
- Federico García Lorca. 1919. - Rogelio Robles Romero-Saavedra. Fundacion G. Lorca
Durante años fue la hipótesis más fiable, la que casi todos apoyaban, entre los que se encontraban la Asociación para la Memoria Histórica de Granada y el historiador y biógrafo de Lorca, Ian Gibson. Todos los indicios corroboraban la versión ofrecida por Manuel Castilla, más conocido como “el comunista", y uno de los encargados de enterrar a los fusilados.
Castilla revela al historiador Agustín Penón, en 1955, el lugar donde, supuestamente, el poeta fue fusilado y enterrado junto con otras cuatro personas el 18 o 19 de agosto de 1936, un paraje de la localidad granadina de Alfacar.
Ni un solo hueso
Sin embargo, tras dos meses de trabajo rastreando esta fosa, una superficie de 267 metros cuadrados, las conclusiones del equipo de arqueólogos de la Universidad de Granada encargados de buscar el cuerpo de Lorca desmentían esta hipótesis. La consejera de Justicia de la Junta de Andalucía, Begoña Álvarez fue la encargada de hacerlas públicas, y sus palabras no dejaron lugar a dudas: "Ni un solo hueso, ni ropa, ni casquillos de bala […] Hay evidencias científicas que demuestran que nunca hubo enterramientos en esa zona".
Vuelta a empezar
¿Y a partir de ahora qué? Ni rastro del poeta, ni de sus acompañantes el maestro Dióscoro Galindo, los banderilleros Joaquín Arcollas y Francisco Galadí, el inspector Fermín Roldán y el restaurador Miguel Cobo. ¿Qué pasará ahora con el monolito y el parque levantados en Alfacar en su memoria?
La nueva situación creada obliga a revisar la historia. De nuevo, todo son interrogantes. ¿Está Federico García Lorca enterrado en el Valle de los Caídos cómo afirman algunos? ¿Se encuentran sus restos a tan sólo algunos metros de la fosa de Alfacar recientemente examinada? ¿Alguien, sus asesinos o incluso su familia, robaron el cadáver para enterrarlo en otro lugar? ¿Sobrevivió el poeta a su fusilamiento?
100.000 desaparecidos
La complejidad de la búsqueda del cadáver de Lorca demuestra que setenta años después muchas heridas continúan abiertas en España. Miles de personas anónimas, alrededor de 100.000, según la cifra del juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, siguen desaparecidas, muchas de ellas enterradas en las cunetas de nuestras carreteras.
La búsqueda de esos restos por parte de sus familiares nunca tendrá la repercusión mediática que la del poeta de la Generación del 27, sin embargo, esas heridas no podrán cerrarse hasta que esas familias sepan dónde están enterrados los cuerpos de sus seres queridos.
Memoria histórica
El 27 de diciembre de 2007 entraba en vigor la conocida como Ley de la Memoria Histórica. A pesar de que supuso un gran avance en el reconocimiento a las víctimas, las asociaciones criticaron su tibieza. Su artículo 11 recoge la obligación de las administraciones públicas de facilitar “a los descendientes directos de las víctimas que así lo soliciten las actividades de indagación, localización e identificación de las personas desaparecidas violentamente durante la Guerra Civil o la represión política posterior y cuyo paradero se ignore”.
Mapa de fosas
El artículo 12, por su parte, prevé la elaboración de un mapa de fosas, en el que consten “los terrenos en que se localicen los restos de las personas desaparecidas”.
Esta misma semana, el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, firmará con siete Comunidades Autónomas, convenios de colaboración para confeccionar este mapa de fosas. Andalucía, Cataluña, País Vasco, Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón y Cantabria, son de momento, las únicas implicadas en esta tarea. Un paso importante, sin embargo, todavía queda mucho trabajo por hacer.
