La disfunción eréctil consiste en la incapacidad para lograr una erección o bien mantenerla de tal modo que se pueda culminar una relación sexual satisfactoria. También se denomina impotencia a la disfunción eréctil, aunque en la actualidad se utiliza mucho menos este término para no confundirlo con otras acepciones de esta palabra que no sean de carácter estrictamente médico.

La disfunción eréctil es una enfermedad más frecuente de lo que se suele pensar, pudiendo dar lugar a toda una serie de consecuencias capaces de alterar las relaciones de pareja, relaciones que pueden abarcar el ámbito familiar e incluso influir en el resto del entorno de la persona.

Causas de la disfunción eréctil

No se puede hablar de una causa única cuando se habla de los problemas de erección. De hecho las causas son diversas y se pueden englobar en distintos grupos.

Uno de los factores susceptibles de provocar una disfunción eréctil son las causas de índole psicológica. Es decir, el pene no tiene ninguna alteración física que le impida cumplir con su función sexual. Entonces, el verdadero problema está en la ansiedad o el estrés que, o bien puede deberse a problemas ajenos a la relación sexual en sí o bien estar relacionado con la ansiedad asociada con la inseguridad que puede sentir esa persona para satisfacer sexualmente a la mujer. Depresión, problemas laborales, sociales o de cualquier otro ámbito también pueden afectar la relación.

Otro factor que también tiene bastante incidencia es justo el contrario al que aludíamos antes; en este caso el pene es incapaz de acumular la sangre suficiente para permitir una erección. Las causas vasculares pueden deberse a ciertas enfermedades, como la diabetes, la hipertensión o algunas enfermedades cardiacas. El tabaquismo es otra de las causas que se asocia a los problemas vasculares.

Las causas neurológicas son menos frecuentes. Estás involucran enfermedades como la esclerosis múltiple, lesiones en la médula espinal o algunas intervenciones quirúrgicas en la pelvis. Lo que ocurre en estos casos es que los mensajes entre el cerebro y el pene se hallan cortocircuitados debido a una lesión en los nervios implicados en este proceso.

Las causas de orden farmacológico también tienen sus efectos sobre la capacidad de erección, sobre todo aquellos fármacos indicados para el tratamiento de algunos trastornos psiquiátricos, la hipertensión o las enfermedades cardiacas.

Y por último podríamos citar las causas hormonales. Estas son muy poco frecuentes y se deben a una merma en las hormonas sexuales masculinas.

Tratamiento de la disfunción eréctil

El tratamiento de la disfunción eréctil irá en función de la causa subyacente, pero más allá de esta obviedad, la mayoría de los médicos recomiendan que, en la medida de lo posible, siempre se vaya del método menos invasivo al más invasivo. Así pues, se empezaría por el abandono de cualquier tipo de droga, la siguiente opción consistiría en hacer psicoterapia, unido a los cambios en el comportamiento con relación a ciertos hábitos contraproducentes, más adelante aparatos de vacío y medicamentos y, por último, recurrir a la cirugía.

Cuando el paciente sufra depresiones u otros trastornos de orden psicológico, lo más adecuado será recibir atención y asesoramiento de tipo psiquiátrico. El tratamiento hormonal se lleva a cabo administrando el fármaco en forma de parches, inyecciones o píldoras. En cuanto a los aparatos de vacío el funcionamiento es el siguiente: se trata de un cilindro que se coloca sobre el pene y se realiza el vacío, lo que provoca una entrada de sangre en el pene que se traduce en una erección. Una anilla constrictora en la base del pene es la que mantiene la erección mientras se realiza el acto sexual. En cuanto a las intervenciones quirúrgicas se trata de una solución que se emplea en muy pocas ocasiones y que, mayoritariamente, consiste en una serie de implantes en el pene; bien sean implantes hidráulicos, prótesis o implantes plásticos hinchables.

Tratamiento farmacológico con viagra, levitra y cialis

El Tadalafil (Cialis) actúa incrementando el flujo sanguíneo en el pene cuando hay estimulación sexual. Este fármaco debe ingerirse 30 minutos antes de la relación sexual. Su eficacia se prolonga unas 24 horas y no incide en la absorción la ingesta de alimentos. Los efectos secundarios suelen ser poco importantes: cefalea, dolores musculares o rinitis, entre otros.

El Vardenafil (Levitra) actúa aumentando el flujo sanguíneo del pene, siempre y cuando exista estimulación sexual. Su administración debe hacerse entre los 25 y 60 minutos previos al acto sexual. Su efecto dura unas 12 horas. Los efectos secundarios van del dolor de cabeza, pasando por la rinitis o las náuseas y mareos. En este caso no debe ingerirse con la comida, sobre todo si contiene mucha grasa.

El Sildenafil (Viagra) actúa incrementando el riego sanguíneo en el pene. Debe administrarse una hora antes de iniciarse la relación sexual y no ingerirse con la comida. Los efectos secundarios más comunes son el dolor de cabeza, sofocos y trastornos gastrointestinales o visuales. Se debe tomar entre 30 minutos y 4 horas antes de la relación sexual. Está especialmente contraindicada para hombres con rinitis pigmentosa o que tomen nitratos.

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