Suena absurdo, pero aunque difícil de creer es la realidad. Terminando la primera década del siglo XXI, en Chile, proponer la educación sexual en los colegios genera tal controversia que pareciera tratarse de un síntoma del fin de los tiempos.

Herencia de la dictadura de Pinochet

Si bien es cierto que Chile fue pionero en la materia al tener un programa de educación sexual escolar en la década de los sesenta, el programa fue terminado por Augusto Pinochet durante su dictadura. Incluso los textos para alumnos y apoderados fueron quemados, la Constitución fue armada de tal forma que el derecho a la educación quedó subordinado a la libertad de enseñanza.

Los sectores más conservadores de la sociedad no han permitido desde entonces que la educación escolar incluya nada más profundo que los aspectos biológicos de la sexualidad, arguyendo que eso incitaría a una iniciación sexual precoz de los jóvenes, los índices de embarazo adolescente, abortos y, enfermedades de transmisión sexual se dispararían, dejando como método preventivo la ignorancia.

La realidad de la educación sexual en los colegios

Inmersos como estamos en una cultura con acceso a Internet, televisión por cable y demás, resulta difícil no imbuirse de sexualidad. Comentarios, chistes, modelos provocativas(os), relaciones de pareja en la farándula nacional e internacional, pornografía, son cuestiones a las que los jóvenes se enfrentan cada día teniendo como información sólo hechos reproductivos y la promesa de pasarlo bien.

Si se considera que el tópico de la sexualidad es más amplio que reproducirse simple y llanamente, que la sexualidad involucra el respeto y la igualdad de géneros, implica un plan y opción de vida, un descubrimiento personal, la convivencia, etc. y, que los medios de socialización de una parte de nuestra naturaleza están regidos por mitos que se replican en un secreto a voces donde el sexo es explícito o implícito pero nunca profundizado y abordado, se debe asumir que la educación sexual es una necesidad que llama a gritos.

Actualmente la educación sexual se limita a un referente a la biología, los demás componentes se basan en los valores religiosos que se imparten, por lo que el énfasis está puesto en la abstinencia sexual, una pareja sexual única de por vida, los estereotipos clásicos de normalidad o anormalidad en la sexualidad, el desprecio por los métodos de anticoncepción y demás. Pero estos valores no son necesariamente los apreciados por la mayoría, muchos los consideran obsoletos y hasta ingenuos, incluso entre católicos.

La lucha fuera de las aulas

Para evitar los problemas que puede acarrear una vida sexual desinformada, por parte de organizaciones no gubernamentales se ha tratado de por lo menos incentivar el uso de preservativos por parte de los jóvenes. Se pretende así reducir las cifras de embarazos adolescentes y de ETS (enfermedades de transmisión sexual), sin embargo, cada vez que una campaña resuena en sitios públicos o en medios masivos de comunicación, la protesta de los sectores conservadores y la Iglesia y su presión derrotan el intento.

Los gobiernos de la llamada "concertación", una sucesión de gobiernos democráticos de tendencias de izquierda política también han tratado de hacer llegar los métodos de anticoncepción a los jóvenes por medio de la salud pública en los distintos consultorios, no sin una férrea oposición política e ideológica que logra restringir la entrega de estos y hacerla condicionada.

¿Alguna propuesta del actual Gobierno?

Los gobiernos de la concertación han cedido el espacio a un Gobierno tradicionalmente conservador. El actual ministro de educación es el otrora candidato a la presidencia Joaquín Lavín, hombre conocido por su militancia en el Opus Dei, una congregación famosa por ser de extrema derecha conservadora dentro de la Iglesia.

El trabajo de Lavín hasta el momento se ha reducido a garantizar que los escolares puedan asistir a clases tras el terremoto del 27 de febrero que dañó o derrumbó la infraestructura de colegios y escuelas en gran parte del país.

Desafortunadamente la tendencia religiosa de Joaquín Lavín y del Gobierno en general, hace entrever como difícil un programa de educación sexual que responda a las necesidades de una población de jóvenes que distan de ser católicos y que no creen en los ideales de virginidad y, de tener hijos para Dios, que parecieran ser los ideales del Gobierno actual.

Un avance en temas de sexualidad

Todo un avance en materia de cómo se asume la sexualidad por parte de los sectores conservadores, es que, no sin rencillas y desacuerdos internos, el Gobierno actual propone tímidamente legislar con respecto a los derechos civiles de personas que conviven sin el vínculo del matrimonio, abarcando incluso los de las parejas homosexuales. A fines del 2010 se estaría enviando el proyecto de ley, por lo que muchos de los alcances del proyecto podrían ser modificados, reducidos o, sencillamente desechados en estos meses donde los disgustos ya se hacen notar.

Legislar y educar para nuevos y futuros tiempos

La sociedad chilena cambia vertiginosamente tras su largo periodo de dictadura, las libertades individuales buscan su expresión mientras la sociedad acostumbrada a las verdades eclesiásticas y sus prejuicios mira asombrada cómo cambia su entorno.

Las clases tradicionalmente dirigentes y de poder político y económico, tratan por todos los medios de evitar lo que ellos llaman Sodoma y Gomorra mientras que actitudes y tendencias que sobrevivían ocultas salen de frente a la calle para manifestar su verdad y descontento con la represión a la que eran sometidos.

En una sociedad donde quien no comparte la creencia cristiana de la moralidad y normalidad queda excluido de toda legitimización y protección social que debiera dar el Gobierno sin distinción de raza, condición social, credo, o tendencia sexual, sólo las leyes por delitos sexuales han proliferado.

Los derechos reproductivos y la educación sexual son aún temas de conflicto en los que a veces llegar a un simple debate es todo un logro.

Entre tanto, la realidad de los embarazos adolescentes, las ETS, la violencia intrafamiliar, los femicidios, la discriminación de homosexuales, no han disminuido con el silencio invocado por la Iglesia, son una realidad con la que todos convivimos pero ante la cual no hay una prevención temprana.