Diane Arbus, fotógrafa de lo marginal y lo fantástico cotidianos

Jewish Giant at Home with His Parents in the Bronx - Diane Arbus
Jewish Giant at Home with His Parents in the Bronx - Diane Arbus
La producción fotográfica de la artista norteamericana Diane Arbus nos confronta con un universo de fenómenos que resulta más cercano de lo que pensábamos.

Diane Arbus nació en Nueva York en 1923 y se suicidó en 1971. Los detalles de su vida personal (sus relaciones con hombres y mujeres, anécdotas sobre su vestimenta, la implicación tan profunda con los sujetos de sus fotografías) muchas veces ensombrecen las características de las imágenes que produjo, pero una vez que prestamos atención a los detalles que ella elige resaltar, es imposible no dejarse absorber por ese universo fantástico en donde nuestros vecinos, que nos devuelven la mirada desde el papel, nos hacen sentir como si nosotros fuéramos los verdaderos fenómenos, los que en realidad no tienen cabida en su retorcida aristocracia.

Formas tradicionales, temas fuera de lo común

Con una formación dentro de la fotografía de moda, medio en el que trabajó al lado de su esposo, Allan Arbus, Diane comenzó a desmarcarse de este entorno a mediados de la década de 1950, cuando desarrolló un interés por retratar a los personajes de su espacio cotidiano: parejas con niños, sus propios hijos, desconocidos que veía por las calles. Poco a poco fue acercándose cada vez más a los sujetos “fuera de lo normal” a las personas que voluntaria o involuntariamente habitaban los márgenes de la sociedad, conservando de su primera etapa fotográfica todos los conocimientos de iluminación, composición y construcción de imágenes que le permitieron crear obras contundentes.

En las imágenes de Diane Arbus vemos cómo utiliza con toda conciencia tanto la luz natural como todos los tipos de flashes y lámparas para dar a sus imágenes la intención que ella quiere: la Madonna con el bebé-mono con todo y su halo de santidad, el hombre tatuado con el rostro iluminado con un flash, la semi-penumbra de los tres personajes de Let Us Now Praise Dr. Gatch; en todas estas fotografías se subrayan de manera evidente ciertos detalles de la personalidad de los sujetos, cierta pertenencia a sus respectivos entornos, y, sobre todo, se les confiere cierto carácter heroico a pesar, o por causa de, las condiciones patéticas en las que viven.

Utilizando un método que recuerda al que empleó por las mismas fechas el escritor Truman Capote para construir su “novela testimonio” A sangre fría, Arbus pasaba largas temporadas cerca de las personas a las que fotografiaba: se sabe que iba una y otra vez a los sideshows de los carnavales, al tras bambalinas de los espectáculos de travestis, y a los campos nudistas, hasta ganar la confianza de sus retratados, hasta llegar los retratos que enaltecieran a sus sujetos marginales o marginalizaran a sus sujetos “normales”.

Transgresión, ambigüedad, otredad

En palabras de Julia Kristeva, lo abyecto es una transgresión que altera, corrompe y niega las reglas, “es aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden. Eso que no respeta los límites, los lugares, las reglas.” Así podrían describirse muchas de las imágenes creadas por Diane Arbus, imágenes como aquélla en la que un transexual posa usando el lenguaje corporal de la Venus de Botticelli; en la que otro travesti sonríe recostado en su cama, con su pastel de cumpleaños; en las que la aparente duplicidad de unas gemelas idénticas se ve cuestionada por la evidente diferencia en las expresiones de los respectivos rostros.

Arbus se mueve constantemente entre los límites tradicionalmente marcados, desafiándolos, cuestionándolos, y así llega a uno de los rasgos fundamentales de su producción: los límites de las nociones de normal y anormal quedan tan desdibujados en los sujetos retratados por Arbus, que al final lo que nos queda, ya sea del gigante o de la celebridad es un carácter de humanidad cruda. La ambigüedad en la que se mueve Arbus es el gran igualador de un universo de personajes en apariencia opuestos.

Criticada por considerársele “sólo” una voyeur y cronista de freaks e inadaptados, la realidad es que el trabajo de Diane Arbus ha sido una gran influencia para la fotografía contemporánea. Al acercarse sin juzgar a sus sujetos, sin pretender contar una historia moralizante, y mostrándolos en toda su comicidad, dignidad o heroísmo, al conseguir el “momento perfecto”, Arbus consiguió hacer de lo marginal un universo propio, e integrarnos a él: resulta casi imposible no terminar reconociéndose a uno mismo en los rostros asimétricos, en los rictus, en las multiplicidades variables de gemelas o trillizas, en las sonrisas tímidas y en los gestos retadores. Poco a poco terminamos diciendo, a la par de Susan Sontag, “fuck what’s pretty”, mientras decidimos pasarnos a esa zona de lo ambiguo en la que todo es posible de maneras que no imaginábamos.

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