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Dido, fundadora de Cartago, fue una mujer extraordinaria

Isabel Barceló - ©Foto: Isabel Barceló
Isabel Barceló - ©Foto: Isabel Barceló
La novela "Dido, reina de Cartago", crece en ventas. El blog "Mujeres de Roma" entusiasma en la Red. Isabel Barceló, su autora, conversa con Suite101.

Algunas editoriales la consideran como la más destacada especialista en historia de Roma. Isabel Barceló (Sax, Alicante, 1950), publicó en 2009 Dido, reina de Cartago, novela histórica sobre la fundación de aquella ciudad y el mito de Dido y Eneas. Poco a poco, se ha ido convirtiendo en una obra de éxito. Sus lectores se muestran entusiasmados por la antigua civilización mediterránea, sus mitos, orígenes, conflictos y, sobre todo, el legado cultural de aquel mundo apasionante. Isabel Barceló habla de todo ello con Suite101.

Pregunta.- Eres experta en historia de Roma. ¿Por qué una novela sobre Dido, fenicia y fundadora de Cartago?

Respuesta.- Dido fue una mujer extraordinaria: muy inteligente, astuta, decidida y también frágil. Sus gestas no tenían nada que envidiar a las de los varones de su época y entró en la historia por méritos propios. Por otra parte, Virgilio nos ha presentado al troyano Eneas – considerado el padre de la nación romana – como el modelo de ciudadano romano. Su relación amorosa con la reina Dido ejemplificaba cómo debía comportarse un romano frente al amor. Puesto que somos parte de esa cultura, el modelo nos concierne de lleno.

P.- ¿Cuánto hay de mito y cuánto de historia en tu novela?

R.- Hay una memoria muy potente de Dido en el Mediterráneo, aun cuando sus hechos están envueltos en la leyenda y no podemos dilucidar cuáles serían propiamente históricos y cuáles no. Los límites entre la historia y el mito son difusos para su época (hace aproximadamente 3.000 años). Pero es tan constitutiva de nuestra cultura como Troya. El mito es materia literaria. Mi novela dedica también una parte a reelaborar lo que nos cuenta Virgilio en la Eneida sobre Eneas y Dido, es decir, se basa en una creación poética anterior.

P.- ¿Qué te animó a escribir Dido, reina de Cartago?

R.- Mi forma de contribuir a reclamar el papel de las mujeres en la sociedad actual es, modestamente, rescatarlas del olvido al que las ha sometido la historia oficial. Se diría que nosotras siempre hemos de partir de cero, como si no hubiéramos acumulado prestigio a través de los siglos. Esto me motiva para escribir sobre mujeres.

Dido fue singular por su personalidad y por sus hechos y gobernó a su pueblo desde una actitud pacífica, resolviendo los problemas sin necesidad de recurrir a las armas. Una personalidad admirable que bien merecía una novela.

P.- ¿Cuáles fueron tus fuentes de documentación?

R.- El historiador latino Justino es considerado como una de las fuentes más fiables y su obra ha sido objeto de estudio por parte de historiadores contemporáneos, que también he atendido. He seguido la Eneida para lo relativo a los troyanos y los amores de Eneas y Dido. Dicho esto, quiero resaltar que toda novela es ficción, “un conjunto de mentiras para contar una verdad”, según una expresión conocida. Una vez me he documentado, cierro los libros, no me atengo a su letra. Quiero presentar seres vivos, tal como puedo concebirlos.

P.- La historia de amor entre Dido y Eneas, ¿qué sentimientos o reflexiones te sugerían?

R.- No tenía un propósito previo, sólo quería contar esa historia. A medida que fui construyendo el personaje de la reina Dido, me di cuenta de que su personalidad no encajaba con la conducta que le atribuía Virgilio. Fue entonces cuando sentí la necesidad de oponer una versión fenicia a la de Virgilio. Al presentar las dos versiones, se evidencia que los intereses de los protagonistas son distintos cuando no incompatibles. Y también lo fácil que es manipular la historia: los seres humanos sabemos muy bien cómo disfrazar nuestros actos y justificarlos.

P.-¿Te costó mucho encontrar editor para Dido, reina de Cartago?

R.- Los editores, como los lectores, tienen sus propios gustos e intereses, sus propias líneas de acción y una perspectiva concreta de su negocio. Para que te publiquen, tu obra tiene que encajar en su proyecto y esto no siempre es fácil, porque el autor, o muchos autores, crean sus obras desde la libertad y no desde las leyes del mercado. Hoy los editores tienen mucho material entre el cual elegir. Lo que más me ha costado es conseguir que leyeran la novela. Sin embargo, cuando mi editora Rosa Ruocco la leyó, decidió publicarla de inmediato.

P.- Tu blog, Mujeres de Roma, es un éxito en la Red. ¿Cuál es tu secreto?

R.- Mis lectores descubren o redescubren, post a post, las raíces de su propia cultura, perciben la universalidad de muchos temas: las diferencias sociales, la vulnerabilidad de los débiles, las pasiones, el amor, la muerte. Muchas historias contribuyen a visibilizar e identificar los conflictos actuales. Se dan cuenta de lo próximos que están los clásicos, de cuánto tenemos que aprender todavía de las culturas antiguas. Y bueno, también perciben mi pasión por esos temas. Creo que todo esto les resulta satisfactorio.

P.- ¿Cuáles son tus autores y lecturas de referencia en el género de novela histórica?

R.- De la novela histórica, como lectora y como escritora, me interesan sobre todo los personajes históricos: ahondar en ellos, tratar de descifrarlos, reconstruir su personalidad, comprender por qué actuaron como lo hicieron. Mirarnos en ellos nos ayuda a comprendernos como seres humanos. Desde esa perspectiva, las obras de Robert Graves, Thornton Wilder, Gore Vidal, Margherite Yourcenar, me parecen admirables, un camino a seguir.

Es posible que dentro de unos años, Dido, reina de Cartago sea uno de esos títulos de referencia entre las novelas históricas que merecen ser recordadas como "admirables", tal como las define Isabel Barceló. Mientras tanto, la autora continúa su paciente labor de creación y divulgación del mundo clásico; tarea en la que es preciso emplear mucho entusiasmo y dedicación. Dos cualidades que no faltan a Isabel Barceló.

José Pascual, Copy: José Pascual

José Pascual - Madrid, Granada, Barcelona, León, Sevilla... son las ciudades de mi vida. Leer y escribir -lo primero y casi lo único de ...

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