La orientación sexual para los jóvenes permite en cierta forma asesorar con relación a los derechos sexuales, así como también prever conductas de riesgo.

Argentina ha implementado a través de una ley sancionada hacia 2006, la inclusión de contenidos relativos a la educación sexual en las escuelas de todo el territorio nacional.

La necesidad de un proyecto de educación sexual

La puesta en práctica de talleres de orientación sexual se viene realizando, desde la década de los 90. En un principio siendo un contenido extra programático, luego y a partir de la ley, se erige como contenido curricular.

La necesidad de instrumentar proyectos que desde la escuela orienten hacia una conducta sexual saludable, surge a partir de los siguientes indicadores:

  • Alto número de embarazos adolescentes.
  • Situaciones de desconocimiento con relación al funcionamiento tanto del aparato genital femenino como masculino.
  • Problemáticas de abuso y abortos.
  • Desconocimiento acerca de las enfermedades de transmisión sexual (ETS).
  • Crecimiento de contagio de VIH.
  • El escaso diálogo acerca del tema entre los jóvenes y sus padres.
Si bien los contenidos acerca de la constitución y función del aparato sexual femenino y masculino ayudan a esclarecer cuestiones relativas a las relaciones genitales, a veces no abren el debate dirigido a las prácticas de una sexualidad responsable.

Cuando se habla de sexualidad responsable se apunta a la orientación hacia el cuidado integral del cuerpo, posibilitando no solo el cuidado físico, sino también psíquico.

La sexualidad y autoestima

Con relación a la salud reproductiva debería preverse el trabajo en talleres que promocionen los derechos sexuales y reproductivos, cuestión no menor, ya que implica una perspectiva en donde se apunta a elevar la autoestima, el reconocimiento del propio cuerpo y el cuidado del mismo.

Por otra parte, es necesario favorecer conductas que se orienten al auto cuidado, además del cuidado del otro, esto posibilitaría una vida sexual sin coacción y fundamentalmente sin violencia. La información que tienen muchos adolescentes tiende a ser deficiente y proclive a que se coloquen en situaciones de riesgo tanto físico como psíquico.

Cuando se enuncia el riesgo físico se apunta no sólo a la posibilidad de contagio de enfermedades de transmisión sexual, sino también a la posibilidad de la consumación de un embarazo no deseado. La sexualidad marca la puesta en el escenario de los afectos, sin ellos la relación queda como vacía, y el sujeto con sensación de culpa y desvalorización.

Con respecto al riesgo psíquico puede marcarse la presencia de culpa, de sensaciones desvalorizantes, además de la posibilidad de situaciones vividas como violentas.

La elección de mantener o no una relación debe ser consensuada, sin presión, dado que la presión implica que el otro no visualiza a su pareja como individuo, como sujeto, sino como cosa objeto de deseo.

Orientar a fin de prevenir

La enseñanza debe ser orientada a propiciar actitudes tendientes a valorizar el cuerpo, así como a evitar conductas de riesgo.

Otra cuestión a tener en cuenta es el hecho de que tanto la escuela como los padres deben acompañar los procesos de crecimiento, a fin de lograr una real toma de conciencia acerca de los ciclos evolutivos y en especial el adolescente, que se presenta particularmente vulnerable pudiendo realizar elecciones sexuales desvalorizantes.

Desde esta postura se ve como necesario promover políticas tanto gubernamentales como privadas orientadas a la real prevención y cuidado integral del cuerpo en la población adolescente.