Laura volvía a su casa con prisa. Había salido de trabajar a las 18.30hs. como todos los días, pero el tráfico la tenía nerviosa. No entendía bien qué le pasaba, estaba inquieta. Quería llegar rápido a su casa, cambiarse de ropa y salir a pasear con su perra. Sabía que su Collie de 11 años la estaría esperando como todos los días, para compartir juntas uno de los mejores momentos de la jornada. El amor que sentía por Laika era inmenso, no veía la hora de pasar un tiempo con ella y olvidarse del estrés del día.

Llegó a su casa y allí estaba ella. No se levantó a saludarla e inmediatamente, Laura supo que algo malo sucedía. Sus padres no habían notado nada, pero ella la conocía mejor que nadie. Le colocó el collar y partió hacia la veterinaria. Su perra no pudo caminar más que 50 metros, la tomó en brazos y caminó los 550 metros restantes acarreando como podía esos 35 kilos.

El veterinario hizo todo lo posible, pero debió dormirla. Laura está destrozada, no puede pensar, ni siquiera caminar. Las lágrimas resbalan por sus mejillas, la culpa la agobia y el dolor no la deja articular palabra.

Las etapas del duelo

Freud explica el duelo como “la reacción frente a la pérdida de un ser amado, o de una figura que ocupe ese sitio”.

Si bien mucha gente no puede entender cómo es posible sufrir tanto al perder una mascota, es fácil comprenderlo si se piensa que ese animal ocupaba un lugar de cariño igual al de un familiar directo.

Todas las personas experimentan el duelo y viven el luto de diferente manera. Generalmente, se experimentan algunas o todas las siguientes fases:

  • Negación: es difícil aceptar que la mascota ya no volverá. Se niega la muerte, pensando que está en algún lugar. Se hace difícil pensar en adoptar una nueva mascota, por miedo a ser “infiel” a la mascota perdida.
  • Culpa: se produce un sentimiento de responsabilidad por la muerte de la mascota. Comienzan los planteos del estilo “si hubiese sido más cuidadoso…”, “si hubiese acudido al veterinario más rápido…”.
  • Enojo: hacia uno mismo, hacia la enfermedad, hacia el veterinario que no salvó a la mascota, hacia los familiares que no reconocieron antes el problema. Es normal siempre y cuando no sea desmedido, ya que puede retrasar la resolución del duelo.
  • Depresión: estado de abatimiento e infelicidad, que consume habitualmente la energía y la motivación. Se siente sin fuerzas, llora sin cesar y tiene un nudo en el estómago. Incluso puede llegar a preguntarse cómo continuar su vida sin su mascota.
  • Aceptación y resolución: finalmente, se alcanza la aceptación de que la mascota amada se ha ido para siempre. En este momento, pueden reaparecer las emociones nombradas anteriormente pero con menor intensidad. Finalmente, esas emociones dejarán paso a los recuerdos añorables.
El proceso es personal, no existe un período determinado de tiempo que determine la duración de cada fase o del duelo en su totalidad.

¿Cómo actuar ante la pérdida de una mascota?

Lo más importante en estos casos es no esconder los sentimientos. Uno está triste, es lógico. Es bueno expresar los sentimientos que lo acongojan a uno, para ello debe buscarse una persona que sea capaz de comprender lo que nos sucede, que haya vivido una situación similar o que ame a su mascota como uno amaba a la propia. Desahogarse con alguien que nos entiende, es el primer paso para comenzar a aceptar lo sucedido.

No culparse es fundamental. Si bien es parte del proceso normal de duelo, rápidamente uno debe intentar deshacerse del sentimiento de culpa. Uno actúa como mejor puede en el momento que le toca vivir. Si se ha cometido un error que ha llevado a un accidente, no es culpa nuestra: fue tan sólo un terrible accidente.

Si se ha debido optar por la eutanasia, debe confiarse en que ha sido la mejor decisión posible para evitar el sufrimiento de la mascota; es el veterinario quien debe recomendar esta opción y uno debe confiar en su juicio profesional. Perdonarse es imprescindible para sobrellevar el duelo.

Muchas personas encuentran refugio en la escritura. Expresan su amor en cartas y poemas sobre la mascota perdida.

Si hay niños en la casa, es recomendable decirles la verdad. Explicarles que la mascota ya no estará en casa y ayudarnos en el proceso de duelo.

¿Cuándo comprar una nueva mascota?

Eso depende íntegramente de cada persona. Algunos especialistas recomiendan comprar una mascota rápidamente para mitigar el dolor, mientras que otros sostienen que es mejor finalizar el duelo por la mascota perdida antes de adoptar una nueva.

Esperar un poco tiene sentido. Una vez realizado el duelo, la persona se encuentra más receptiva y puede establecer sin culpas una relación de amor mutuo con el nuevo integrante de la familia.

Perder una mascota implica un dolor inmenso que mucha gente no llega a comprender. Es un proceso doloroso, igual a la pérdida de un familiar o amigo porque una mascota es justamente eso: un amigo, parte de la familia. Es necesario tener en mente que la vida de los animales, es irremediablemente más corta que la de los seres humanos. Lo más importante es haberle brindado a la mascota todo el amor del que uno es capaz durante los años compartidos juntos y poder recordarla honrando esa amistad.