La seducción se torna adictiva en ciertas personas cuando se transforma en una razón de ser. Aporta una falsa sensación de poder y de seguridad. La autoestima se mantiene en función de la capacidad de seducir y conquistar, ya que de hecho se trata de una búsqueda de aceptación.

El seductor compulsivo vive aferrado a la necesidad de reafirmarse a través de la conquista. La conquista se asocia al triunfo, a la capacidad de seducir e impresionar. Sin embargo, cuando se convierte en un comportamiento obsesivo sin otro fin que la propia conquista, en el fondo subyace un problema cuyas raíces suelen estar ancladas en la infancia.

Consecuencias del donjuanismo

La seducción compulsiva, como todo problema adictivo, tiene consecuencias negativas para quien lo padece y para su entorno más inmediato. La deshonestidad, el miedo al compromiso y el vacío que impulsa a nuevas conquistas, son algunas de las características de este problema, y que conducen a una vida emocional superficial en la que nunca se alcanza una relación de plenitud.

El objetivo primordial es la conquista que, una vez conseguida, lleva al vacío y al miedo de enfrentarse a una convivencia en igualdad de condiciones donde se exigen responsabilidades que el seductor no puede asumir. La respuesta es la huida.

Etiología de la seducción adictiva

La relación disfuncional con la madre puede constituir el motivo de varios tipos de trastornos, y también parece ser una de las principales causas para que un hombre convierta la seducción en la búsqueda compulsiva de un ideal que no existe.

La madre, en estos casos, desplaza todo su amor hacia el hijo, situándolo en el plano de compañero emocional, sin que ello tenga connotación sexual alguna. El papel de la madre es sobreprotector e incapacitante. Sus necesidades emocionales limitan e incluso anulan las del hijo, creando sentimientos de culpabilidad en el hijo al no poder cubrir unas expectativas que no le corresponden.

El hijo desarrolla una personalidad tejida de miedos y frustraciones, a la vez que interioriza que el amor es incondicional, lo que en la edad adulta, cuando la pareja exija una relación de igualdad y reciprocidad, comportará problemas al final irresolubles, ya que el seductor busca una compañera/madre que le ame incondicionalmente sin tener que dar nada a cambio.

Características del seductor compulsivo

Las características más comunes que presenta un seductor adictivo van de la inmadurez emocional a la inseguridad, con problemas relacionados con la autoestima y serias dificultades para conectar en la intimidad. Al no existir una verdadera autoaceptación, se busca ser aceptado y reconocido mediante la seducción y la conquista. A todo ello hay que añadir un miedo profundo al compromiso y otros rasgos como la dependencia y el egocentrismo.

Síntomas del seductor compulsivo

Hay señales que delatan al seductor compulsivo. Entre las frecuentes están las que siguen:

  • Disfuncionalidad familiar, sobre todo por lo que respecta a la figura materna.
  • Narcisismo, egocentrismo.
  • Vacío existencial.
  • Trastornos obsesivos.
  • Ansiedad.
  • Incapacidad para relacionarse en igualdad de condiciones.
  • Miedo al compromiso.

El trasfondo de la seducción compulsiva

Las consecuencias más habituales son las relaciones superficiales que nunca alcanzan el ideal de igualdad. No se cumplen los objetivos que caracterizan una relación, porque para el seductor representa un fin irrealizable. La necesidad compulsiva de seducción, unida a la incapacidad de sentir ni querer vínculos estables, crea sentimientos de ansiedad, incomprensión, amenaza o soledad, lo que conduce irremisiblemente a buscar nuevas conquistas que neutralicen el vacío. Esta conducta también presupone una falta absoluta de empatía hacia los demás.

Como sucede con todas las adicciones, la autonegación de la realidad es una de las principales características. Reconocerlo, en este caso, significaría renunciar a un modo de vida que se intuye como el único posible, a pesar de los problemas inherentes al mismo.

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