Una investigación difundida el 2 de mayo por el Instituto de Investigación de Oregon, EE.UU., concluye que el fracaso de la mayoría de las dietas tiene que ver con las dificultades en el mantenimiento de la restricción calórica y con el valor de la recompensa que el cerebro les otorga a los alimentos altos en calorías, cuando la dieta ya ha finalizado.

El investigador responsable del estudio, el Dr. Eric Stice afirmó: “estos datos son los primeros en sugerir que la restricción calórica elegida aumenta el grado en el que las regiones del cerebro implicadas en la valoración de la recompensa y la atención se activan por la exposición a los alimentos agradables al paladar."

Abstención de alimentos por períodos largos de tiempo

Otro tema considerado es el ayuno, sobre el que se afirma que la abstención de la ingesta de alimentos durante períodos largos de tiempo también aumenta el valor de la recompensa de comida, lo que puede conducir a malas elecciones de alimentos cuando el individuo finalmente vuelva a comer. Los resultados confirman que la dieta que se caracteriza por saltarse comidas y ayunar tendría menos éxito que los esfuerzos por lograr pérdida de peso mediante el consumo de alimentos saludables y de baja energía.

Contenido de la investigación sobre el efecto recompensa al finalizar las dietas

Se eligieron como participantes a dos grupos de adolescentes que se ofrecieron a restringir su ingesta de calorías voluntariamente, para simular lo que hacen las personas habitualmente cuando hacen dieta.

A los adolescentes se les expusieron fotos con alimentos sabrosos, difíciles de digerir y vasos de agua mientras Stice y sus colegas (Kyle Burger y Sonja Yokum) analizaban la capacidad de respuesta de las regiones del cerebro que manifiestan la recompensa. El foco se puso sobre el grado de autoimposición que se hacía en la privación calórica respecto de la respuesta de la atención y las regiones cerebrales de recompensa, para los dos tipos de alimentos.

En una segunda fase y probando con el consumo de una bebida sabrosa con azúcar y otra sin sabor ni calorías, Stice examinó el número de horas desde la última ingesta calórica (que varió entre 3 y 22 horas) correlacionada con la activación neuronal en respuesta a la recepción y al consumo previsto de un alimento agradable al paladar. Asimismo comprobaron que si los jóvenes tenían un balance energético negativo durante un período de 2 semanas en comparación con los que tenían un balance energético positivo, no significaba para estos una respuesta neuronal significativa a los estímulos alimentarios.

Conclusión del estudio sobre el efecto rebote en las dietas

El Dr. Stice concluyó: “Las implicaciones de este estudio de imágenes son muy claras y si la gente quiere perder el exceso de peso, sería más eficaz consumir alimentos saludables, bajos en grasas y azúcar durante las comidas regulares, en lugar de pasar largos períodos de tiempo sin ningún tipo de consumo de calorías.”

Financiado por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU., Stice ha estudiado los trastornos alimentarios y la obesidad durante 20 años. Esta línea de investigación la ha llevado a cabo en la Universidad de Stanford y la Universidad de Texas y ahora continúa en el Instituto de Investigación de Oregon, situado en Eugene, Oregon. En este sentido, Stice ha generado varios programas de prevención nutricional que reducen eficazmente el riesgo de aparición de los trastornos alimentarios y la obesidad.

Fuente: Sciencedaily