Si hay algo que se le reconoce a México en todo el mundo es su identidad cultural. Su pasado histórico, tradiciones, gastronomía y costumbres son fruto de la recolección de expresiones culturales nacidas, en gran medida, en su pasado prehispánico.

Sin embargo, la población indígena, generadora de todo este bagaje cultural que le da identidad a los mexicanos, se está perdiendo cada vez más y al parecer está condenada a la desaparición. Las políticas públicas en pro del rescate de las comunidades indígenas y su aportación cultural han resultado ineficientes; la sociedad mexicana los considera un estorbo respecto a la modernidad del país, por lo que, a 522 años de hispanidad en América, conviene reflexionar acerca de la deuda histórica que se tiene con este sector de la población.

Exclusión y marginación de los indígenas en México

Al parecer, los indígenas en México no están contemplados en el proyecto de nación que tienen las entidades gubernamentales. Según datos del Reporte sobre pueblos indígenas, pobreza y desarrollo de América Latina: 1994-2004, del Banco Mundial, esta parte de la población es la más excluida y menospreciada en lo que se refiere a ingreso familiar, índice de alfabetismo y acceso a servicios, lo que evidentemente ha repercutido en su índice de esperanza de vida, que es de cuatro años menos que el resto de la población en México.

En lo que se refiere al acceso a la educación, que el instrumento básico para el desarrollo de una nación, el panorama de los indígenas tampoco es alentador. De acuerdo a Adolfo Tres Palacios, vocero de la organización de Asentamientos Indígenas en México, el problema radica en que los indígenas se rehúsan a la educación formal porque no es su deseo entrar a lo que se conoce como la 'sociedad civil', prefieren vivir en sus comunidades apartados de todos e incluso, ponen en entredicho el estudiar por la probabilidad de perder su lengua nativa.

Esta concepción de la inutilidad del conocimiento escolarizado resulta lógica si se toma en cuenta el poco apoyo que el gobierno mexicano brinda a los indígenas en áreas como  la alimentación, el combate a la pobreza, programas de salud y las oportunidades de acceso al empleo productivo -fruto del conocimiento escolarizado- que les genere los ingresos suficientes para darles una calidad de vida digna.

Discriminación e intolerancia en México

La situación económica y social de México también ha impactado de manera significativa a las comunidades indígenas. Desde las crisis de finales de los setentas, se dio el fenómeno de la migración indígena a las ciudades en búsqueda de empleo. La falta de preparación y su condición de indígenas los llevó, por desgracia, a ser víctimas de la discriminación, a vivir del subempleo y la mendicidad.

A esto habría que agregar la concepción cultural que se tiene respecto al desprecio a lo indígena. De hecho, en el hablar cotidiano de los mexicanos el término 'indio' resulta prácticamente un insulto, pues es sinónimo de primitivo, vulgar, ignorante y poco estético. Incluso, el poeta Premio Nobel mexicano, Octavio Paz, reflexionó en El Laberinto de la Soledad el insulto por excelencia en el contexto lingüístico mexicano, que es 'Hijo de la chingada'; que significa ser vástago de una mujer indígena ultrajada por varios hombres.

El abuso a los indígenas por parte de las autoridades mexicanas

La intolerancia hacia los indígenas se expresa hasta en los propios gobiernos, sobre todos en los que consideran sus ciudades como patrimonios de utilidad turística, que prefieren tener sus calles limpias de indígenas porque 'no encajan con la arquitectura local', y que da paso al  abuso de autoridad a sabiendas de que difícilmente hablan español y por lo mismo, no tendrán la oportunidad de solicitar una defensa clara de sus derechos humanos.

En el mes de la Fiesta de la Hispanidad conviene hacer la reflexión respecto a dónde están los indígenas y hacia dónde los margina el llamado 'mundo civilizado'. Habrá que revisar si los hijos directos de las poblaciones nativas del continente americano están incluidos en el proceso globalizador en el que está encarrilado el mundo moderno.