
- Estudiando - hvaldez1
Las "profecías autocumplidas" son también conocidas como "efecto Pigmalion". La idea viene del mito griego que cuenta la historia del rey Pigmalión quien esculpió una estatua de la mujer ideal.
Una vez terminada, Pigmalión quedó prendado de la escultura y quiso que se convirtiera en real. Pidió ayuda a Venus, la diosa del amor, la que ayudó para que su sueño se concretara, así nació Galatea.
Cuando una persona anticipa una situación, existen muchas posibilidades de que se cumpla. Es lo que se conoce como "profecía autocumplida", término acuñado por R. K. Merton en su libro Social Theory and Social Structure, publicado en 1968.
El efecto Pigmalión en el aula
En 1968, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, realizaron una investigación validada en múltiples oportunidades.
Ellos demostraron que las expectativas sobre el rendimiento de los alumnos provocadas experimentalmente en el maestro repercutía en las calificaciones de los estudiantes. Aquellos alumnos que el profesor suponía que lograrían los mejores resultados correspondían en su conducta a esa expectativa, a pesar que tal previsión carecía de fundamento.
Primero, los investigadores realizaron pruebas de capacidades generales al inicio del año escolar.
Luego, indicaron a los profesores que algunos de ellos iban a "madurar" de un momento a otro y que lograrían resultados extraordinarios, los docentes no sabían que los investigadores habían confeccionado la lista de los alumnos con supuestos "resultados extraordinarios", al azar.
La información que suministraron a los maestros no se basaba en las calificaciones obtenidas en los test iniciales. El único dato con que se contaba para predecir los resultados de los estudiantes, eran las expectativas sembradas en el maestro.
Al final del año, se administró la misma prueba a todo el grupo. Los resultados indicaron que aquellos alumnos que fueron calificados como “madurez repentina” y “resultados extraordinarios”, superaron en todo a sus condiscípulos.
La realidad de la expectativa
En el experimento de Rosenthal y Jacobson, los profesores en general, calificaron al grupo que les dijeron que tendrían buenos resultados como de gran desempeño, como estudiantes que tenían un gran futuro por delante, como interesantes, alegres y con mayor curiosidad intelectual que aquellos que no habían recibido la designación de los investigadores.
Las expectativas del maestro, que son las inferencias que hace el docente sobre el aprovechamiento actual y futuro de los alumnos y sobre la conducta escolar general, funcionan como profecías autocumplidas.
Cómo opera el efecto Pigmalión
Son necesarios tres aspectos fundamentales:
- Creer firmemente en un hecho como verdad incuestionable.
- Tener la expectativa de que se va a cumplir lo esperado.
- Acompañar con mensajes que animen a que efectivamente lo que esperan se cumpla.
Por ejemplo, el docente A, cree que Juanito es un niño revoltoso, que como viene de un hogar de padres divorciados no tiene muchas posibilidades, por lo tanto, no se esfuerza en él puesto que su expectativa es que el alumno va a fracasar, por eso mismo, le va dando mensajes explícitos e implícitos de que él no es capaz, que tiene demasiados problemas y que no va a salir adelante.
El niño, sin saber las expectativas del docente, va respondiendo a lo que se espera de él y termina cumpliendo la profecía del profesor.
Los docentes tienden a poner más esfuerzo con aquellos estudiantes que esperan más, y al contrario, con aquellos cuyas expectativas son menores, la entrega es diferente.
Por otro lado, una de las situaciones más complejas de la profecía autocumplida, como señalan las especialistas María Teresa Vega y Ana Isidro es que "las personas tienen tendencia a no cambiar sus expectativas a pesar de que reciban información incongruente con ellas".
El poder de los mensajes
El experimento de Rosenthal y Jacobson, publicado en el libro Pygmalion in the Classroom: Teacher Expectation and Pupils Intellectual Development, evidenció el poder de los mensajes que se le transmiten a los estudiantes.
Cuando un docente transmite mensajes negativos el alumno tiende a acomodarse a las expectativas del profesor. Del mismo modo sucede si es lo contrario.
Los docentes son capaces de motivar positivamente a sus estudiantes o hundirlos con sus expectativas derrotistas. El poder que tiene el profesor, en muchos casos, no es visualizado adecuadamente como un factor de rendimiento académico.
Suponer que los resultados de un alumno están vinculados exclusivamente a sus capacidades y a su esfuerzo personal no es correcto. También influyen otros factores, y el docente, en este sentido, ocupa un sitial fundamental.
¿Qué hacer frente al hecho?
Los padres tienen la responsabilidad de estar alertas a los mensajes que los docentes trasmiten a sus hijos, para contrarrestarlos en caso de ser negativos, o encarar al profesor, si está cometiendo un error.
En muchas ocasiones se comete la equivocación de actuar como si los docentes fueran semidioses en el desarrollo de los alumnos, cuando en realidad, los múltiples estudios que se han realizado muestran que para que se produzca el éxito en la vida de los estudiantes, es fundamental, en la etapa primaria y secundaria, la simbiosis entre escuela y hogar.
Los padres además, pueden generar efectos contrarios a las expectativas negativas de algunos docentes, inculcando en sus hijos un alto valor para ellos y alentándolos respecto a sus resultados.
Las escuelas y los colegios, por su parte, tienen la obligación de detectar a los docentes que tienden a motejar, encasillar, encuadrar, condicionar o crear expectativas negativas en los alumnos. Dichos profesores no están calificados para una tarea tan importante como guiar a personas.
El poder de producir cambios en los estudiantes
Al contrario, las escuelas y colegios deben alentar y promover a los docentes que sepan motivar, estimular y desarrollar las mejores capacidades de los alumnos. Un profesor que sea capaz de utilizar el efecto Pigmalión positivamente, será un agente educativo extraordinario.
Los docentes tienen el poder de producir cambios en los estudiantes, pero también, de condicionar el fracaso de sus alumnos por las expectativas que generan en ellos, y por los mensajes que transmiten.
Un buen profesor estará consciente de este hecho y hará lo posible para utilizar su influencia de modo positivo para estimular el mejor desarrollo de sus estudiantes.
