Desde que aparecieron por vez primera, los dibujos animados han sido un género audiovisual dirigido únicamente al público infantil. Unos personajes de un corte más bien simple envueltos en unas tramas sin demasiadas complicaciones con una fácil moraleja final. Esto era así dado que se les consideraba un material lúdico para los más pequeños con cierto aire educacional. Por ello se consideraba a los dibujos animados como un formato de segunda categoría frente a las grandes producciones tanto cinematográficas como televisivas. Ninguna gran estrella quería verse asociado a ellos, pues corría el riesgo de no ser tomado en serio.

Fue inicialmente Warner Brothers la compañía que consiguió que los dibujos no sólo gustasen a los más pequeños sino además que fueran entretenidos para un público más maduro. Sin embargo el público objetivo seguían siendo prioritariamente los niños por lo que las tramas y personajes, pese a haber sufrido cierta evolución, seguían encajándose a ese patrón que estipulaba que los dibujos debían de ser hechos para los niños.

La famosa familia amarilla

La revolución se dio sin lugar a duda con la aparición de Los Simpsons, una serie que ha ido evolucionando pareja al su público objetivo primigenio. El primer capítulo de la serie fue emitido el 17 de Diciembre de 1989 en EEUU y en esta primera temporada, a pesar de tener contenidos mucho más comprensibles para los adultos que para los niños, el grueso de la trama era perfectamente asimilable por cualquier niño de 10 años. Cierto es también que durante las primeras temporadas de la serie era Bart el centro de atención, lugar que más adelante recaería sobre el padre de familia de nombre griego más famoso de todos los tiempos, Homer Simpson.

Y es que a diferencia de otras series de dibujos, Los Simpsons se mantuvieron fieles a aquellos niños que la siguieron desde el primer día y fue evolucionando con ellos de forma que a medida que esta generación iba creciendo, los argumentos se iban volviendo más complejos y el rol principal fue pasando gradualmente desde el niño gamberro hasta el padre alcohólico que tanta gente adora. La política, la economía o el desempleo se fueron imponiendo a las tramas relacionadas con problemas escolares. Los Simpsons han ido creciendo parejos a sus espectadores, creciendo con ellos; es por ello que ya vayan a cumplir 20 en tan buena forma.

El éxito sin precedentes cosechado por los Simpsons ha propiciado la creación en los últimos años de más series y películas de dibujos enfocadas ya meramente al público adulto. El ejemplo más claro es lógicamente Padre de Familia, en donde partiendo de la misma base de una familia media estadounidense, se adentran más en un humor al punto pueril e inteligente en donde confluyen de igual manera las numerosas citas literarias/culturales (sobre todo por parte del bebé Stewie y el perro Brian) con referencias a las drogas, la perversión sexual o las bromas sobre minorías. Más tarde verían la luz series como Robot Chicken, Metalocalypse, American Dad, Futurama, Harvey Birdman o Kevin Spencer en donde se junta el humor más surrealista con los gags más políticamente incorrectos posibles.

La expansión en el cine

Esta ha sido la pauta imperante en la televisión a lo largo de los últimos años; algo que se ha desarrollado de forma diferente en el cine. En las grandes salas se han ido multiplicando las películas de animación generadas por ordenador en donde Pixar se ha alzado como Rey Midas del género. Estas películas retoman en parte la idea generada por Warner Brothers, en donde la misma película es a al mismo tiempo entendida de dos formas diferentes dependiendo de la edad del espectador, tal y como pasa en el mundo literario con “El Principito”, algo que se puede apreciar muy claramente en películas como “Wall-E” o “UP”. El género está viviendo una edad de oro, y a diferencia de lo que ocurría antiguamente, las grandes estrellas de Hollywood no tienen ningún reparo a prestar sus voces para estos filmes.

Parece que la animación tradicional apenas tiene cabida en un género en el que el píxel marca la pauta, sin embargo, la animación israelí nos obsequió con una obra maestra como es “Vals con Bashir”, dirigida por Ari Folman. Una película documental que ha conseguido competir en más categorías que en la mera “mejor película de animación”.

No cabe duda que en este nuevo milenio la animación ha ganado mucha más relevancia que la que tenía en los tiempos de Hanna-Barbera (Los Picapiedra, El Oso Yogui o Scooby-Doo, por nombrar algunos), y cada vez más se le está considerando como un género que tiene mucho más que aportar de lo que inicialmente se creyó.