No es por vicio ni por fornicio, sino por dar un hijo a tu servicio”; ese era el rezo con el que las parejas mexicanas de antaño pedían permiso a Dios de tener relaciones sexuales. Con esto se evitaba en gran medida el complejo de culpa que implicaba el dejarse llevar, al menos un poquito, por lo apetitos concupiscibles inherentes a la sexualidad humana.

En México, la herencia de la cultura judío cristiana marcó el destino de la mujer en muchos sentidos. Al verse como un ser de segunda categoría, no se le consideraba para ser protagonista de la historia, sino simplemente la sombra, el apoyo y el sustento moral y familiar; de ahí que en esta concepción de la sociedad, sus roles fueran más enfocados a ser la “Adelita”, que cargaba con los fusiles los hijos y los frijoles; un instrumento para el crecimiento y desarrollo del hombre, que era visto no solo como la cabeza de la familia sino también como el señalado por Dios para ser el líder de la humanidad.

La sexualidad femenina, una historia de represión

Por obvias razones, el aspecto sexual en las féminas también fue severamente afectado y reprimido. Desde la idea de la Inmaculada Concepción, es decir la posibilidad de engendrar sin el contacto carnal con un hombre como símbolo de pureza, quedó establecido que para la mujer el acto sexual era algo más parecido a una mancha indeleble, que la marcaba de por vida y que por lo mismo, debería tener guardada en sus adentros para no parecer promiscua en el entorno social.

En esta forma anticuada y absurda de ver la convivencia humana, la mujer tiene dos papeles frente al sexo: El engendrar hijos sin vicio ni fornicio (los que Dios le dé, ya que los anticonceptivos están mal vistos por la iglesia) y complacer el abundante pero limitado apetito masculino; de ahí que hablar de un orgasmo femenino resulta más que inaudito y sí algo pecaminoso, que deja entrever que la mujer siente placer, lo que no va muy acorde con su pudor o decencia.

Por si no fuera suficiente, existe el detalle de que la naturaleza de la mujer está diseñada a contracorriente de esta forma de ver la vida. Como si fuera una mala broma del Creador, visto desde el punto de vista del catolicismo, los extremistas islámicos o las culturas africanas, en el aparato reproductor femenino está integrado un pequeño dispositivo llamado clítoris, cuya función exclusiva, es brindarle placer a la mujer y el poder experimentar los orgasmos que ella quiera y aguante.

¿Cómo entonces se concibe a la mujer como un ser inmaculado, de segunda categoría con la misión única de la concepción de los hijos y al mismo tiempo con un dispositivo que le permite vivir al máximo el placer que por órdenes divinas tiene prohibido experimentar?

Las normas sociales vs la sexualidad femenina

Esa es la pregunta que se han hecho millones de mujeres mexicanas por lo menos una vez en su vida, en especial cuando por el falso y excesivo pudor, el miedo o la culpa, no se dan la oportunidad de auto explorarse, conocer mediante la masturbación las zonas y formas que las pueden llevar al orgasmo o indicarle a su pareja los momentos en los que durante la relación sexual pueden llegar a él.

Lo más desafortunado del asunto es el ver que el conflicto entre las reglas sociales y las biológicas, ha generado que más de la mitad de las mujeres casadas en este país, no hayan experimentado un orgasmo en su vida, lo que por obvias razones les genera estados de depresión, frigidez, baja autoestima y el resentimiento no sólo a las relaciones sexuales o su cuerpo, sino también a su pareja, a la que ven como un ser egoísta y dueño de su propia satisfacción; de acuerdo a datos del Instituto Mexicano de Sexología.

Como este panorama no es exclusivo de nuestro país, llama la atención la respuesta de varios sectores sociales en todo el mundo, quienes buscan enterrar de una vez por todas, los tabúes y prejuicios que impiden a las mujeres el poder tener una vida sexual plena y satisfactoria.

El Día Internacional del Orgasmo Femenino

Hace seis años, el alcalde de la provincia brasileña de Esperantina, Arimatei Dantas, decidió establecer el 9 de agosto (aunque luego fue cambiado al 8, por razones desconocidas) como el Día Internacional del Orgasmo Femenino, el cual, además haber sido un regalo para su esposa, pretende concientizar a la población en este aspecto tan importante en la sexualidad de la mujer. La idea de Dantas era que hombres y mujeres de esa provincia usaran la fecha como pretexto para generar la mayor cantidad de orgasmos femeninos, y con ello, el restablecer los vínculos afectivos de las parejas y su salud sexual.

En la vida moderna, existen numerosos factores económicos, políticos y sociales que van deteriorando a las personas en todos los sentidos. Por ello, es importante rescatar o en su caso incentivar la plenitud de la mujer como parte de la salud sexual de las parejas.

Y también, es importante mencionarle a las féminas de todo el mundo que "el orgasmo es de quien lo trabaja" y que no necesariamente se tiene que celebrar el 8 de agosto, por lo que depende de ellas mismas, las formas y los tiempos de llegar a él y disfrutarlo cuando quieran y como su cuerpo lo demande, sin tabúes, sin prejuicios; esos ya pasaron de moda.