El uso de sustancias no permitidas para mejorar marcas es tan antiguo como la aparición del propio deporte de competición. Nos tenemos que remontar 2.500 años atrás, a las Olimpiadas de la Antigua Grecia, para comprobar que los atletas ya utilizaban brebajes para estimular su rendimiento y fortalecer su musculatura.

Pero será a principios del siglo XX cuando las federaciones deportivas internacionales comenzaron a cuestionarse la posibilidad de establecer medidas de control. Problemas técnicos al no poder detectar el uso fraudulento de sustancias ilegales impiden hasta 1966 establecer protocolos para instaurar controles antidopaje. Las primeras federaciones que los llevan a cabo serán las de futbol y ciclismo.

Dos años más tarde, es el COI (Comité Olímpico Internacional) quien los pone en práctica en los Juegos Olímpicos de Invierno de Grenoble 1968. Y ya en la década de los setenta la mayoría de federaciones internacionales implantan controles antidoping, aunque poco prácticos al principio porque no revelaban la presencia de anabolizantes, las sustancias más utilizadas en aquellos momentos.

Poco después, con el perfeccionamiento de los sistemas de detección de sustancias prohibidas, comenzaron a salir a la luz bastantes positivos, precisamente por el consumo de anabolizantes, en el atletismo.

A mediados de los ochenta comenzó a sospecharse que numerosos países del bloque comunista habían institucionalizado durante los últimos veinte años planes de dopaje sistemáticos que aplicaban a sus deportistas de élite. Hechos que se demostraron ciertos años más tarde, como por ejemplo lo sucedido en la RDA (la antigua Alemania Oriental).

Pero el positivo del canadiense Ben Johnson en los Juegos de Seúl 1988, tuvo tal repercusión mundial que concienció de tal manera a las autoridades deportivas y sanitarias internacionales que, desde ese momento, propiciaron avances significativos en la lucha contra la lacra del dopaje en el deporte.

1988, positivo del atleta Ben Johnson y 1991, del futbolista Maradona

Como ya se ha mencionado, será en 1988 cuando sucede el primer gran escándalo de dopaje a nivel mundial. El velocista canadiense Ben Johnson -tras conseguir una marca estratosférica para la época en los 100 metros lisos de la Olimpiada de Seúl, en la que bajó de la barrera de los 10 segundos (concretamente 9,79 segundos)- dio positivo en una muestra de orina detectándole restos de estanozolol. Fue sancionado con dos años por la Federación Internacional de Atletismo y a perpetuidad por su propia federación. Además su marca fue eliminada y, por supuesto, acabó perdiendo la medalla de oro.

En marzo de 1991, al considerado mejor futbolista de la historia, Diego Armando Maradona, se le detectaron restos de cocaína cuando militaba en el Nápoles. La Federación Italiana de Futbol le sancionó durante 15 meses.

Tres años después, durante la celebración del Mundial de Futbol de Estados Unidos 1994, en un control antidopaje tras la disputa de un partido de la primera fase de la selección argentina, se descubrió que había ingerido sustancias prohibidas, todas ellas derivadas de la efedrina. Nuevamente, sufrió una sanción de 15 meses, que acabó con su carrera como futbolista en activo, no así con la de entrenador.

Ciclismo y atletismo, los más castigados por el doping

En 1998, el Festina, escuadra ciclista de licencia francesa, cuyo líder era Richard Virenque, fue excluido en bloque del Tour de Francia tras haber reconocido todos sus corredores el consumo de sustancias ilegales.

Ese mismo año será el tenista checo Petr Korda, tras vencer en el Open de Australia, quien dé positivo por nandrolona. Fue sancionado con un año y ya no volvió a competir.

Un año después, en 1999, el ciclista italiano Marco Pantani, vencedor del Giro de Italia y del Tour de Francia en 1998, fue expulsado del la ronda italiana cuando ostentaba la “maglia” rosa, al habérsele detectado altos niveles de hematocrito en sangre, como consecuencia de haber utilizado EPO. En marzo de 2004 fue hallado muerto en un hotel de Rímini, debido a una sobredosis de cocaína.

De igual manera en el transcurso del año 1999 el atleta inglés Linford Christie, plata en los 100 metros lisos de la Olimpiada de Seúl donde fue descalificado Ben Johnson, fue suspendido con dos años, tras haber dado positivo con nandrolona en un control antidopaje. Y al saltador cubano Javier Sotomayor se le detectaron rastros de cocaína durante la celebración de los Juegos Panamericanos. Tras cumplir la sanción, en 2001, volvió a dar positivo, esta vez por nandrolona, siendo sancionado a perpetuidad.

En 2002 el esquiador alemán nacionalizado español Johan Müehlegg fue sancionado con dos años tras haber dado positivo con darbepoetina, después de la prueba de fondo de 50 kilómetros en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City, perdiendo la medalla de oro obtenida y posteriormente desposeerle de las dos anteriormente conseguidas en la citada olimpiada.

En la Vuelta ciclista a España de 2005 Roberto Heras dio positivo por EPO una jornada antes de la finalización de la ronda cuando lideraba la general, poniendo fin a su carrera y emborronando todos sus éxitos anteriores, tras cumplir una sanción de dos años.

2006, año “negro” para el ciclismo

Pero será en el Tour de Francia de 2006 cuando estalla uno de los casos más escandalosos de doping en el ciclismo. Una vez finalizada la carrera trasciende a la luz pública que el vencedor de la ronda gala, el norteamericano Floyd Landis, había dado en un control tras una etapa niveles elevados de testosterona. Después de más de un año de investigaciones, contraanálisis y alegaciones, fue descalificado como vencedor de la ronda gala. Posteriormente, el ciclista ha realizado declaraciones explosivas en las que ha acusado a su ex compañero Lance Armstrong, siete veces ganador del Tour, de haberse dopado.

Desde luego 2006 será un año “negro” para el ciclismo porque el doping vuelve a golpear a este deporte. Tanto el alemán Jan Ullrich, vencedor del Tour de 1997 como el italiano Ivan Basso, ganador del Giro de Italia de 2006, se ven involucrados como clientes de la red de dopaje en la Operación Puerto llevada a cabo por efectivos de la Guardia Civil española. Ambos recibieron una sanción de dos años. El germano acabó retirándose, mientras que el transalpino después de cumplirla ha conseguido vencer en el Giro de Italia de 2010.

Un año después se ve envuelto en otro caso de dopaje el ciclista kazajo Aleksander Vinokourov, triunfador de la Vuelta a España 2006, que da positivo en el Tour de Francia por una transfusión de sangre. El equipo Astana se retiró en pleno de la competición y quedó excluido para el Tour del año siguiente.

Marion Jones, Martina Hingis, André Agassi: ídolos caídos

La velocista y saltadora de longitud estadounidense Marion Jones, que obtuvo tres medallas de oro y dos de bronce en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, acaba reconociendo que consumió tetrahidrogestrinona durante la Olimpiada en tierras australianas. Era octubre de 2007 y el COI le retiró todas las medallas obtenidas. En los dos años anteriores ya se había visto envuelta en varios escándalos de dopaje que concluyeron con este suceso.

También ese mismo año la tenista suiza Martina Hingis -vencedora de tres Abiertos de Australia, un Open de EEUU y un Wimbledon- anunció su retirada del tenis profesional tras dar positivo en un test por cocaína.

Y el nadador australiano Ian Thorpe, ganador de cinco medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 y Atenas 2004, y de once medallas en diversos campeonatos mundiales de la especialidad, anunciaba abruptamente su retirada en noviembre de 2006 alegando falta de motivación. Aunque sería meses después, concretamente en marzo de 2007, cuando se supo que pudo haber dado un alto nivel de testosterona en una prueba sanguínea.

En octubre de 2009 Andre Agassi, uno de los mejores tenistas de todos los tiempos, reconoció públicamente durante la presentación de su autobiografía que en 1997 tomó metanfetamina de cristal, un producto que aumenta la agresividad. Pero lo más grave es que la propia ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) supo de la ingesta del estimulante en un control y ocultó el doping tras una carta de arrepentimiento del propio tenista.