
- Trayectoria de la cultura en México - Aurora Reyes
Aumentar el gravamen a telecomunicaciones y disminuir el presupuesto para la educación e investigación científica, es una medida para el corto plazo que si bien puede solucionar un problema de liquidez, genera al mismo tiempo un problema social mucho más profundo. Limita la evolución del sistema educativo y la generación y difusión del conocimiento. Se compra un presente barato pagando un futuro caro.
Una realidad paradójica
Al disminuir para la población de menor ingreso, el acceso a las telecomunicaciones de última generación y disminuir más el bajo porcentaje de acceso a la educación, se agudiza la grave paradoja de una sociedad que requiere todo lo contrario: mayor educación y acceso a tecnología de comunicación vanguardista, puntos fundamentales para el desarrollo y la competitividad del individuo y su sociedad. Si bien la ley del modelo neoliberal imperante, justifica a los empresarios el focalizar su interés en el mercado urbano y centralizado de alto consumo y a desatender zonas rurales y alejadas de bajo consumo en cuanto a servicios de telecomunicación se refiere, no sucede lo mismo con el gobierno encargado de regular la distribución de la inversión del capital de un país, inversión que debiese priorizar el acceso a la educación que es en sí, la clave para el desarrollo del estado y los individuos que le conforman. Así dicha inversión, al ser correctamente distribuida se traduce en crecimiento económico y en mayor demanda de servicios, es decir, más zonas de alto consumo.
Lo permanente y lo transitorio.
Una visión de estado desarrollada considera los efectos y consecuencias a corto, mediano y largo plazo, de las decisiones tomadas para una sociedad. Problemas como crisis económicas y especulación financiera son siempre transitorios e incluso cíclicos en la línea del tiempo. En cambio no pasa lo mismo con el desarrollo educativo y la formación de capital humano, la inversión que no se haga hoy sobre ese rubro, tendrá efectos irreversibles en el futuro. Porque la evolución y el desarrollo humano, contrario a la finanzas, se desplaza de manera lineal a través del tiempo. Luego entonces, la promoción y fomento educativo a la par del acceso a tecnologías vanguardistas por las que fluye el conocimiento humano, no pueden seguir siendo un recurso político y argumento demagógico, deben tomar su lugar protagónico en la evolución de las culturas. Hoy estos tópicos deben ser entendidos como asuntos de seguridad nacional, que dan a un pueblo soberanía y un lugar digno en el panorama internacional. Son asuntos que permanecen.
Telecomunicaciones, más capacitación e interación social
Las telecomunicaciones abren grandes posibilidades al individuo, le vinculan de manera directa con la sociedad, y no solo con la sociedad inmediata, le permite estar al corriente con cualquier sociedad alrededor del planeta con acceso a estas tecnologías. La radio, el teléfono y el Internet entre otros, son las herramientas que permiten al hombre, como especie social, estrechar vínculos sociales que dan cohesión a la especie e incluso replantear y modificar los alcances del fenómeno de la capacitación humana y la comunicación e interacción social.
¿Perpetuar un modelo caduco?
El paradigma educativo se transforma continuamente, adecuándose a las necesidades de las personas y sociedades contemporáneas. De manera prioritaria se debe dejar atrás el modelo educativo que parcializa la calidad del conocimiento en función del perfil social de los educandos, la homogenización en la calidad educativa debe ser una realidad. Resulta imperativo desechar el modelo educativo que genera clases sociales y perpetua el perfil humano que excluye y margina a priori al otro por su origen social. Disciplinar y hacer que el individuo memorice conocimientos ya no es sustentable. Si bien el pensamiento racionalista y positivista de Emile Durkheim es plenamente reconocido, habrá que reevaluar el planteamiento durkheimiano donde el educando es totalmente pasivo y por ningún motivo puede cuestionar la autoridad del docente, esto atendiendo al sentimiento conocido de frustración individual, que descarta la innovación imaginativa y el replanteamiento del canon académico de una sociedad en perpetuo desarrollo. Se debe reconocer la crisis de la disciplina clásica. Hay que dejar atrás aquello que Paulo Freire llama “educación bancaria”. El conocimiento deberá ser llevado a la realidad practica y a la vida cotidiana de las grandes mayorías, mientras que las telecomunicaciones jugarán un papel protagónico para el flujo de ese conocimiento en la sociedad global del tercer milenio.
Algunas citas.
“En México, sólo las grandes ciudades tienen acceso eficiente y amplio al Internet de banda ancha, mientras que en las comunidades rurales no existe. Apenas 7% de la población tiene acceso a esta tecnología. La telefonía móvil cubre al 75% de la población, desventaja para México ante el resto de América Latina, donde la cobertura es del 85 %”. Erasmo Rojas, presidente de la consultoría 3G Américas.
“Está clarísimo que las naciones que no están haciendo la inversión educativa correspondiente, se están equivocando. Y nosotros nos estamos quedando atrás. Caminamos, pero no al ritmo que se debe avanzar, mientras que otros están haciendo un esfuerzo superior al nuestro”. José Narro, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“La mejor alternativa que tiene un país como México para salir de la crisis es invertir en educación y en el desarrollo de capacidades de su población, no sólo porque esto tiene un impacto en el crecimiento económico, sino por que contribuye a enfrentar los problemas de desempleo y las tensiones de cohesión social”. Beatriz Pont, representante de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, (OCDE).
“La ética de la educación debe tener como objetivo fundamental la formación de seres humanos éticos (virtuosos) que revaloren y resignifiquen axiológica y epistemológicamente la vida, la Naturaleza, el oikos; y la dignidad humana, libertad, justicia, sociedad, civilidad y democracia”, según ha explicado Mario Magallón, investigador del Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos, CIALC, UNAM.
