La displasia del desarrollo de la cadera (DDC) aparece debido al desarrollo anormal de la articulación situada entre el fémur y la cadera, provocando un desplazamiento hacia fuera del fémur (subluxación). La luxación propiamente dicha se produce cuando llega a salirse por completo. Esta anomalía ocurre antes del nacimiento, durante el parto o poco después de este. La incidencia es muy superior en las niñas, aproximadamente el 80% de los casos, siendo también más frecuente que afecte la cadera izquierda. Se calcula que 3 de cada 1.000 recién nacidos tienen este problema.

Este problema también es muy conocido en los perros, sobre todo en las razas más grandes.

Etiología de la displasia

En realidad se desconoce en gran medida, aunque al parecer las causas identificables indican que tanto el primer parto como las presentaciones de nalgas en el parto son indicadores de riesgo. También la herencia familiar parece que pueda jugar un papel importante. Además de los antecedentes familiares hay otros signos a considerar, como la hipertensión arterial en la madre durante el embarazo, escasez de líquido amniótico, embarazo múltiple, parto por cesárea, recién nacidos muy grandes o muy pequeños y otros.

Síntomas y diagnóstico de la displasia: Barlow y Ortolani

No siempre los signos son evidentes, por lo que las exploraciones no identifican el problema y, en ocasiones, las primeras manifestaciones tampoco aparecen hasta que ha transcurrido un tiempo. Las radiografías no suelen aportar demasiada luz hasta que la cabeza femoral empieza a osificarse, lo que no se produce hasta que el niño alcanza entre 3 y 6 meses de edad. Durante los primeros días o semanas de vida se puede hacer una ecografía de cadera. Lo que sí está claro es que los síntomas no aparecen hasta que el niño empieza a andar. Y no es hasta los cinco años que puede aparecer el dolor.

Las maniobras de Barlow y Ortolani han demostrado ser las pruebas más fiables para detectar la presencia de la displasia.

El conocido como signo de Barlow consiste en flexionar la cadera a 45º y colocar los pulgares sobre la cara interna de los muslos, cerca del trocánter menor, y presionar hacia atrás y hacia afuera. Si sale la cabeza fuera del cótilo para volver a entrar al cesar la presión, se puede decir que se trata de un signo de Barlow positivo, o lo que es lo mismo, una cadera luxable.

Por lo que respecta al signo de Ortolani, debe colocarse al niño con caderas y rodillas juntas a 90º, tomando el médico con sus manos las rodillas y el muslo. Con el pulgar y el índice (haciendo una horquilla) toma la rodilla, y con la punta de los dedos medio y anular presiona el trocánter mayor. Después abduce las caderas al tiempo que presiona con los dedos medio y anular hacia adelante. Si se oye un chasquido –la entrada de la cabeza femoral en el cótilo– el signo es positivo.

Tratamiento de la displasia

La efectividad del tratamiento tiene mucha relación con la gravedad del desplazamiento y con la edad del niño cuando es diagnosticado. Cuando antes se produzca el diagnóstico y cuando antes se trate, mayores serán las posibilidades de lograr una recuperación completa.

Cuando el tratamiento se inicia antes de que el niño haya cumplido los primeros 6 meses, el método consiste en colocarle un arnés o un sistema de correas que deberá llevar constantemente por encima de sus ropas. Esta situación suele durar entre dos y seis meses, hasta que se logra estabilizar la cadera. En estos casos se logra una curación exitosa en un 90% de los casos.

Si el diagnóstico de la displasia se produce una vez transcurridos los 6 meses de vida del niño, el arnés ya no garantiza la recuperación. Entonces el tratamiento será más complejo y más molesto. Será necesario el uso de un aparatoso sistema de poleas durante varias semanas que culminará con una operación quirúrgica para reducir o recolocar la articulación. Para impedir cualquier alteración deberá enyesarse por un periodo de varios meses. Aun tratándose de un proceso tan largo y molesto, las garantías de éxito no son totales. Es posible que queden algunas secuelas como la cojera o el acortamiento de un muslo.

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