
- El TDAH aqueja a muchos niños en la actualidad. - Luis Miguel Bugallo Sánchez - Lmbuga
El diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) suele caer como una losa sobre los padres. Algunos pasan un auténtico duelo hasta que toman las riendas de la situación y afrontan el problema. Sin embargo, si la detección es temprana y existe coordinación entre las familias y los distintos profesionales que intervienen con el niño, el pronóstico es favorable.
En muchas ocasiones, son los profesores los que detectan el problema puesto que el alumno en cuestión protagoniza conductas altamente disruptivas en el aula de forma frecuente o se muestra incapaz de centrarse en la tarea. Pero también puede ser la familia la que percibe que algo le pasa al niño. Para ello, deben acudir al pediatra para que este realice la oportuna derivación al servicio de salud mental infante-juvenil.
Diagnóstico
Diagnosticar el TDAH no es tarea fácil, puesto que requiere de una intervención multidisciplinar. No existe una causa clara y unívoca. Por ello, suelen utilizarse pruebas neurológicas para investigar si hay un origen orgánico así como escalas de observación estandarizadas de los distintos ambientes en los que se desenvuelve el niño. Una vez recogida esta información, hay que acudir al DSM-IV para contrastarla con los requisitos que recoge este vademécum de los trastornos mentales.
Una vez realizado el dictamen, es recomendable estar en contacto con profesionales que puedan orientar a la familia sobre cómo actuar e informar al colegio para que el equipo educativo que atiende al alumno tenga en cuenta sus circunstancias.
Normalización
Lograr una situación normalizada debe ser el objetivo prioritario a conseguir. Un niño hiperactivo sin diagnosticar puede haber sido víctima de un ambiente un tanto hostil puesto que, al desconocer los adultos que le rodean su problemática, ha sido regañado a menudo por protagonizar conductas molestas.
El entorno debe amoldarse a las necesidades que presenta y mostrar un alto nivel de implicación en el tratamiento de un niño con TDAH. Es fundamental sensibilizar a todos los que desempeñen un papel importante en su vida para que entiendan sus circunstancias, sean capaces de empatizar con él y se muestren más tolerantes.
Pautas a seguir
Como ya se ha dicho anteriormente, es fundamental que exista una intervención coordinada entre la familia y los distintos profesionales que atienden al niño. Como pautas generales básicas a tener en cuenta se pueden citar las siguientes:
- Proponerle actividades variadas y de corta duración. Además, es recomendable tener en cuenta sus intereses para captar su atención.
- Establecer desconexiones programadas para liberar su inquietud motora. No se debe olvidar que exigirle que esté quieto o sentado durante demasiado tiempo es algo muy complicado e incluso frustrante para él pues necesita moverse.
- Ofrecerle estrategias de autocontrol y trabajar con él autoinstrucciones (lenguaje interiorizado).
- Proporcionarle experiencias de éxito que le ayuden a reforzar su autoestima y a sentirse capaz de enfrentarse a retos cada vez mayores.
- Demostrar confianza en sus posibilidades.
- Determinar unos límites claros y sus consecuencias para ayudar al niño a asumir responsabilidades y autorregularse paulatinamente.
Por supuesto, hay que ser muy pacientes y aprender a discernir entre cuando se ha saltado una norma y cuando su comportamiento es fruto de su impulsividad.
