En una charla de amigas estábamos debatiendo acerca de los objetivos de vida que tenemos dentro de cierto límite de tiempo a cumplir, y sin quererlo como siempre salen las experiencias que ha tenido cada una o al menos alguna de nosotras el fin de semana con alguien que conocimos en una salida.

Se planteó la situación de una persona en particular que una de ellas conoció en un bar, se gustaron desde un principio y luego decidieron sentarse y charlar más tranquilos en una mesa, resulta que hacia afuera él demostraba ser un individuo totalmente seguro de sí mismo con carácter y en apariencia una persona con mucho futuro por delante, o sea, que no dudaba en nada de su vida.

Situaciones de bar

Luego de un par de horas, y en base a lo que estaban hablando, él se soltó cada vez más y al contarle ciertas cosas de su vida ella se da cuenta (detalle que la enterneció por un lado y le hizo subir los calores por otro) que en apariencia él necesitaba demostrar que jamás dependió de nadie para llegar a donde está hoy, tenía la necesidad de mostrarse así, pero que en realidad es una persona que le gusta ser dominado por su pareja y necesita su ok para encarar distintas opciones en la cama.

Esto me hizo reflexionar y pensar en los hombres de hoy de los que tanto nos quejamos a veces o generalmente de ellos, y me pregunto ¿es una condición, un don o tan sólo la inseguridad los hace mas ositos cariñosos?

¿Son lo que muestran ser?

En la vida nos rodeamos de diversos personajes que muy pocas veces se muestran tal como son en realidad, no significa que sean farsantes, sólo necesitan cuidarse del mundo que los asedia. Somos tan distintos y tan parecidos que la distinción parece no notarse, nos gusta que nos ordenen pero también queremos mostrar poder, ese instrumento que en ocasiones sabemos utilizar.

Dicen que nacemos con el don de imponernos ante ciertas circunstancias, pero el escenario es otro, es que aprendemos a defendernos según lo que suceda.

Cuenta la filosofía Oriental que el hombre de por sí es un ser dependiente que a la vez le gusta dejarse dominar, muestra las garras cuando debe ser, pero en el sexo se vuelve todo un tierno al servicio de su ama.

Momento de ceder

La mujer en cambio es servicial, seguro, pero es dominante, persuasiva, inquietante y creativa, a la vez que dependiente necesita consultar qué, cómo, dónde y cuándo se quiere esto o aquello, el hombre es dependiente pero más masoquista, aprende a los golpes.

El sexo dominante es más fuerte y más pasional, desenfrenado, sin límites a veces, las energías que gastamos son exclusivas y excitantes.

Pensar sobre el sexo desde un punto dominante da más fuerza, vigor y valor para hacer lo impensado, dejarse llevar por los impulsos te sugiere y abre un abanico de posibilidades para explorar tus más profundas sensaciones y necesidades.

Alquien tiene que llevar el mando

Si no lo piensas resulta atractivo y desafiante tener a alguien a tus pies y que con sólo mover un dedo hace lo que desees para no desobedecer.

El sadomasoquismo es una disciplina sexual en la que tanto el hombre como la mujer se someten a diversas torturas no solamente por que les gusta el dolor, sino porque es algo perverso y distinto a lo común, es la mente del ser humano la que habla por nosotros en ese momento de placer y dirige los movimientos a seguir en el tablero sin margen de error, por supuesto.

Caminos erróneos

La lectura de revistas eróticas, búsqueda de sexo en internet, visualización de películas pornográficas y pensamientos habituales acerca de "hacer el amor" pueden ser indicativos de la presencia de una dependencia sexual.

La adicción como tal se refiere a una conducta compulsiva, es decir, que lleva a realizar una acción determinada más allá de la voluntad propia, impidiendo detener su práctica por periodos prolongados.

El resultado en cuanto a esta conducta es que deja una sensación de insatisfacción y pérdida de la libertad, sobre todo genera falta de deseo real y altera toda clase de imaginación creativa en el sexo.

No es malo ser adictivo, como tampoco lo es ser dominado, son conductas que hay que aprender a manejarlas o quizás herramientas que pulir y utilizarlas en esos momentos de placer al máximo donde se mezclan las ganas, energías compulsivas de hacer cosas impensadas, todo vale si sabemos aprovechar las ocurrencias en el momento indicado.