El panorama de la edición de historia “divulgativa” en España es más bien desalentador. Personas que no han pisado en su vida un archivo pero que gozan de un fuerte apoyo mediático se dedican al plagio o al refrito cuando no recurren a la labor de sufridos negros. Existen, naturalmente, autores serios capaces de aportar datos o análisis nuevos, pero en general su producción queda al margen del gran público. De ahí la importancia de los trabajos de Agustín Rodríguez González, que a la circunstancia de ser un historiador de verdad, es un ameno y preciso divulgador.

Un historiador que sabe divulgar

Como historiador profesional, se deben a Rodríguez González importantes contribuciones al estudio de la guerras del Pacífico o la de Cuba del 98; es autor de trabajos muy valorados sobre galeras, fragatas y submarinos, ha realizado fundamentales aportaciones a la historia de los planes navales españoles y a las biografías de Antonio Barceló, Cosme García e Isaac Peral.

Si nos limitáramos a considerar a Rodríguez González como el máximo historiador vivo de nuestra marina, nos quedaríamos cortos; también estamos hablando de un experto en el ámbito de la historia de las relaciones internacionales bajo la óptica militar, como demuestran sus publicaciones sobre la II Guerra Mundial o su ya clásico Trafalgar y el conflicto naval angloespañol del siglo XVIII, sin duda el más interesante y más original trabajo de contextualización publicado con ocasión del bicentenario de aquel combate.

Pero es que Rodríguez Gonzáles es, además, un gran divulgador cuyo verbo sencillo y claro pone al alcance del público realidades complejas. Dos de sus obras de divulgación fundamentales han revolucionado la percepción del público: Victorias por mar de los españoles y Lepanto, la batalla que salvó a Europa han conseguido hacerse un hueco importante en el panorama editorial español a pesar de no contar con respaldo mediático.

Francis Drake en su contexto

Para la biografía de Drake, Rodríguez González se sirve del ya clásico estudio de Harry Kelsey -ed. en español como Drake: el pirata de la Reina, Ariel, 2004- que revisaba de arriba a abajo la figura del famoso marino. Kelsey es también autor de otra andanada crítica contra Hawkins -Sir John Hawkins: Queen Elizabeth's Slave Trader.

Lo que confiere interés a la obra del maestro Rodríguez, como siempre en sus trabajos, es la gran labor de contextualización, situando los hechos en el marco preciso. La biografía de Drake no es en absoluto la de un héroe o de un genio de la guerra sino más bien de un corsario y saqueador con suerte que sabe ser intrépido: su expedición al Pacífico le convirtió en el primer no hispano en dar la vuelta al mundo. Otra cualidad obvia de Drake que se desprende de este texto es su exitosa adaptación al medio: los españoles dominaban el mar, eran mejores y más experimentados marinos y su combatividad era legendaria; de ahí que Drake y sus imitadores se centraran más bien en conseguir botín y en atacar a su adversario por el lado más débil. Las únicas victorias de Drake parecen ser aquellas en las que no tiene que enfrentarse a grandes unidades militares sino a poblaciones o naves inermes tomadas por sorpresa. Hombre de humilde origen, Drake consiguió una enorme fortuna e inimaginables honores para un hombre nuevo y resultaba lógico que fuera más tarde mitificada su figura.

Una derrota de limitadas consecuencias

En su labor de deconstrucción, Rodríguez González contextualiza igualmente la derrota de la Invencible, uno de los grandes clichés de la historiografía patriótica británica, derrota anunciada por los generales y almirantes españoles que conocían los errores de planteamiento, siendo el primero de los fallos la propia testarudez del monarca español que impuso sus equivocados criterios, aunque luego le echara la culpa a los elementos…

No tuvo aquella derrota española tan importantes consecuencias –más allá de las propagandísticas- ya que ni los ingleses supieron aprovechar su momentánea victoria, ni probablemente estaban en condiciones de hacerlo. Las posteriores y malhadadas expediciones contra Coruña y Lisboa o el Caribe -en las que participó Drake- tuvieron un desastroso balance. Y es que la política anti-española de Isabel se saldó por su fracaso final ratificado -al año de su muerte- por la paz de 1604.

Personajes despiadados

Esta obra ilustra el carácter despiadado de Drake, Walter Raleigh, la propia Reina y otros figurones, que se demuestra no sólo en su complacencia permitiendo el asesinato de pobres náufragos –los mil doscientos españoles rematados en las playas de Irlanda- o ejecutando a prisioneros ya rendidos, sino en la crueldad con la que trataban a sus propios compatriotas. Y es que la mortalidad que sufrieron los ingleses fue terrorífica; la mitad de los que se enfrentaron victoriosamente a la Gran y Felicísima Armada mandada por Medina Sidonia habían muerto antes de cumplirse un año. La mitad de las tropas y marinería embarcadas en las referidas expediciones de 1589 y las sucesivas, no regresaron a su patria.

A la crueldad se sumó la barbarie destructora como la de reducir a cenizas un archivo único como el de Sagres, donde se conservaba la historia de las primeras navegaciones portuguesas.

Una entretenida deconstrucción

Rodríguez González, eminente mitoclasta, no sólo deconstruye algunas verdades admitidas por una larga tradición acrítica sino que se burla de la visión hollywoodiense de los abordajes, con marinos convertidos en émulos de Tarzán lanzándose de un barco a otro por medio de un cabo… La realidad de la guerra en el mar era muy distinta; muchas pólvora y descargas cerradas. Subraya nuestro autor las limitaciones de la artillería y de las tácticas entonces vigentes, las cualidades -por otros autores denostadas- de los cañones de bronce –cuyo máximo defecto estribaba en su coste- y subraya la eficacia de las galeras.

Resulta en verdad reconfortante comprobar cómo el gran historiador destruye con los demoledores cañonazos de su erudición las inmensas flotas del error que surcan océanos de prejuicios centenarios.

Reseña de Drake y la Invencible: mitos desvelados, Madrid, Sekotia, 2011, 304 págs., ISBN 978-84-96899-75-9