Episodios como la caballerosidad de los pilotos en los combates aéreos; las tropelías de Rasputín con la zarina de todas las Rusias; el rey sin corona de Arabia, Thomas E. Lawrence, más conocido como “Lawrence de Arabia”, muerto en trágico accidente de moto, son -por citar algunos-, hechos que marcaron los primeros años del siglo XX debido a la transcendencia mediática que tuvieron en su época.

Historia de dos mujeres

Dos sucesos más vinieron a tribular las conciencias universales: las ejecuciones de Edith Cavell y de Margaretha Geertruida Zelle, más conocida como “Mata Hari”. A la primera la fusilaron los alemanes; la segunda fue ajusticiada por los franceses, Edith en 1915 cuando la I Guerra Mundial apenas llevaba dos años iniciada; Margaretha, en 1917 cuando la guerra ya estaba declinando. Se especuló en los corrillos políticos de entonces que los franceses, instigados por los ingleses, obraron en venganza por la primera ejecución. Pero ya aquí hay una diferencia entre ambas; mientras Edith fue hallada culpable de colaborar con el enemigo, Mata Hari lo fue por espionaje. La primera en favor de los aliados; la segunda, de los alemanes.

Semblanza de Edith

Edith Cavell nació en 1865 en Swardeston, condado de Norfolk, Inglaterra. Hija de un pastor anglicano, recibió una esmerada educación en su niñez. El matrimonio gozaba de una magnifica posición económica lo que permitió, tras el fallecimiento prematuro del marido, la madre enviara a su única hija a estudiar en un internado de Bruselas, Bélgica, lo que motivó que se nutriera de un rico bagaje cultural anglo-francés. Desde temprana edad se sintió atraída en el campo de la medicina dado su carácter altruista siempre dispuesto al sacrificio por el prójimo. Comenzó los estudios de enfermería y viajó, cada etapa vacacional veraniega, por Europa para alcanzar un mayor conocimiento del Continente. Se sabe que llegó a fundar un Hospital en Baviera y que ejerció en Dresde y Aquisgrán.

A la edad de 30 años, tras fallecer su progenitora, volvió a su Inglaterra natal y en el London Hospital prosiguió sus estudios de enfermería obteniendo, algunos años después, el título de intendente en el St. Pancrace Hospital de Highgate. Como profesional llegó a destacar por su indómita y férrea voluntad así como por un carácter vocacional más allá de lo acostumbrado, en ese tiempo, de ver en una mujer. Luchó para que cambiaran las condiciones higiénicas en los hospitales así como para que el trato dispensado a los pacientes se humanizara. En vista de sus especiales dotes, el Dr. Depage, amigo personal de la reina, solicitó su colaboración para crear un Centro Sanitario en Bélgica donde poner en práctica los nuevos métodos de asistencia clínica cuestión que aceptó con sumo agrado y entusiasmo colaborando en la puesta en marcha de la Escuela Instituto del reconocido Hospital de Berkendael.

Su vocación y la dedicación exclusiva que dedicó al ejercicio magistral de su profesión impidieron que dedicara su tiempo en buscar una pareja que la llevara al altar optando por el celibato total.

Semblanza de Margaretha

Margaretha Geertruida Zelle nació en Leeuwarden, Holanda, un 7 de agosto de 1876. Su madre procedía de la isla de Java que por aquel entonces pertenecía a Holanda, su padre, holandés, de oficio sombrerero. Tras la precoz muerte de la madre es su padre quien toma la responsabilidad de la educación de la niña consintiéndola en todos sus caprichos infantiles.

Pronto advierte de su gran magnetismo hacia el sexo opuesto y de la impronta que deja en los hombres su imagen exótica semi oriental así como su carácter desinhibido proclive a las fantasías más mundanas y lascivas.

A los 16 años, en un cruce de correspondencia, conoce al que en un futuro será su marido, un militar mucho mayor que ella, que había puesto un anuncio en un periódico. Dos años después ella viaja a la isla de Java, de donde era oriunda su madre, y contraen matrimonio. De esa unión nacieron dos vástagos y la desgracia se cebó en la familia. En venganza por el autoritarismo del padre alguien envenena al hijo varón y es, a partir de ese momento, cuando el matrimonio empieza a hacer aguas. Él se refugia en la bebida, ella en la lujuria. En esa vorágine, Margaretha, se lanza en los brazos de cualquier amante y ensaya las técnicas amatorias orientales lo que en un futuro sea considerada como la mejor cortesana de Oriente.

Tras su regreso a Holanda, después de perder el pleito sobre la custodia de su hija debida, precisamente, al tipo de vida licenciosa y libertina que llevaba, hace un viaje a París con el intento de realizarse como modelo de los diseñadores de la época. Dados los rasgos orientales heredados de su familia materna, y haciéndose pasar por una princesa de Java, conoce el mundo de la noche, de las luces y de la opulencia, acabando como bailarina de striptease en espectáculos llenos de lujo y glamour, como único modo de superar la penosa situación económica por la que atraviesa. Se hace llamar “Mata Hari”, como nombre artístico, y pronto se da cuenta de que su gran belleza y sensualidad le abren el camino como cortesana. Militares de alta graduación así como de aristócratas y ricos potentados están en su lista de incondicionales admiradores y de amantes secretos.

El mundo se rinde a sus pies, pero los años pasan inexorablemente y al ir perdiendo su innata belleza juvenil cada vez fue volcándose más en la faceta de cortesana hasta el punto de hacerse famosa en todos los circuitos libertinos de la sociedad. Sus bailes y sus desnudos corrieron de boca en boca hasta hacerla imprescindible en todas las noches de desenfreno lúbrico que se daban en el París anterior a la guerra.