Los IRSS o antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina son un excelente grupo de fármacos que la industria farmacéutica ha venido desarrollando desde la segunda mitad de la década de 1980 (aparición del Prozac o fluoxetina, en 1986-87) .

Los fármacos IRSS que, con una creciente calidad de diseño, eficacia y cada vez menores efectos secundarios, han ido sucediéndose en estos quince años incluyen (entre otros) a la fluoxetina, paroxetina, fluvoxamina, citalopram o escitalopram.

La principal indicación es, como se sabe, la depresión, aunque los meta-análisis del 2008 y el 2010 concluyeron que su eficacia es mayor en depresiones severas que en moderadas o leves. También son muy útiles en casos de ansiedad generalizada o, aprovechando uno de sus efectos secundarios, la eyaculación precoz.

Disfunción sexual, el problema más serio

Pero es justamente aquí, en uno de esos efectos secundarios, donde los IRSS presentan el problema más serio. A pesar de la constante mejora de este excepcional grupo (El escitalopram, del 2006, está mucho mejor “logrado” que la archifamosa fluoxetina o prozac de 1986), con efectos indeseables en clara disminución, hay algo que todavía no ha logrado “arreglarse” del todo, y un algo bastante peliagudo: la disfunción sexual asociada a su toma.

Aunque el efecto es menor en los IRSS más recientes (escitalopram versus paroxetina, por ejemplo), todavía hace bastante "la puñeta" a quienes no les queda más remedio que empezar a tratarse con alguno de estos fármacos. Hasta un 41% reportan disfunción sexual, que se manifiesta muy poco después del inicio del tratamiento, incluso antes de la aparición del efecto antidepresivo. Esta disfunción incluye la eréctil o incapacidad para la erección (en el caso de los hombres) o la anorgasmia (dificultad para alcanzar el orgasmo o la eyaculación).

La cosa va disminuyendo a medida que uno va adaptándose al fármaco, al igual que los otros efectos secundarios (hipotensión postural, somnolencia, ansiedad, insomnio). Pero con la diferencia de que la disfunción sexual es más "insistente" y en la mayor parte de los casos se mantiene y no desaparece, mientras continúa la toma.

Soluciones: lo primero, asumir lo que pasa

Son varios los posibles acercamientos para resolver o minimizar el asunto. Lo primero debe ser, naturalmente, reconocer y reportar el problema. Aunque parezca increíble, a muchos individuos les da reparo reconocer incluso a su médico, que padecen “impotencia”, aunque no sea en absoluto “culpa” suya, sino del fármaco. Pero así están las cosas. Una vez puesto sobre la mesa (del psicólogo o médico) el problema, una vez discutida su magnitud mayor o menor y si es o no tolerable, es cuando hemos de lanzarnos a la búsqueda de soluciones

Para empezar, preguntémonos por qué estamos tomando el fármaco. ¿Por ansiedad generalizada, fobia social, depresión severa? ¿Es absolutamente necesario seguir tomándolo? Si la respuesta es sí, hay que pensar que la molécula nos está “dando” más de lo que nos “quita”, y si bien nos puede estar limitando en lo sexual, nos dispensa de un gran infierno mental que solo quienes lo atraviesan pueden explicar.

Otra cuestión:¿Durante cuánto tiempo hemos de tomar el fármaco? Si ha de ser durante un periodo limitado, uno puede asumir “pagar el precio requerido” en la esfera sexual.

Buscar el balance

Hay que buscar el balance, y discutirlo con el psicólogo o psiquiatra. Si el IRSS se prescribe por un problema de fobia social, hay que tener claro que el fármaco debe ir acompañado de terapia cognitivo-conductual y terapia de exposición y que, al cabo de unos 12-18 meses habrá que evaluar los progresos y considerar la retirada de la molécula. Puede ser duro a los 16 o 17 años que te digan que vas a ir "justito" en lo sexual durante dieciocho meses (que a esa edad es un periodo larguísimo) pero digámoslo otra vez: hay que buscar el balance.

Cuando la disfunción es intolerable

Si la disfunción nos resulta intolerable y previsiblemente hemos de tomar el fármaco durante un tiempo muy largo, podemos cambiar a un antidepresivo de una serie distinta de los IRSS, y, que no produzca los mismos efectos negativos en lo sexual. La mirtazapina sería una opción.

También podemos introducir Bupropión. Este fármaco se administraba en las terapias de deshabituación tabáquica, pero el efecto antidepresivo asociado le ha llevado a ser incluido en el arsenal contra la depresión. No solo no produce inhibición sexual, sino incluso lo contrario, lo cual lo hace interesante como “antídoto”.

Cogerse "Drug holidays"

Además del recurso que todos tenemos en mente (introducción de Sildenafilo o Viagra) y que puede ser de gran ayuda, podemos también abordar lo que en los países anglófonos se conoce como “drug holidays”. Se trata de dejar el fármaco hacia el jueves y retomarlo el domingo. De esa manera, durante sábado y domingo, uno vuelve a “estar disponible”, lo cual es muy útil si se está casado/a o en pareja. Esta estrategia funciona mejor en el caso de los IRSS de vida media más corta (sertralina o paroxetina) que con los de vida media larga (fluoxetina). La opción "drug holiday" hemos de discutirla con nuestro médico antes de ponerla en práctica, ya que existe la posiblidad de una cierta pérdida del efecto antidepresivo.

Hay por lo tanto varias opciones, pero habrá que discutirlas con el psicólogo o psiquiatra de la manera más inteligente, abierta y desacomplejada.