La dismorfia corporal, trastorno mental que se caracteriza por una obsesión por alguna parte del cuerpo que se considera desagradable o anormal, es otra de las enfermedades del siglo XXI, que afecta a una gran mayoría de la población, con un gran aumento de casos en Europa y América, entre ellos, muchas famosas.

En mujeres, el peso y la complexión son los problemas más frecuentes.

Trastorno dismórfico corporal o dismorfia

Según informó la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (SECPRE), en Europa y América está aumentando el número de personas que padecen dismorfia corporal, otra enfermedad del siglo XXI.

Cuando la preocupación por el cuerpo y la insatisfacción con el mismo no se ajusta a la realidad, ocupa la mente con intensidad y genera malestar, interfiriendo negativamente en la vida cotidiana, se está hablando del trastorno de imagen corporal.

El trastorno de dismorfia corporal nace, de acuerdo con la australiana feminista Germaine Greer, de la relación entre belleza, salud, autoestima y codicia capitalista.

Aunque hay pocas investigaciones sobre la dismorfia, los especialistas dedicados a su estudio creen que existe un doble origen de la enfermedad: el psicológico y el biológico.

La falta de autoestima, la forma en la que el paciente se juzga a sí mismo por su apariencia, la excesiva preocupación por una parte del cuerpo o el recurrir a rituales constantes como mirarse al espejo, pueden contribuir a perpetuar una exagerada atención hacia uno mismo y generar, finalmente, un trastorno de dismorfia”, afirma Gustavo Bustamante, doctor en Psicología, en declaraciones publicadas en la página web de Minuto Neuquén el pasado 25 de febrero de 2012.

Biológicamente, la explicación estaría en una cierta predisposición genética a padecer un trastorno mental, así como la existencia de un desequilibrio en los neurotransmisores cerebrales”, concluye Bustamante.

En 1980, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la dismorfia como un cuadro somatomorfo atípico y diez años más tarde, en 1990, es incluido en el Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales.

Este desorden fue descrito por primera vez como cuadro psicopatológico en 1891, por el psiquiatra italiano Enrico Morselli (1852-1929), quien acuñó el término en 1886, en el boletín de la Academia de Ciencias Médicas de Génova.

Morselli caracteriza al cuadro como la insatisfacción persistente y extendida respecto a su cuerpo, sintiendo al mismo como anómalo y/o deforme en alguno de sus rasgos, generando un profundo malestar en el paciente.

Sigmund Freud ya había descrito en su literatura científica el caso del Wolf-man, hombre-lobo.

En su práctica, el famoso psicoanalista tuvo al menos un paciente con ese desorden: el aristócrata ruso Serguéi Pankéyev (o Pankejeff), tildado como El hombre de los lobos (der Wolfsmann) por Freud, para proteger la identidad de Pankéyev, una persona que a pesar de tener un exceso vello corporal, centraba su excesiva preocupación por el físico en su nariz. La veía horrible, prominente y llena de cicatrices.

Un trastorno que se origina en los adolescentes

La edad de comienzo de esta patología, que afecta a una gran mayoría de la población, es a inicios de la adolescencia hasta los veinte años.

En la adolescencia, se vive el cuerpo como fuente de identidad, de auto-concepto y autoestima. Es la época en la que el individuo está más preocupado por su autoimagen y la vida social, y se siente más observado.

Los medios de comunicación, como la televisión o Internet, influyen en el prototipo social “aceptado”, generando en muchos casos confusión.

Los complejos que sufren los adolescentes en la pubertad son agudizados igualmente por la obsesión de la belleza física y se convierten a veces en auténticas enfermedades mentales con ansiedad, depresión, fobias, ideas perfeccionistas y movimientos compulsivos-repetitivos (sobre todo miradas al espejo) o trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), que conducen a la dismorfia corporal.

Síntomas

Los síntomas más importantes para detectar este desequilibrio están vinculados a un deterioro de las actividades básicas: el afectado evita asistir a reuniones o al colegio.

Muchas veces esta insatisfacción permanente con la imagen corporal puede llevar a autolesiones que luego justifiquen una operación.

Ejercicios intensivos o deseos de llamar la atención físicamente en reuniones son sólo algunos síntomas difíciles de controlar.

Los síntomas más frecuentes son:

  • La observación por la apariencia física. Se suelen pasar horas observándose detenidamente frente al espejo.
  • Disconformidad con alguna parte del cuerpo, como nariz, orejas, cuello, pechos, hombros, espalda.
  • Comparación con otras personas.
  • Preocupación excesiva por arreglarse y cubrirse aquella parte del cuerpo que le disgusta.
Algunos rasgos de personalidad asociados son: inseguridad, sensibilidad extrema, rasgos obsesivos, ansiosos, narcicistas o hipocondríacos.

Obsesión por la belleza que afecta a hombres y mujeres

La edad media de inicio es a los 17 años, teniendo mayor predisposición de padecer esta seria alteración las personas solteras.

La dismorfia corporal afecta a hombres y mujeres por igual; en general aparece en porcentajes semejantes. En mujeres, la complexión y el peso son los problemas más frecuentes.

Las personas acuden por ayuda terapéutica aproximadamente después de 10 a 15 años de presentar este trastorno, con la principal característica consistente en que la demanda se relaciona con las complicaciones psicopatológicas generadas (depresión, aislamiento social, entre otros) más que por el propio trastorno.

El dato sobre las personas afectadas es bastante confuso debido al ocultamiento de la enfermedad, aunque se cree que se encuentra alrededor del 1.5%.

Los hombres se preocupan generalmente por los genitales, mientras que las mujeres suelen centrarse más en su cara, pelo y pechos.

La dismorfia corporal se asocia también con desórdenes de la alimentación.

En los trastornos alimenticios, surge la insatisfacción de la imagen corporal. Algunos conflictos alimenticios ocurren como consecuencia de los complejos que sienten por alguna parte de su cuerpo las personas que padecen este trastorno mental. La baja autoestima hace que pierdan los buenos hábitos y desarrollen bulimia y/o anorexia.

La vigorexia o dismorfia muscular es una variante del trastorno dismórfico corporal. Es un trastorno alimentario en el cual el paciente se centra en obtener un cuerpo hipermusculado, llegando a consumir hormonas y anabolizantes esteroides para poder aumentar su musculatura, teniendo como consecuencia daños en su salud física.

Las consecuencias de este padecimiento incluyen angustia crónica, deterioro de las relaciones sociales y de la actividad profesional, y abusos de esteroides y anabólicos.

Demandas de cirugía estética y plástica

Muchos autores sobre el tema calculan que alrededor de un 2% de los pacientes que demandan un tratamiento quirúrgico presentan dismorfia corporal.

Las personas que padecen este trastorno suelen demandar numerosas cirugías estéticas, a pesar de que este trastorno no se cura con cirugías, ya que no es más que un mal mental o psicológico, y sólo con la ayuda de los profesionales puede ser superado.

Muchos de ellos pasan por el quirófano, pero la dismorfia es un problema mental, no físico, por lo que todos los que escogen el bisturí como terapia no están ni estarán satisfechos con los resultados”, explica el psicólogo Gustavo Bustamante.

Muchas veces, la primera consulta nace a partir de algún tema físico que sí es real. Pero tras esa primera intervención, pueden volver una y otra vez al especialista buscando una solución que ellos creen que será mejor.

Cuando los cirujanos estéticos se dan cuenta de esta situación, les recomiendan una consulta terapéutica y se niegan a seguir con procedimientos que no tienen sentido.

Acomplejados con una parte de su cuerpo, hombres y mujeres se someten a reiteradas cirugías y nunca están conformes, mientras otros se aíslan socialmente.

Las mujeres que, en la búsqueda por transformarse en “bellas”, padecen dismorfia corporal, recurren a dermatólogos y cirujanos plásticos para modificar su aspecto.

Las partes del cuerpo que más comúnmente se convierten en objeto de obsesión de los dismórficos son: piel, cara, arrugas, dientes, pelo, nariz, ojos, mentón, labios, vello facial o cualquier otra parte de la anatomía, entre las que se incluyen las rodillas, piernas, pechos, nalgas o genitales, así como cicatrices y asimetría facial.

En la actualidad, la imagen corporal es muy importante. Está sobrevalorada por sobre otras cualidades, como por ejemplo la inteligencia. La belleza hoy se mide por lo externo solamente, mientras que la llamada belleza interior está devaluada”, define Óscar Carrión, médico psiquiatra y presidente de la Fundación Fobia Club.

Muchas veces se asocia la imagen con éxito -añade el doctor Carrión- y eso conlleva a errores perceptuales que harán luego aparecer el sufrimiento en los pacientes”.

Las mujeres, en pos de alcanzar o parecerse un poco más al estereotipo de belleza definido por el mercado, recurren a la cirugía plástica, a los productos milagro, como las cremas anticelulitis y antiarrugas, lo cual genera cuantiosas ganancias a las empresas dedicadas al cuidado de la piel, entre otras.

La dismorfia llega a los famosos

El prototipo social de perfección física influye en esta patología. El aumento de imágenes lleva a la confusión de que la “imagen lo es todo”, cuando en realidad la imagen debe estar sostenida por una serie de valores y creencias, y debe estar integrada.

El caso de una figura célebre con dismorfia corporal es el del fallecido cantante Michael Jackson, quien se sometió a unas cuarenta operaciones y transformaciones diversas, como, por ejemplo, para blanquear su piel.

Otra personalidad con este trastorno es el mediático Ricardo Fort, empresario de relaciones públicas y personalidad de la televisión.

Según declaraciones de la sexóloga y psicóloga Diana Resnicoff, “Fort se imagina que tiene defectos y quiere responder a una imagen de lo que quiere ser y no es”.

Por ello, se sometió a numerosas operaciones estéticas en su cara y en el cuerpo.

La diseñadora de moda, autora y personalidad de la televisión, Nicole Richie, padeció anorexia, enfermedad a la que la condujo la dismorfia corporal, como consecuencia de sus complejos en los que se veía gorda cuando estaba delgada.

La cantante inglesa Lily Allen también sufre este trastorno, y afirma que que se ve más gorda de lo que en realidad es.

También la niña inmortal de la serie Héroes, Hayden Panettiere, padeció dismorfia corporal a raíz de que la actriz viera una fotografía suya en la revista La imagen, en la que aparecía con la palabra “celulitis” impresa encima de su cuerpo.

A partir de entonces, empezó a sentir vergüenza por su físico, pero actualmente se encuentra recuperada de esta enfermedad.

La actriz Sarah Michelle Gellar, quien también sufrió este trastorno, afirma que un elevado porcentaje de mujeres padece este desorden mental.

Otras celebridades que fueron dismórficas son las actrices Uma Thurman, Christina Ricci y Heidi Montag, de la serie The Hills, que ha cambiado completamente su aspecto a causa de la dismorfia.

Tratamiento

La dismorfia se diagnostica por el tiempo que se le dedica al cuerpo sin encontrar soluciones al problema, y el tratamiento debe estar ligado al reconocimiento de la índole psicológica del conflicto, a la corrección de conductas y hábitos (no ir a la playa por usar traje de baño o sentir calor, pero no quitarse la ropa), a la aceptación de las condiciones biológicas naturales, a la adecuación a un modelo de imagen de sí mismo “posible” y al aumento de la autoestima.

El tratamiento implica ayudar a los pacientes a desarrollar una comprensión psicológica de los factores que mantienen su trastorno.

La terapia cognitivo conductual permite trabajar la autoestima y resolver conflictos pendientes. Los pacientes encuentran mucha ayuda en concurrir a grupos de apoyo específicos.

Un profesional idóneo puede utilizar farmacoterapia cuando ello resulte necesario.

Es importante que familiares y amigos puedan colaborar generando ideas asociadas a la belleza y a la perfección acordes a las posibilidades.

También deben estar atentos a la hora de detectar situaciones de retraimiento y principalmente potenciar la valoración de otros elementos, más allá de la imagen corporal.