No es por vicio ni por fornicio, sino por dar un hijo a tu servicio”; ese era el rezo con el que las parejas mexicanas de antaño pedían permiso a Dios para tener relaciones sexuales. Con esto, se evitaba en gran medida el complejo de culpa que implicaba el dejarse llevar, al menos un poquito, por lo apetitos concupiscibles inherentes a la sexualidad humana.

En México, la herencia judío cristiana marcó el destino de la mujer en muchos sentidos. La Biblia sentencia a la mujer como un ser de segunda categoría, basta ver versículos como Timoteo 2: 11-15, que sentencia:

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en trasgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.”

Con esto, la mujer fue condenada a ser  la sombra, el apoyo, sustento moral y familiar; sus roles se limitaron a ser la “Adelita” que cargaba en sus espaldas los fusiles, los hijos y la olla de frijoles; un simple instrumento para el  desarrollo del hombre, quien era visto no solo como la cabeza de la familia sino también como "el señalado por Dios" para ser el líder de la humanidad.

La sexualidad femenina, una historia de represión

Por obvias razones, el aspecto sexual en las féminas también fue severamente afectado y reprimido. Desde la idea de la Inmaculada Concepción, -la posibilidad de engendrar sin el contacto carnal con un hombre como símbolo de pureza- quedó establecido que para la mujer el acto sexual era una mancha indeleble, que la marcaba de por vida y por lo mismo, debía tener guardada en sus adentros para no parecer promiscua en el entorno social.

En esta forma anticuada y absurda de ver la convivencia humana, la mujer tiene dos papeles frente al sexo: El engendrar hijos "sin vicio ni fornicio" (los que Dios le dé, ya que los anticonceptivos están mal vistos por la iglesia) y complacer el limitado apetito masculino; de ahí que hablar de un orgasmo femenino resulta más que inaudito y sí algo pecaminoso, que deja entrever que la mujer siente placer, lo que no va muy acorde con su "pudor" o "decencia".

Además, existe el detalle de que la naturaleza de la mujer está diseñada a contracorriente de esta absurda visión de la vida. Como si fuera una mala broma del Creador, en el aparato reproductor femenino viene incluido un pequeño dispositivo llamado clítoris, cuya función exclusiva, es brindarle placer a la mujer y el poder experimentar los orgasmos que ella quiera y aguante.

¿Las normas sociales están en contra de la sexualidad femenina?

Esa es la pregunta que se han hecho millones de mujeres mexicanas por lo menos una vez en su vida, en especial cuando por el falso y excesivo pudor, miedo o la culpa, no se dan la oportunidad de explorarse, conocer mediante la autoestimulación las zonas y formas que las pueden llevar al orgasmo o indicarle a su pareja los momentos, en los que durante la relación sexual, pueden llegar a él.

Lo más desafortunado del asunto, es el ver que el conflicto entre las reglas sociales y las biológicas, ha generado que más de la mitad de las mujeres casadas en este país no hayan experimentado un orgasmo en su vida, lo que por obvias razones les provoca estados de depresión, frigidez, baja autoestima y el resentimiento no sólo a las relaciones sexuales o su cuerpo, sino también a su pareja, a la que ven como un ser egoísta y dueño de su propia satisfacción; de acuerdo a datos del Instituto Mexicano de Sexología.

Como este panorama no es exclusivo de nuestro país, llama la atención la respuesta de varios sectores sociales en todo el mundo, quienes buscan enterrar de una vez por todas, los tabúes y prejuicios que impiden a las mujeres el poder tener una vida sexual plena y satisfactoria.

El Día Internacional del Orgasmo Femenino

En 2006, el alcalde de la provincia brasileña de Esperantina, Arimatei Dantas, decidió establecer el 9 de agosto (aunque luego fue cambiado al 8, por razones desconocidas) como el Día Internacional del Orgasmo Femenino, cuyo objetivo fue concientizar a la población en este aspecto tan importante en la sexualidad de la mujer. 

La idea de Dantas, era que los hombres y mujeres de esa provincia usaran la fecha como pretexto para generar la mayor cantidad de orgasmos femeninos, y con ello, el restablecer los vínculos afectivos de las parejas y su salud sexual.

En la vida moderna, existen numerosos factores económicos, políticos y sociales que van deteriorando a las personas en todos los sentidos. Por ello, es importante rescatar o en su caso incentivar la plenitud de la mujer como parte de la salud sexual de las parejas.

Además, es importante recordarle a las féminas de todo el mundo que "el orgasmo es de quien lo trabaja" y que no necesariamente se tiene que celebrar el 8 de agosto, por lo que depende de ellas mismas, las formas y los tiempos de llegar a él y disfrutarlo cuando quieran y como su cuerpo lo demande, sin tabúes, sin prejuicios; esos ya pasaron de moda.