El menor detalle, la palabra más corta, la actitud en apariencia simple se magnifica de inmediato en la persona educada, porque nunca un nombre tan corto abarcó tanto y es, sencillamente, debido a que la educación se aplica a todas las facetas de nuestra vida en cualquier momento. Nada de fraccionarla atribuyendo a cada parte una función específica con adjetivo determinado, no; es todo más fácil si la consideramos en su indiscutible universalidad y constante presencia con el paso del tiempo.

Marco Fabio Quintiliano, maestro dedicado a la enseñanza, escritor y retórico latino durante treinta años, ya decía que "la educación consiste en hacer del hombre un ser lo menos imperfecto posible" y nuestro inmortal Miguel de Cervantes, en las variadas recomendaciones que, en boca de D. Quijote, hacía al fiel escudero Sancho Panza llegaba a la conclusión de que, tal arma poderosa e inofensiva que atrae al que la usa y produce admirable asombro en quien la observa, sólo debía tener el sencillo y atractivo nombre de ... educación .

Simples detalles de un gran valor: educación

Gestos, lenguaje y forma de actuar en general son indicativos que definen a una persona, y en especial, en reacciones adversas cuando los hechos o el momento no son agradables; es entonces donde se valora en toda su magnitud el grado de educación que posee.

En apariencia, salvo pocas excepciones, todos damos una imagen aceptable ante los demás, sobre todo cuando se mantiene una conversación o actitud de paso, donde simples formulismos se conocen y manifiestan sin el menor problema. La escena varía, sin embargo, en el momento en que las mismas personas, por un motivo a veces insignificante, ante una diversidad de opiniones acerca de cualquier tema o asunto desvían sus argumentos a la más disparatada e inútil discusión acalorada, apareciendo de repente la desagradable figura de la persona irrespetuosa, descortés ... maleducada. A partir de ese momento ya no hay vuelta de hoja y, si Dios ayuda un poco al menos impetuoso, lo mejor que puede hacer es marcharse, sin más, alejándose de un posible altercado.

La educación, una exquisita cualidad

Sí, porque exquisita como palabra sinónima de primorosa, selecta o deliciosa debería ser nuestra actitud en la vida con los demás, no sólo por propia satisfacción sino, además, por la natural ley compensatoria de dar y recibir. ¡Qué gratificante sensación la de asistir a una tertulia o simple charla, cuyos componentes adornan sus comentarios con la más suave y delicada educación! En cambio, y como se observa con frecuencia, en la calle, en la televisión o en los propios domicilios ¡qué falta de respeto, qué vergüenza y hasta qué pena da el ver, oir o soportar determinadas situaciones! No es admisible, ni mucho menos achacable a la fuerza de la costumbre ni al socorrido paso de los años que todo lo cambia, porque de siempre y al día de hoy, el concepto de educación lo mismo que el de honradez no admite ambigüedades, ni medias tintas, simplemente se es o no educado de igual forma que se es o no honrado, sin más, sin florituras, a secas.

Las buenas maneras conforman la personalidad

Desde la niñez, el ser humano se va modelando en sintonía con su entorno, pero éste al ser cambiante por múltiples razones, afecta al pequeño que experimentará las modificaciones propias en beneficio o detrimento de su personalidad dando lugar, ya en su estado de adulto, a plantearse la misma pregunta que se hiciera Mariano José de Larra en su artículo "Yo soy redactor", ¿por qué extraña fatalidad ha de anhelar el hombre siempre lo que no tiene? Sin duda porque en el fondo, en una parte recóndita de su cerebro, afirman los entendidos, falta algo sencillo y a la vez primordial que debe reactivarse, es decir, ponerlo en marcha para que aflore lo bonito, lo agradable, confirmando así la creencia del reconocido filósofo francés Rousseau de que "la educación es el desarrollo armónico de la personalidad y si quitamos de los corazones el amor por lo bello habremos quitado todo el encanto de la vida".

Educacion ayer, hoy, siempre

Que educar es enseñar los preceptos de urbanidad y cortesía ha sido la constante en todas las épocas, matizando algunos pensadores clásicos como Platón que "dos excesos deben evitarse en la educación de la juventud: demasiada severidad o demasiada dulzura", ya que en el fiel de la balanza se halla el deseado equilibrio.

También en España se enseñaba, hace años, obligatoriamente en las escuelas con el nombre de "Urbanidad", enmarcado como materia en la enciclopedia Dalmau Carles o en el texto "Reglas de urbanidad y buenas maneras" de Ezequiel Solana, donde se representa, a través de personajes y situaciones , la más entrañable evocación de un tiempo que no volverá.

Como reflexión final sobre la educación, cabe citar al gran Alejandro Dumas que, sobre mediados del siglo XIX, se hizo una pregunta a la que él mismo contestó: "¿Cómo es que siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser fruto de la educación".