Para nadie es una sorpresa saber que el medio ambiente está en crisis y la supervivencia del ser humano en la tierra está en grave riesgo. Hablar de ecología no es un asunto nuevo, la contaminación imperante y el cambio climático, son los mayores incentivos para reflexionar sobre el tema.

Desapego del ser humano al medio ambiente

¿Qué ha desencadenado la indiferencia y desapego del ser humano en relación al medio ambiente? Sin querer caer en reduccionismos odiosos, diremos que el factor más concomitante es la pérdida de sentido.

Los ideales se han trastocado en la búsqueda de metas y constructos que van de la mano del consumismo desmedido, del no respeto al medio ambiente y al descalabro económico producido por el individualismo y la codicia.

Fatalidad y medio ambiente

Muchos, ligados a ideologías deterministas, prefieren creer que los problemas medio ambientales son producto de la intervención de fuerzas sobrenaturales. Como dice Carlos Osorio, profesor de la Universidad del Valle, en Colombia, en una ponencia titulada "Ética y Educación en Valores sobre el Medio Ambiente para el siglo XXI", "Los problemas ambientales no son producto de la fatalidad, están relacionados con las intervenciones humanas".

Reconocer este hecho ha llevado siglos. Muchos aún no lo hacen, prefieren evadir la responsabilidad de saber que es el mismo ser humano el que ha afectado su hábitat.

Educación y medio ambiente

La educación, tal como se viene dando desde la Edad Media en adelante, no ha contribuido a mejorar mucho el asunto. Se ha caido en una simple acumulación de información creyendo la utopía de Francis Bacon: “saber es poder”.

Nos han convencido de que teniendo afirmaciones sobre la realidad, tendríamos el control. Del control, se llegó al concepto de soberanía y señorío, pero, malos dueños, no se ha cuidado apropiadamente la propiedad.

El enciclopedismo ha convertido a los seres humanos contemporáneos en zombies de los datos. Se tiene tanto, y a la vez tan poco... Hoy existe una especie de adormecimiento intelectual ante un cúmulo de antecedentes y hechos que parecen incomprensibles.

Se posee información, pero se corre el riesgo de carecer de sabiduría. Se tienen datos, pero se sufre de una carencia de sentido. En muchos sentidos falta el componente ético que permita entender la responsabilidad humana frente al medio ambiente.

Educar para un nuevo mundo

La humanidad vive un momento crucial. Educar al ser humano para darle una nueva visión de mundo, no sólo para que se encuentre a sí mismo, sino para que se sienta parte de un entorno amigable y no amenazante.

Durante siglos se ha educado para la manipulación del ambiente. Saber ocupar las cosas para usarlas bien. Descubrir para poder manejar adecuadamente los recursos que tenemos. Es preciso educar para la conciencia ambiental.

La Conferencia Mundial “Cumbre de la Tierra” de 1992 en Brasil, dejó un sabor agridulce. El informe señaló que el planeta estaba llegado a un estado de casi agotamiento. La conclusión es que si la humanidad no hace algo para corregir el uso irresponsable de sus recursos, el futuro del planeta colapsará.

En el documento conocido como Agenda 21, se propuso que, para que hubiese un cambio real, debería efectuarse una vitalización de valores medulares de todas nuestras tradiciones principales, incluyendo las religiosas y filosóficas.

Las esperanzas están cifradas en la educación. Para cambiar la relación con el medio ambiente hay que educar a un hombre nuevo. A alguien que vea su entorno, no en términos de consumo y uso, sino sabiéndose parte de un hábitat frágil que es necesario cuidar y proteger.

El rol de la educación

La Educación, en este contexto, presenta tres grandes desafíos.

  • Mostrar la necesidad de guiar el accionar humano por la justicia.
  • Mostrar que la naturaleza puede convertirse en un hábitat seguro, pero los seres humanos deben tener una relación de responsabilidad.
  • Mostrar que todos los humanos somos hermanos. Somos miembros de la humanidad y, por tanto, nos debemos respeto, admiración y solidaridad, unos con otros.
Se necesita formar a un nuevo ser humano para aprender a vivir en un medio ambiente sano y renovado.

Conclusión

Mirar hacia la educación, es observar con esperanza lo único que puede ofrecer un cambio real y permanente en el tiempo. No en el tipo de educación, que se conforma con llenar mentes de datos e informaciones, sino una educación construida sobre la base del respeto y la búsqueda de equilibrio con la naturaleza.