En muchos países han quedado atrás las historias de discriminación de género, cuando, entre otras acciones, varones y mujeres eran "educados" con fines y filosofías de vida diferentes.

Las niñas eran preparadas para atender los deberes de la casa y se las condicionaba para casarse, tener hijos y cumplir un rol estereotipado. La historia muestra la lucha denodada que tuvieron que dar muchas mujeres para romper ese esquema rígido que no las consideraba dignas de aprender.

Por su parte, los varones, eran educados para ser proveedores y para tener éxito en los negocios o en las profesiones que elegían. Se les enseñaba que ellos, como hombres, eran los "dueños de casa" y los que tenían que tener el control de la familia, lo que evidentemente incluía la soberanía sobre la mujer la que era tratada como "bien" y se la consideraba inferior en todo sentido al varón.

En muchos lugares, eso es historia, sin embargo, en otros, aún es pan de cada día.

Educación y equidad

Por definición la educación busca formar, dándole a los individuos la oportunidad de lograr el máximo potencial que tienen con sus aptitudes y posibilidades. Una educación que no proponga al menos dicha meta, no merece llamarse como tal.

Sin embargo, entra a tallar en esta concepción la cosmovisión, concepto de fondo o filosofía que hay detrás del sistema educativo que se utilice. Si se tiene el presupuesto de que mujeres son intrínsecamente diferentes, y por lo tanto, no "merecen" el mismo tipo de educación, entonces, se está ante la presencia de una filosofía discriminadora de uno u otro sexo. Es lo que ocurre, por ejemplo, en numerosos países de la órbita musulmana que sugieren que la mujer no debe aprender lo mismo que el varón y se las condena a prepararse sólo para "servir" al varón.

La equidad es la filosofía de la justicia, que supone que los seres humanos tienen derechos y deberes, y que éstos deben ser respetados. Discriminar a una persona por su género es injusto y no apegado a derecho. Eso debe reflejarse en la educación.

Factores que atentan contra la equidad de género en educación

En un breve sondeo a la situación de la educación en la mayoría de los países latinos se observan algunos fenómenos preocupantes:

  • La mayoría de los directivos de colegios y escuelas son varones. Las mujeres son relegadas a funciones técnicas o de mandos medios.
  • En forma mayoritaria en los niveles pre-escolares y primarios, los docentes son mujeres. El mensaje que se transmite es que la mujer es la encargada de niños y los varones de jóvenes y adultos. Porque en el nivel secundario y superior, la estadística es al revés.
  • La mayoría de los textos escolares son escritos por varones, nuevamente transmitiendo un mensaje equívoco, especialmente a los estudiantes.
  • Muchos textos escolares utilizan un lenguaje sexista, estereotipado y con rasgos, en algunos casos, misóginos. Lo que evidentemente no ayuda en el fomento de la equidad.
Cuando el mensaje que se transmite de manera indirecta es atentatorio contra la equidad de género, entonces, se está ante la presencia de un modelo que necesita ser cuestionado, criticado y reestructurado, para provocar el efecto de fomentar la equidad real entre varón y mujer.

Una educación que fomente la equidad de género

Una posibilidad es que se fomenten programas paritarios. Igual cantidad de mujeres en puestos directivos que varones, o soluciones similares. Sin embargo, lo que en otros ámbitos estas soluciones han provocado es bajar el ascenso por mérito o hacer que el asunto de cuotas deje a personas competentes fuera de la paridad, por ya estar listos los cupos.

Lo mejor es fomentar una educación que partiendo desde la formación docente impulse la discusión y análisis de un modelo educativo que respete a las personas simplemente por ser individuos, más allá de sus diferencias de sexo.

Es preciso generar espacios de discusión y reflexión en los ámbitos educativos donde se analice y critique los instrumentos que se utilizan para educar, empezando por los textos escolares, para quitarles la carga de sexismo o androcentrismo que pudiesen tener.

La educación por definición debe promover la integración de todos los individuos, independientemente de sus diferencias raciales, religiosas o sexuales. Una educación sin discriminación es lo único que puede garantizar equidad de género.