La figura del docente desde los inicio, en la antigüedad, tuvo relación con la educación de las clases altas, a veces eran esclavos, otras considerados sabios, luego el concepto de maestro fue cambiando derivando en formación y titulación en escuelas e institutos que tenían ese fin.

La figura docente en Argentina

En Argentina, cuando se referencia la labor docente, desde hace algunas décadas, se la encuadra dentro de una profesión menospreciada, como que se resta importancia a la tarea de educar, cuestión no menor, debido a que posee una doble connotación .

En primer lugar, desde el imaginario social, se sostiene que el docente sólo trabaja cuatro horas y posee tres meses de vacaciones, por lo tanto, que el salario sea bajo, se encuentra en directa relación con ese imaginario.

En segundo lugar, esta subestimación , en cierta forma se halla sostenida por las diferentes políticas de Estado que subrepticiamente han consolidado la descategorización de la educación, y por consiguiente del maestro, a pesar de los esfuerzos realizados para su mejoría.

Con relación al primer punto, se precisa que, si bien el trabajo del docente frente a sus alumnos tiene un tiempo de cuatro horas, la preparación de las clases, la corrección, la planificación demandan un plus de tiempo que excede el presupuesto de cuatro horas, además la situación de enseñanza aprendizaje generalmente frente a treinta alumnos o más presenta condiciones de cansancio y desgaste cuestiones que invalidan la presunción de que no se trabaja.

Con relación a los meses sin actividad también quedan desestimados, dado que sólo es un mes el que los docentes poseen sin actividad, puesto que el resto del tiempo concurren a la escuela ya que deben dedicarse a planificar la tarea anual.

La profesión como salida laboral rápida

A su vez y con relación a la formación docente, es necesario puntuar que, en determinado momento, la misma se presentó como una salida laboral rápida para un escenario económico crítico, por lo que los profesorados fueron elegidos como una posibilidad de empleo.

Es así que, la docencia brindaba cierta estabilidad, más allá de la vocación, cuestión ésta que en cierta forma no sólo refuerza la visión de la sociedad con respecto a considerar la profesión docentes como algo sin valor , sino también marca una posible mala práctica o bien elegir un trabajo sólo como sostén económico y no como realización de un proyecto personal.

El docente frente a la sociedad

A su vez, los cambios socio-económicos que marcaron y marcan un entramado social crítico, hacen que la labor docente requiera de mayor y mejor especialización, cuestión que instala un nuevo desafío para los establecimientos de formación, que sólo será una sutura, ya que es necesario un profundo cambio social.

Más allá de estas consideraciones, el hecho de ser docente hoy, implica en cierta forma, una actividad que, por un lado la sociedad desvaloriza, mientras que desde la práctica, las presiones tanto desde lo normativo organizacional, como desde lo social (atención de comedores, situaciones de violencia, asistencialismo, acompañamiento emocional, entre otras), sumergen al maestro en una total alienación.