentable, se encuentre muy generalizado.

"Es en la confrontación de las semejanzas y las diferencias donde los sujetos logran las producciones de mayor aprendizaje." Graciela Dragonetti.

La diversidad como herramienta

Hoy se ha ampliado el conocimiento sobre este tema gracias tanto las investigaciones de antaño como a las modernas que inciden en que la diversidad es una constante, no sólo real sino, además, deseable para el desarrollo personal. Diversidad evidente como la de género o la de aptitudes; diversidad menos evidente como el potencial personal o el tema de las inteligencias múltiples, que han dejado atrás el concepto de coeficiente intelectual; o los estilos de aprendizajes, con su enorme variedad de ritmos y velocidades, por nombrar sólo algunas de ellas.

La Reforma Educativa, en sus 17 años de aplicación y desarrollo tiene una tremenda deuda con la sociedad y particularmente con los educandos. Se reconocen los múltiples proyectos, recursos y estrategias para alcanzar una educación de calidad y equidad; a pesar de los resultados exiguos, la tarea continúa y no hay que desmayar en seguir abriendo brechas de innovación para alcanzar estándares cada vez más exigentes. Pero la demanda de educar en la diversidad y para la diversidad es una tarea pendiente.

"Si se desea formar individuos aptos para la invención y capaces de impulsar el progreso de la sociedad de mañana, de acuerdo con la necesidad que día a día se hace sentir con más fuerza, está claro que una educación del descubrimiento activo de lo verdadero, es superior a una educación que solo consista en amaestrar a los individuos para que deseen de acuerdo con una voluntad consumada y para que sepan de acuerdo con verdades simplemente aceptadas." Jean Piaget.

Esquemas de educación añejos

¿Es comprensible que todos(as) los(as) estudiantes de un país tan diverso como el nuestro tengan que aprender lo mismo? ¿Es atendible que exista una Malla Curricular Básica (Objetivos Fundamentales Verticales y Contenidos Mínimos Obligatorios) que en escasos establecimientos se logren cumplir sin dejar “espacio” para aventurarse en intereses más locales, más específicos o de necesidades particulares? ¿Son tan iguales los varones y las mujeres que se desarrolle un programa co-educacional sin ningún distingo?

¿Cómo se implementa un currículum que logre responder a esa diversidad sin dañar la unidad? ¿Están los docentes capacitados para atender esa diversidad en el aula? ¿Están las escuelas preparadas para acompañar esa enorme y maravillosa diversidad? ¿Qué se tendría que hacer para que el siglo XXI no se adentre en la historia queriendo uniformar un sistema educativo y se siga repitiendo un modelo desgastado, absurdo e ineficiente?

Hay tanto que reformar para liberar a la escuela de esquemas añejos e inservibles que probablemente habría que adentrarse en una “revolución educativa”.

Maquillaje de la Reforma Educativa chilena

Muchos de los elementos que hoy se siguen implementando en la Reforma Educativa se podrían clasificar de “maquillaje”: abordan la forma pero no el fondo. Una “revolución educativa” supondría que los distintos actores de la sociedad – sin dejar a nadie fuera, porque estamos frente a una tarea de todos -, habría que preguntarse seriamente: ¿Qué tendría que ocurrir en la escuela para que cambiara radicalmente lo que hoy hacemos; para atender la diversidad de intereses y necesidades? ¿Para responder a las demandas de un mundo vorazmente cambiante? ¿Para formar personas libres y felices; para acompañar el logro de competencias que dejen abiertas las posibilidades de realización personal más allá de una simple demanda del mercado? ¿Para que la escuela se convierta en la gran precursora de los cambios sociales, hacia la calidad y equidad, pero también al respeto a la diversidad, a la inclusión e integración, a la dignidad de las personas?

El ejercicio de decir "Si yo fuera escuela..."

S podría partir con un simple ejercicio personal haciendo un pequeño o gran ensayo que comenzara diciendo: “Si yo fuera escuela...”

Por ejemplo, “si yo fuera escuela, implementaría un currículum personalizado para cada estudiante – una vez que haya adquirido las competencias básicas–, un currículum que lo entusiasme con la investigación, el descubrimiento personal, el desarrollo de la creatividad y de la democracia, donde aprenda a valorarse como persona y a entusiasmarse por mejorar la sociedad en la que vive”.

Las preguntas son las que han sido capaces de cambiar el mundo, ¿por qué no cambiar la educación a partir de unas preguntas iniciales?

“La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser”, Hesiodo.